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Cómo saber cuándo debes dejar de tomar alcohol

Salir a cenar, comer o de fiesta y beber una o varias copas de vino o cerveza son dos hábitos que forman parte de un mismo ritual en la cultura occidental. El ocio sin alcohol es inconcebible para muchas personas y las situaciones sociales favorecen que estemos en contacto con las bebidas alcohólicas constantemente.

Por tanto, no es de extrañar que el alcohol sea la droga más consumida en España: como recoge la encuesta Edades 2011-2012 (DGPNSD 2013), el 76 por ciento de los participantes dijo haber consumido alcohol en el último año y el Ministerio de Sanidad sitúa la edad de inicio del consumo entre los 13 y los 14 años.

Abuso o adicción

Pese a que los efectos negativos del alcohol son conocidos y difundidos, especialmente entre los menores, el abuso de este tipo de bebidas es frecuente. Entonces, ¿qué nos empuja a beber y dónde está el límite?

Según Lourdes Azorín, médico responsable del tratamiento de Alcohol en el Centro de Atención Ambulatoria de Proyecto Hombre Madrid, el alcohol juega un importante papel social, que puede determinar el inicio y establecimiento de un abuso o una adicción.

“La presencia del alcohol en nuestra sociedad es enorme y la presión para beber también. El alcohol es un depresor del sistema  nervioso central y muchas personas lo usan como ansiolítico y con frecuencia enmascara cuadros de depresión ansiosa”, apunta.

La sensación de desinhibición que provoca el alcohol lo convierte en una sustancia muy atractiva para muchas personas que busquen ofrecer una imagen más “abierta”, “divertida” o quieran vencer su timidez. En el caso de los adolescentes y los jóvenes, el consumo de alcohol también puede ser una forma de buscar la aprobación del grupo y sentirse parte de él. Azorín explica que esto ocurre porque, lo primero que hace el alcohol es “deprimir las defensas conscientes, el sentido de la realidad, de pertenencia”, y por eso muchas personas buscan esos efectos euforizantes que provoca su ingesta inicial.

Por su parte, Nestor Szerman, presidente de la Fundación Patología Dual señala que la dependencia del consumo de alcohol puede esconder otros trastornos psicológicos que le empujan a esta adicción. “La denominación abuso ha desaparecido de las clasificaciones internacionales. La adicción es una enfermedad mental que, como otras, no se elige y puede tener un curso clínico prolongado”, apunta Szerman. El especialista asegura que influyen los factores individuales: “son personas vulnerables desde el punto de vista genético, de otros trastornos mentales y también factores medioambientales”, añade.

Cuándo preocuparse

En una sociedad en la que existe una amplia la tolerancia y permisibilidad con el consumo de alcohol, es difícil determinar cuándo se está desarrollando una dependencia. Azorín indica que la cantidad y frecuencia del consumo de alcohol y la alta tolerancia a los efectos del mismo son un dato de alarma. “Cuando se ha producido un problema asociado al consumo de alcohol y la persona no ha podido cambiar el patrón de comportamiento, por ejemplo una persona que le han retirado el carnet de conducir por alcoholemia y no ha variado su conducta, es también un dato de alarma”, añade.

Szerman asegura que si un individuo “necesita” alcohol, aunque sea solo los fines de semana, ya estamos hablando de un trastorno ya en marcha. “Puede ser otro tipo de trastorno, sin dependencia fisiológica y, si bebe en atracones, más rápido que los demás, con dificultades de control, estamos ante un Trastorno por Consumo de Alcohol, que debe tener un tratamiento adecuado” aclara.

El especialista señala que, como cualquier enfermedad, si no se reconoce y se trata, este trastorno entraña peligros físicos, psíquicos, de conducta y de ajuste psicosocial.

Cómo tratarlo

¿Quién es el primero en detectar este problema? ¿Es consciente el propio afectado? Según Azorín, con frecuencia las personas saben, al menos a un nivel precosnciente que tienen un problema con el alcohol pero la ambivalencia para afrontar esta situación es muy grande y se levantan resistencias al tratamiento. “Las familias se dan cuenta, en la mayoría de los casos, y son un agente terapéutico muy importante para ayudar a iniciar y sostener un proceso terapéutico”, señala.

Aunque quien lo sufre intentará ocultarlo o minimizarlo, Szerman asegura que las personas que le rodean deben poner en evidencia que necesita ayuda y que, en manos de expertos, puede ser muy beneficiosa.

El experto recomienda hacer un diagnóstico individualizado en patología dual para prescribir el mejor tratamiento.

“Se trata de un proceso largo que requiere mucho esfuerzo”, apunta Azorín. Las terapias de estos pacientes son procesos de tratamiento integral, en el que interviene un  equipo multidisciplinar de médicos, psicólogos, psiquiatras, terapeutas y animadores socioculturales,  que pretende establecer un plan que aborde distintos aspectos para promocionar y fortalecer la salud y las capacidades de la persona afectada por la adicción.

“En el proceso terapéutico se combinan la intervención grupal, la individual y la intervención familiar y, si es preciso, la intervención para la reinserción o la formación laboral. Hay varios programas de menores, de centro de día para personas con patología dual, de centro de día de personas que necesitan una mayor contención, de tratamiento ambulatorio de dos sesiones semanales… Nos adaptamos a la demanda y a la situación de cada persona”, explica la especialista.

Por otra parte, el papel de familiares y amigos es muy destacado durante el proceso, por ello, Azorín aconseja confrontar al paciente con su realidad, “desde el cariño pero con firmeza”. “Muchas veces, la tolerancia de determinadas conductas en el seno familiar no ayuda.  Hay que ofrecerle información, facilitarle recursos a los que acudir y darle acompañamiento en el proceso y apoyo. Sabemos que esto es fundamental en muchísimos casos”, concluye.

Pautas de los expertos para prevenir la adicción

  • Dificultar su acceso a los menores.
  • Reconocer los factores de riesgo para identificar otros trastornos mentales, diagnosticados o no, que pueda tener el niño/adolescente o los antecedentes en la familia biológica de esta persona.
  • Revisar el propio consumo de alcohol, ya que en muchos casos es elevado y la tolerancia social a las cantidades que se toman es mucho mayor que la recomendable.
  • Aumentar la información y la formación.
  • Procurar un ocio más saludable y diversificado, “el sumun de la diversión no puede ser el botellón”.
  • Valorar la sobriedad, la lucidez de la conciencia como valor trasversal a todo.
  • Valorar la libertad y la responsabilidad, somos sujetos de derecho y de deberes.
  • Ofrecer educación para desarrollar la inteligencia emocional y el equilibrio personal.
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