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Relatos gay

Allen King y Danny Montero practican actividades acuáticas y se descubren los rabos

Allen King

Mientras los demás se han ido a la orilla del lago, Allen King y Danny Montero se han quedado encargados de ir a recoger a la piscina los divertidos flotadores con forma de animales. El triste aspecto del lugar, con el agua algo verde por falta de cloro y todavía con algunas hojas otoñales nadando sobre su superficie, no logra enturbiar sus recuerdos de peques que salen a relucir.

Qué de recuerdos les asaltan! Las bromas, las risas, las aguadillas, cuando hacían competiciones de a ver quién salpicaba más agua tirándose a la bomba o quién aguantaba más la respiración nadando de un lado al otro, cuando en lugar de irse al cuarto de baño las noches de fiesta, se iban a mear juntos y echaban el chorro en la picina.

Antes de irse a buscar los flotadores, los demás ya les estaban haciendo bromitas al verles marchar juntos. Que si un gesto de una manita hacia la boca simulando una felación, uno poniendo el culo y otro de pie haciendo como que se lo folla. Igual que les hacían de peques. Y es que veían algo más en ellos que una simple relación de amistad. Allen y Danny no les hacían caso y así estuvieron durante quince años, hasta que con este reencuentro, los recuerdos y al verse ahora como adultos y buenorros, tuvieron que darles la razón.

Sí, se habían visto desnudos, habían meado juntos, uno al lado del otro, se habían mirado las pichas, pero apenas eran unos críos. Jamás habían cruzado ninguna línea hasta ese momento, en que comenzaron a lanzarse miraditas mientras inflaban los flotadores, Danny se puso cachondo y se lanzó por primera vez a comerle la polla dura a Allen. Ahora ya no era un niño, había descubierto que eso que cuelga para mear sirve para degustarlo, mamarlo, metérselo por el culo y gozar de su leche.

Se sintieron un poco raros al principio chupándose las pollas, porque de no haberse hecho nada, ni siquiera unas simples pajillas juntos, a comerse los rabos, era muy fuerte, pero enseguida retomaron aquella antigua confianza que se tenían y supieron llevar muy bien tanto las mamadas como todo lo que vino después.

Quedaban aún muchos días de campamento por delante para follar juntos, y esta vez fue Allen el que tomó la delantera, se encariño con el culo de Danny y se lo embistió a pollazos. Recordaba que tenía una buena manguera, pero no tanto. Después del baño de leche que le metió en la espalda y el culo, parece que podrían regresar con los flotadores junto con los demás y formalizar que entre ellos ya había pasado algo realmente. Ya podrían de dejar de hacerles bromitas.

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