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CARTA PARA EL MONSTRUO QUE TE LASTIMÓ

Es absolutamente necesario tropezarse con algunas piedras y errores en el camino. Es la única manera que tiene la vida de recordarnos lo que no debemos ser”.

 

Mucha gente dice que en la vida todo es experiencia, y por lo mismo, siempre hay que agradecer todas y cada una de ellas. Es cierto. Pero también es cierto que no todas esas experiencias dejan un buen sabor de boca.
De hecho, hay experiencias que hubiera sido mejor no ocurrieran, para evitar los estragos que después dejarían a su paso. Experiencias que te abandonan igual o más dañado que al inicio, pero que sin ellas, habría sido imposible crecer. Y tú, mi querido amigo, eres una de esas experiencias: desafortunadas y sin ganas de volver a repetir.
Sin embargo, hoy no estoy aquí frente a ti para adularte y agradecerte por todo lo bueno que tu mal trago me hizo aprender y mejorar en mí. Tampoco me interesa quedar bien contigo y sonreírte de manera hipócrita para tratar de aparentar, porque tú no trataste de aparentar cuando decidiste hacerme pedazos y quebrar lo que quedaba de mí. Pero afortunadamente, aquí estoy y aquí sigo.
¿He llorado? Sí, ¿ha dolido? Claro, ¿y ha sanado? También. Me derroté, pero tenía que creer en algo; el destino, la vida o mi karma, y aquí me tienes, reconstruido, mas grande y más fuerte. Creo que fue en el peor de mis momentos cuando me di cuenta que en realidad, lo peor no era estar en ese lugar, sino haberme cruzado en tu camino, y hoy puedo decírtelo sin miedo: fuiste el error y la pérdida de tiempo más grande que pude haber tenido.
Eres ese error que a pesar de no causarme arrepentimiento, me da vergüenza aceptar. Serás ese mal recuerdo que escribiré en mi libreta de cosas  a olvidar. Trataré de borrar ese episodio de vida en mi memoria hasta que desaparezcas en la inmensidad.
Y es que gracias a ti, me di cuenta que las personas en verdad pueden llegar a ser miserables y ruines cuando se lo proponen. En ti conocí esos infiernos que jamás pensé pisar y esos demonios cuyos nombres ni siquiera pude pronunciar.
Eres el tipo de persona que en realidad nunca podrá hacer feliz a nadie, porque ni siquiera está feliz consigo mismo. Eres el que llega, crea un caos y se va, dejándolo todo peor de como lo encontró. Así fue que me percaté de la existencia de personas como tú, personas cuyo único propósito en la vida, es enseñarle a los demás lo que no deben hacer y cómo no deben ser. Bastante drama hay en este mundo ya, como para convertirse en alguien como tú y tantos más, que solamente causan problemas y hacen brotar más lágrimas que risas.

“Después de haber cruzado ciertos infiernos, no cualquier demonio puede asustarte de nuevo. Y curiosamente, los demonios como tú, ya no me dan miedo”.

Podría sonar falso y decirte que espero encuentres la felicidad, pero nunca vas a poder ser feliz. Conmigo lo aparentaste y fingiste hacerme feliz, pero no sabes hacer eso y no sabrás. Lo que es peor, es que jamás podrás tampoco llenar la vida de alguien de dicha, tú no sabes lo que es eso, no conoces esas cosas, solamente sabes destrozar todo lo que tocas con tus manos.
¿Y por qué lo sé? Porque cuando más vulnerable me mostré, dejé que tus manos me tocaran el corazón, así que tuve que juntar fuerzas y recolectar todas mis partes rotas para pegarlas de nuevo. Y debo aceptar que no me quedó tan mal, porque al menos me pude dar cuenta del valor de personas como yo frente a gente como tú, que está destinada a llevar sufrimiento y pesar a todo aquel que le deje entrar en su vida. 
Siento en verdad tener que decirte esto y que tengas que saberlo. Me encantaría ser como esas personas que mantienen el positivismo y agradecen por todo lo malo, pero esta vez no quise ser una de esas personas. Esta vez, quise darme el permiso de externar lo que experiencias como ésta causan en el interior de la gente y las cosas que muchos quieren decir pero no se atreven. Y yo me atreví.
Me duele en el alma tener que ser yo quien te diga esto y que hayas sido tú quien me haya hecho decirlo, pero más me dolí yo cuando descubrí que me había olvidado en un rincón, por querer amarte a ti. Y eso fue de todo, menos amor.
En nuestro caso, querido compañero, me doy cuenta que quisimos ser tanto que se nos olvidó ser algo. Fuimos un remedo de historia feliz y tú…bueno, tú no eres más que la personificación de ese tipo de chico con el que todos temen toparse y que nadie quiere conocer.
Pues bien, yo te conocí y podría considerarlo como un castigo, pero no puedo hacerlo, ya que el peor castigo de todos te lo has llevado tú. Y es que no hay castigo más terrible, que vivir con el corazón hecho piedra, porque vivir así es como morir sin dejar de respirar y me temo que tú, eres como esos que al no saber amar, tampoco saben vivir. Descansa en paz…si puedes.

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Fuente: Cortesía Alex Toledo

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