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Medicina

A corazón abierto sin apenas cicatriz

Olmo Calvo. 31/10/2017 Madrid. Comunidad de Madrid Cicatrices operaciones de corazon infantil

El pecho de Jeet no está ‘dividido’ en dos por una cicatriz vertical de 20 centrímetros

Gracias a una operación miniinvasiva, su marca sólo ocupa seis centímetros y está escondida bajo el brazo

Alrededor del 20% de los niños con cardiopatías congénitas pueden ser intervenidos de esta forma

‘Al tercer día, Jeet ya estaba montando un lego y jugando al escondite inglés’, dice su madre

A Jeet le operaron a corazón abierto hace poco más de tres meses. Sin embargo, su pecho no está ‘dividido’ en dos por una cicatriz vertical de 20 centímetros. No muestra ni una sola señal. Ni rastro de marcas en la zona del esternón, que es precisamente donde se suele efectuar la incisión por la que este órgano vital queda al descubierto para que el cirujano pueda ‘repararlo’. El pequeño, de 10 años, tuvo la suerte de ‘caer’ en manos de un grupo de cirujanos especializados en un abordaje mínimamente invasivo. Son expertos en trazar una línea de acceso tres veces inferior a la convencional y en rincones del cuerpo más discretos. Tanto que sólo con el permiso de Jeet se puede contemplar su cicatriz, agazapada por debajo de la axila y con una longitud de sólo seis centímetros.

A través de este minicorte y en determinadas ubicaciones como por debajo de la mama o de la axila, “podemos introducir unos tubos a las venas y arterias que entran y salen del corazón para conectarlo a un aparato llamado circulación extracorpórea, que viene a sustituir la función del corazón y garantiza que la sangre continúe circulando por todo el organismo mientras operamos”, argumenta Juan Miguel Gil-Jaurena, responsable del área de Cirugía Cardiaca Infantil del Hospital Universitario Gregorio Marañón de Madrid, el centro donde se operó Jeet.

Por el tipo de cardiopatía y el tamaño de Jeet, el lugar idóneo establecido para acceder a su corazón era debajo de la axila. “Juan Miguel me explicó que la incisión en el lateral era tan segura como la convencional“, apunta su madre (Virginia). Al despertar, Jeet no sólo se vio rodeado de tubos y máquinas, como ya le había adelantado su madre, también tuvo su primer ‘encuentro’ con una cicatriz muy especial que, tres meses después, sólo le ha ensañado a sus mejores amigos. Es pequeño, pero sabe que con la cirugía convencional (esternotomía), su pecho habría quedado ‘dividido’ en dos por una marca vertical de 20 centímetros imposible de camuflar.

De esta realidad no es tan consciente, sin embargo, Jimena, una niña de cuatro años ingresada en el Gregorio Marañón que, sólo cuatro días después de la intervención quirúrgica, nos enseñaba, muy dicharachera y sonriente, los globos que había pintado y el dibujo que le había llevado su hermana. Tanto Jeet como Jimena respondían a lo que se conoce como comunicación interauricular (CIA, la sangre pasa libremente de una aurícula a otra, cuando en realidad, el paso debería estar cerrado). Es una de las dos cardiopatías congénitas que en la actualidad aborda el equipo de Gil-Jaurena con esta innovadora técnica miniinvasiva. La otra afección es comunicación interventricular (CIV, los ventrículos izquierdo y derecho no están separados). Las dos en suma suponen el 20% de los niños que esperan una intervención quirúrgica por problemas de corazón.

Cuando a la madre de Jimena (Carmen) le plantearon esta alternativa menos agresiva a través del costado, le pareció “fantástico. Nos comentaron el impacto estético y psicológico que supone la cicatriz de la esternotomía en los pequeños, especialmente en las niñas. Tener una marca así en el pecho de por vida…“. Con esta alternativa menos agresiva, la de Jimena no llega a cinco centímetros y también se encuentra escondida bajo el brazo derecho, como la de Jeet.

Tras 17 años de experiencia, el cirujano ha podido comprobar que “los efectos sobre la autoestima o los posibles complejos son inmediatos cuando los pacientes son adolescentes. Si los niños son muy pequeños (aún no tienen conciencia real), son los padres los que perciben las ventajas psicológicas, sobre todo al ver en la planta del hospital a otros menores ya operados por esternotomía”.

Todavía recuerda el caso de una niña a la que la incisión se le realizó por debajo de la mama. “Su madre se desabrochó la blusa para enseñarme su cicatriz en comparación con la que tenía su hija”. También ella fue operada a corazón abierto hace años, pero a través de una esternotomía. “Estaba contenta porque su hija no tendría que sufrir los mismos complejos”.

Se puede decir que Juan Miguel Gil-Jaurena es el responsable de haber introducido esta variante quirúrgica en España. Comenzó sus primeros pasos en el año 2000 en el Hospital Vall d’Hebron de Barcelona y ahora que es jefe de Cirugía Cardiaca Infantil del Hospital Gregorio Marañón, ha implantado el que “es el único programa del país que ofrece cirugía miniinvasiva a los niños con determinadas cardiopatías congénitas”, señala Gil-Jaurena, quien aclara que “hay otros cirujanos que también brindan esta posibilidad, pero de forma puntual”.

Además de la ventaja cosmética que subrayan los especialistas, los padres y los propios afectados, la madre de Jimena manifiesta una más: “Me aliviaba saber que de esta manera no tenían que romperle el esternón ni ningún hueso“.

En palabras del cirujano, “en la esternotomía hay que dividir el esternón y una vez concluida la operación, hay que volver a cerrarlo con ayuda de unos alambres”. En la cirugía mínimamente invasiva, “sólo abrimos el músculo para acceder al corazón”, así que el paciente se ‘ahorra’ la convalecencia del esternón. Según recoge uno de los artículos que publica este especialista, publicado en 2015 junto a otros dos compañeros en la revista Anales de Pediatría, aparte de la mejora estética y que no hay que romper huesos, se apuntan otros méritos: una menor tasa de infecciones y recuperación precoz.

Efectivamente, al sexto día, Jeet se fue a casa y a Jimena le darían el alta en dos días. En ambos casos, las madres coinciden al señalar que ya 48 horas después de la intervención, les sorprendía que los pequeños se levantaran con tanta vitalidad. “Al tercer día, Jeet ya estaba montando un lego y jugando al escondite inglés”, rememora su madre. A partir de ahora, apunta Gil-Jaurena, “pueden llevar una vida totalmente normalizada, salvo por las revisiones puntuales. La recuperación es completa y el pronóstico excelente”.