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Investigación

Descubierto un mecanismo de resistencia a un fármaco usado en el tratamiento del cáncer de mama

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Investigadores del Centro de Investigación Biomédica en Red de Cáncer (CIBERONC) en el Centro de Investigación del Cáncer de Salamanca (CIC-IBMCC), del Hospital Clínico Universitario de Albacete y del Valí d’Hebron Instituto de Oncología (VHIO) han descrito un mecanismo de resistencia al fármaco trastuzumab-emtansina (T-DM1) utilizado para el cáncer de mama.

Se trata de un fármaco de tipo conjugados anticuerpo-fármacos (ADC, por sus siglas en inglés) que se usa para tratar tumores de mama HER2 positivos, los cuales representan aproximadamente un 20 por ciento de los cánceres mamarios y responden adecuadamente a terapias anti-HER2 basadas en trastuzumab o en inhibidores de la actividad quinasa de HER2.

No obstante, algunos tumores no responden a estos tratamientos convencionales o se vuelven insensibles con el tiempo. Por ello, y con el objetivo de luchar contra esta resistencia de desarrolló T-DM1, un derivado de trastuzumab al se unen moléculas de “potente” agente antimiccrotubular DM1. Hasta ahora, esta terapia se ha utilizado para tratar a pacientes refractarias a los tratamientos anti-HER2 más convencionales.

Ahora bien, a pesar de que es eficaz, con el tiempo también se desarrollan resistencias, por lo que los investigadores, cuyo trabajo ha sido publicado en la revista ‘Cáncer Research’, se interesaron en descubrir los motivos por los cuales se producían resistencias y, por ende, luchar contra ellas.

De esta forma, han descrito uno de los mecanismos de escape que pueden presentar las células tumorales de mama HER2+ para evitar la acción de T-DM1, un mecanismo basado en un déficit de la función proteolítica de los lisosomas (compartimentos celulares que se encargan de la digestión y degradación de las proteínas). De hecho, la acción antitumoral de T-DM1 requiere su internalización y degradación dentro de los lisosomas, gracias a la actividad de proteinasas ácidas presentes en esas organelas.

Concretamente, los científicos aislaron células resistentes a T-DM1 para estudiarlas, observando que sus lisosomas presentan un pH más alcalino de lo habitual, lo cual dificulta la función de las proteasas lisosomales. “Este hallazgo abre las puertas al potencial uso de acidificadores lisosomales para mejorar la eficacia de T-DM1”, ha explicado el co-coordinador del Programa de Investigación en Cáncer de Mama del CIBERONC, Atanasio Pandiella.

Del mismo modo, la publicación también describe la existencia de otros mecanismos independientes de la alteración del pH lisosomas, si bien en la actualidad se están llevando a cabo estudios para caracterizar esos mecanismos. “En conjunto, estos estudios de resistencia a T-DM1 podrían facilitar la optimización del uso de ese fármaco en pacientes con cáncer de mama HER2+. Es más, el trabajo publicado puede ofrecer pistas acerca de los mecanismos generales de resistencia a ADCs, más allá de T-DM1”, ha comentado el investigador.

De hecho, finaliza, se postula que otros ADCs que utilicen la misma vía de internalización y degradación de T-DM1 podrían perder eficacia si las células diana carecen de una función proteolítica lisosomal adecuada.

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