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Consejos del Príncipe Harry para caerle fenomenal a todos los niños del mundo

Llega una edad en la que tu vida se empieza a poblar de niños: o tienes hijos, o tienes sobrinos, o tus amigos y compañeros de trabajo procrean ajenos a todas las amenazas que asolan al mundo. Llegados a ese punto, que no te gusten los críos deja de ser una opción y la mejor alternativa para tu supervivencia es aprender a relacionarte con esos locos bajitos y convertirte en su favorito. Si hay alguien que ha entendido esto mejor que nadie es el Príncipe Harry, un referente de estilo que también lo es en cómo lidiar con los más pequeños.

 

Grita todo el rato

A los niños les encanta gritar y, en consecuencia, les encanta la gente que grita. Celebra todo mucho, levanta los pulgares, aplaude furiosamente. En resumen, compórtate como un pequeño hooligan y tendrás su afecto en el bolsillo.

Hazlos volar

Les alucina. No hay ningún niño en el mundo que no adore que lo cojan en brazos y lo zarandeen por los aires. Es más, si tuvieses la ocasión, querrías que Pau Gasol o alguien de su tamaño te agarrase de las axilas y te diese vueltas como si fueses esa vieja atracción de las sillas voladoras. Dicho esto, te aconsejamos tres cosas: la primera, trabaja a fondo tus lumbares en el gimnasio; la segunda, hazlo cuando haya sólo un niño o tendrás que repetir la operación con todos los presentes; la tercera, lo les des demasiadas vueltas o tendrás que explicar a los adultos responsables por qué la criatura no para de vomitar.

Sé el primero en enseñarles a hacer un high ten

A todo el mundo le gusta un high ten, está en nuestro código genético, como la función de succionar o la acción prensil del pulgar para agarrar cosas.

Culpa siempre al rinoceronte

Tienes todas las de ganar ante un animal que no se hace querer. Probablemente la persona que va dentro del traje esté pasando un mal rato por el calor y su escaso campo de visión, pero aquí no hemos venido a hacernos amigos de gente que se viste de animal, sino de los niños.

Be the gochest

A los niños les gustan las comidas hipercalóricas que manchan mucho. Lo que tú ves como un desafío para tu six pack y la blancura de tu camisa, ellos lo afrontan como toneladas de diversión, así que lo mejor es que celebres sus pasiones gastronómicas manteniendo una distancia de seguridad razonable tanto con ellos como con sus apetitosos manjares.

Ten un careto gracioso para las fotos

En una era en la que cualquier niño acumula más fotos que todo el clan Kardashian junto, posar para la cámara se ha convertido para ellos en una suerte de tortura. Enséñales a hacer muecas: puede que estés estropeando todas sus fotos entre los 6 y los 13 años, pero, eh, les parecerás un tipo majo.

En serio, el careto te puede ayudar en muchas situaciones

Por ejemplo, cuando el niño que tienes enfrente lleva un look que podría competir con el tuyo.

Desarrolla tu faceta de entrenador guay

Varias decenas de blockbusters de Hollywood demuestran que no hace falta ser un experto en deportes para convertirse en el entrenador favorito de cualquier niño. Tú limítate a celebrar sus triunfos y minimizar sus derrotas, y tendrás lo que necesitas para ser el Simeone de la categoría Benjamines.

Convéncelos de que dominas los juegos tradicionales

Aunque consistan en matar peces con un palo. Por lo general las reglas para triunfar en un juego de toda la vida son dale fuerte, apunta bien y más rápido. Con que repitas esto en bucle te convertirás en una autoridad para ellos.

Convierte cualquier historia en una gran aventura

Los niños viven rodeados de incertidumbre. A pesar de esas rutinas que establecemos para reafirmar su entorno, son criaturas fácilmente impresionables capaces de disfrutar de un sábado por la mañana en el Mercadona a cambio de que los subas en el carrito de la compra. Por eso, si quieres ser su favorito, es fundamental que trabajes tu oratoria y seas capaz de construir emocionantes relatos a partir de situaciones cotidianas con las que se puedan identificar. Por ejemplo, cuéntales que tu jefe es un monstruo con un grano horrible en la nariz, y cuando los dejes en el colegio llorarán más por el destino que te espera en la oficina que por tener que quedarse en ese lugar inhóspito.

Inventa amenazas donde no las haya

Por alguna razón a los niños les divierte la idea de que una criatura salga de su bocadillo si no se lo comen rápido.

Déjalos que se zurren (con criterio)

Los niños tienen que forjar su carácter. Aunque suene a tópico, es una ley natural que no vas a estar toda la vida para protegerlos. Si haces memoria, recordarás que uno de tus hobbies favoritos cuando eras crío era zurrarte con tus amigos. No responde a ninguna razón lógica, es instinto, como respirar o atarte toallas al cuello y saltar desde lugares altos. Nuestro consejo es que definas unas normas de lucha que garanticen la integridad de los participantes (nada de pistolas, por ejemplo) y disfrutes del espectáculo.

Demuéstrales que estás a la última en tecnología

Nada separa más a niños y adultos que el gap tecnológico: la diferencia entre caerle bien a los hijos de tus amigos o acabar condenado al ostracismo social radica en algo tan sencillo como saber manejar los filtros de Snapchat. Aunque no uses la aplicación para nada más, tenla siempre a mano por si hubiese algún infante necesitado de 20 minutos de entretenimiento.

Dales sustos

A ver, no tiene que ser algo muy elaborado, no eres Sullivan en ‘Monstruos, S. A.’, basta con un sencillo “Buh” y les hará tanta gracia que sólo tendrás que repetirlo unas 500 veces en la media hora siguiente.

Ponte firme cuando sea necesario

Los niños necesitan límites. Es más, al contrario de lo que puedas creer, los agradecen. Convertirte en una figura que transmite autoridad cuando es necesario reforzará tus lazos con ellos. Luego les haces un jijí-jajá y todo vuelve a su cauce.

Aprende a darles pena

Los niños no tienen límite. El peaje que hay que pagar por ser el favorito es que van a reclamar tu atención constantemente, así que es fundamental que aprendas a apretar el gatillo de su compasión para asegurarte que cumples los 40 años sin ninguna lesión crónica o tara mental.

En resumen: compórtate como ellos

Explota tus dos grandes ventajas: fuiste niño hace no tanto y ahora eres más grande y más sabio.