Portada Así fue la horrible experiencia de una pareja gay en una casa Airbnb
Hombres desnudos

Así fue la horrible experiencia de una pareja gay en una casa Airbnb

Cuando Diego Rojo y su novio llegaron a una coqueta casa del municipio granadino de Huétor Vega no dieron crédito a lo que tuvieron que escuchar. Era hace un mes, un caluroso fin de semana de junio y Diego, que trabaja como técnico de nutrición, quería aprovechar su asistencia a un congreso para pasar unos días con su pareja en una de las casas que la plataforma Airbnb ofrece en los alrededores Granada.

Sin embargo, el que aparentemente era un plan perfecto se torció en el momento en el que conocieron a la que sería su anfitriona. “¿Qué es eso? ¿Dos hombres en mi casa? No, no, no. Eso no puede ser. No es natural”, fueron las palabras que, junto a una infinidad de insultos homófobos, en alemán les profirió Lucia, una señora originaria de Alemania que, al parecer, disponía de varios apartamentos en alquiler en la plataforma Airbnb.

“No me podía creer lo que estaba oyendo. ¿Cómo puede ser que una señora que viene de un país civilizado tenga un comportamiento tan poco cívico?”, se pregunta indignado Diego al otro lado del teléfono. Pero volvamos a la escena de la discusión en la casa porque la cosa no acabó allí. Cada vez más alterada, la señora comenzó a gritarles que se largaran de su casa a pesar de que ya habían efectuado el pago de la reserva por tres días.

Por si fuera poco, la tal Lucía —que ha sido imposible de localizar pero que hasta el momento sumaba nueve comentarios y una puntuación de dos estrellas sobre cinco— también les empezó a lanzar amenazas. “No paraba de repetirnos que no sabíamos con quién estábamos hablando, que ella era una persona muy importante y que tenía un cargo en la ONU. Pero por mucho que dijera nosotros estábamos más que convencidos de que se estaba cometiendo una injusticia”, resume.

Como era de esperar, ni Diego ni Vicente dieron su brazo a torcer y mientras aguantaban estoicos el aluvión de improperios de la anfitriona esperaron la llegada de la patrulla de policía a la que había llamado la mujer para que supuestamente les echara a la calle. “Estábamos indignados y no íbamos a dejar que nos echase sin que un agente de la policía se personase en la vivienda”, recuerda este murciano que, para su sorpresa, se emocionó al escuchar el veredicto del policía que acudió a la llamada.

“Mire señora, afortunadamente en España esto es legal”, dijo el agente ante la cara de perplejidad de la susodicha. “Sentí una emoción enorme al escuchar al típico policía cincuentón que jamás te esperarías que fuera tan abierto y nos defendiera a capa y espada delante de la señora. Me hizo sentir que algo ha cambiado por fin en España”, reconoce Diego.

 

Sin embargo, y a pesar de los esfuerzos de la policía por mediar, la propietaria del inmueble era ella y tanto él como Vicente se vieron en la calle a última hora de la tarde y sin un lugar en el que hospedarse. Por suerte para ellos, Airbnb reaccionó al instante y les proporcionó otro alojamiento sin coste añadido de ningún tipo y les anunció la inmediata eliminación de la anfitriona de la plataforma.

Como queríamos saber si era todo postureo y confirmar si realmente la homófoba había sido suspendida de Airbnb consultamos el caso con la plataforma. “Tenemos una tolerancia cero frente a cualquier conducta discriminatoria en nuestra plataforma y hemos suspendido a este anfitrión mientras investigamos el incidente”, nos confirman desde Airbnb a la vez que nos indican los esfuerzos para exigir que sus 200 millones de usuarios respeten los principios de no discriminación de la plataforma.

De hecho, hace un par de días se produjo la primera suspensión de por vida a una anfitriona de Airbnb en California después de que negase el alojamiento a la estudiante Dyne Suh por el simple hecho de ser asiática. “No te lo alquilaría aunque fueras la última persona sobre la Tierra. Una palabra lo dice todo. Asiática”, había escrito esta otra señora a la que, por suerte, el Departamento de Empleo y Alojamiento Justo de California le ha impuesto una multa de 5.000 dólares.

Mientras tanto, Diego se plantea si tomar buena nota de la sentencia en Estados Unidos y denunciar a la anfitriona por discriminación homófoba. Aunque la cosa quedó en un simple mal trago, cree firmemente que este tipo de casos se deben hacer públicos para que todos los ciudadanos entiendan de una vez que la homofobia y el racismo no son solamente cifras sino que se siguen produciendo cada día en la España del siglo XXI.

“Vivimos en un país libre y no podemos permitir que unos cuantos intolerantes nos quiten las ganas de mostrarnos como realmente somos”, concluye Diego que, desde luego, no piensa renunciar a pasar más fines de semana memorables junto a su pareja en todos los lugares que les permitan esa inmensa mayoría de usuarios de Airbnb que SÍ respetan los derechos: “Está claro que intolerantes siempre hubo y siempre habrá”, pero por suerte la sociedad y la ley ya no están de su lado.

 

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