Portada Camilo Uribe se folla el culazo de Andy Star sin condón y le mete un facial lechero en la barra del The Moon Barcelona Night Club
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Camilo Uribe se folla el culazo de Andy Star sin condón y le mete un facial lechero en la barra del The Moon Barcelona Night Club

Camilo Uribe se folla el culazo de Andy Star

Camilo Uribe se folla el culazo de Andy Star sin condón y le mete un facial lechero en la barra del The Moon Barcelona Night Club

Fucker Mate

Eran las cuatro de la madrugada cuando Camilo Uribe traspasó las puertas del cielo entrando en The Moon Barcelona Night Club encontrándose con una estrella. Atrás quedaban varias horas en las que se había puesto todo ciego, en las que había ido dejando por el camino uno a uno a todos sus colegas que no pudieron seguir el ritmo y en las que había dado de comer polla a varios tios en el meadero de los baños de la mayoría de locales a los que habían ido.

Así es como llegó a sentar su trasero sobre una de las sillas de la barra del local, con los huevos cargados. Porque habían sido solo eso, mamadas furtivas, unas interrumpidas por chavales demasiado intensos que no guardaban el silencio que merece un retrete de caballeros y otras por novias celosas que aparecían en los pasillos para descubrir que no soportaban la visión de los labios de su chico comiéndose una buena polla.

Por eso al cruzar las puertas de aquel lugar, se sintió como en otro mundo, porque después de la ajetreada noche de montones de tios a los que no les importaba comerse las babas de otro sobre una misma pija, iba a terminarla follándose por todo lo alto al camarero guaperas al que todas las niñas y todos los niños habían lanzado los tejos durante esa larga noche.

Eran las cuatro de la madrugada cuando la última pareja del The Moon Barcelona Night Club abandonaba el lugar y se cruzaba con el que probablemente sería el último cliente. Atrás quedaban siete horas en las que Andy Star había servido cientos de copas, se había marcado un bailecito sobre la barra poniendo cachondo al personal y había recibido decenas de proposiciones de lo más indecentes, desde un tio fortachón que no cesaba en su empeño de meterle el puño por el culo, hasta el equipo de fútbol del barrio, con sus once jugadores, reservas y entrenador incluído, que casi se lo llevan a la cama para meterle el gang bang de su vida.

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Sabía perfectamente lo que significaba que un cliente entrase a esas altas horas de la madrugada a solas, desprotegido y medio borracho contándole todas sus aventuras nocturnas. Camilo había dicho que no a varios culitos y Andy a varias pollas, quizá es que siempre estaban esperando algo mejor que nunca llegaba. Se sintió identificado con él y por eso le sirvió el mejor trago de la noche e incluso se lo sirvió con pajita y un merecido morreo.

Después de ver pasar a cientos de tios, aquel era el primero que conseguía de verdad despertarle la polla y notó que le estallaban los calzones cuando se quitó la camisa y vio su espectacular y musculoso torso. “No te preocupes que de aquí te juro que no sales sin descargar los huevos“, le dijo Andy. Acto seguido se puso en cuclillas esnifando el rabo por encima de la tela de los gayumbos, importándole un coño que entrasen clientes nuevos o incluso su jefe.

Lo que encontró al bajarle la goma le dejó salivando como a un perrete. Un pollón poderosamente largo, gordo y morenote que no se esperaba. Le encantaban así, que le dejaran la comisura de la boca bien abierta, con las que poder zorrear tragando más allá de la cuenta y convertirse en la putita de unos buenos azotes.

Cuanto más chupaba, más crecía y más dura se le ponía. Estaba comenzando a dudar si al final le entraría por el culo. Sin darse cuenta, terminaron en la barra sobre la que ponía cachondo al personal y se dio cuenta de que el grosor de la barra de baile y el de la polla eran exactamente el mismo.

Se sentó en el taburete, atrapó firmemente la primera barra, se abrió de piernas y Camilo le fue hundiendo la polla a pelo dentro del culo, super ajustada, desplanzando los dos cachetes para abrir camino, como si la metiese dentro de un exquisito mar de nubes de caramelo. Tras aquella sensación tan placentera para los dos, Camilo empezó a bombardearle el ojete con una traca de pollazos.

Andy cambió de postura. Donde antes tenía la parte baja de la espalda, puso los muslos, dejando todo el culete sentado hacia afuera. Camilo se las apañó para meterle la banderola en esa nueva posición. Un hábil movimiento doblando las rodillas, conduciendo de nuevo su rabo hacia el agujero y ya lo tenía enchufado de nuevo. Experto en follarse culos, Camilo supo enseguida que ese tio se había tragado unas buenas pollas por lo bien que entraba, pero también sabía que no todas eran tan largas y gordas como la suya.

La proposición de meterle el puño de aquel machote y todas las copas que había servido, vinieron a la mente de Andy cuando Camilo se sentó sobre la barra de bar y se puso toda la polla en vertical invitándole a sentarse encima. Pues sí, sentarse sobre ese pedazo de rabo era igual a meterse por el culo un vaso de cubata por lo menos. No sólo lo hizo, sino que se lo metió hasta dejar sólo visibles los huevos, lo pajeó con ganas y lo disfrutó.

Con el gustillo de estar empalado, Andy pidió una ronda gratis para todos, se pajeó la bazuca y terminó invitando a todos a unos trallazos de lefa. Para compensarlo, el último cliente le dejó la mejor propina de la noche. Andy se agachó y se puso cerca de su polla para recibirla. Camilo se cascó un pajote sobre su cara y le metió un chorrazo largo, calentito y muy espeso que le dejó una buena cicatriz blanca desde la frente, pasando por la ceja y el ojo, hasta la mejilla.Cuando terminó de correrse, Andy le comió los restos de la polla y Camilo le relamió toda la lefa que le había dejado en la jeta.

Eran algo más de las cuatro de la madrugada cuando Andy y Camilo terminaron en la barra de bar de un local compartiendo unos chupitos de lefa. Hacía unas horas que uno había rechazado que le metieran un puño por el culo y que un equipo entero le rodease con un mar de pollas. Hacía unas horas que el otro había rechazado decenas de culos y bocas y devuelto a la realidad a algunas novias celosas. Pero estar tan borrachos cerdeando y lamiendo la leche sobre sus caras bien había merecido la pena.

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