Portada Dos amigos quedan y terminan metiéndose todo el salchichon
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Dos amigos quedan y terminan metiéndose todo el salchichon

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Dos amigos quedan y terminan metiéndose todo el salchichon

A diferencia de los Juegos de Invierno, los Juegos XXX llevan esta denominación por ser deportes extremos para chicos duros que buscan un subidón de adrenalina. Mientras unos se dedican al patinaje artístico o al hockey, otros prefieren agarrar su tablita de snowboard y dejarse caer por terrenos nevados con un alto nivel de peligro.

Y hasta los tios más duros necesitan echar una meadita. Anda que no había terreno para hacer un pis que, qué casualidad, se encontraron dos tios entrenando para la misma competición bajándose la bragueta y sacándose la chorra como si aquello fuese el meadero de un concierto al aire libre. Los dos machos, no problem. O eso parecía, hasta que Jack Kross se quedó embobado mirando la pija de Bo Sinn.

Nada que reprocharle, porque el tio la tenía enorme hasta en reposo y encima con el frío que hacía. Bo notó que el chaval estaba mirándosela. Ya estaba acostumbrado a detectar a los que querían rabo, así que con más razón le dio motivos para desearla. La sacó un poquito más y se la meneó para escurrir la meada. “¿Me la estás mirando?“, le preguntó. Y sin dar lugar a respuesta le volvió a decir: “Ven aquí y cómeme la polla, pedazo cabrón“.

La invitación fue aceptada de sumo agrado. Jack se arrodilló en la nieve y no sentía ni el frío, sólo el calor que le proporcionaba esa polla gorda en la cara y dentro de su boca. Lo que iba a ser una simple mamadita dejando al chaval que se nutriese bien, fue a más. Según se la chupaba, Bo pensó que ese tio era grandote y tendría un buen culazo en el que descargar toda su energía, por lo que le propuso irse a una cabaña que había cerca y que usaban algunos turistas para pasar la noche.

Sin tanta ropa, descubrió que el tio estaba super cachas. Lo primero que hizo fue darle la vuelta, ponerle el culo en pompa y meterle toda la barrena a pelo. Joder cómo tragaba el cabroncete, enterita desde la cabeza hasta las pelotas. Era tan fácil metérsela que se permitió jugar un rato con su ojete al mete y saca, agarrándose el pollón con la mano, introduciéndola con fuerza por el agujero y sacándola con rapidez para volver a realizar una y otra vez la misma acción.

Por eso, como era tan fácil, le preparó menú especial. La imagen de Bo Sinn tumbado sobre la cama con la polla tiesa en vertical lo mismo te hacía convertirte en el mayor cerdo que daba miedo, porque la sola idea de clavarse todo eso enterito por el culo, mucho más grande y largo que un bote de pringles, era acojonante.

Jack era un tio echao pa’lante y se sentó encima. Ya se encargó Bo después de zumbárselo bien desde abajo y abrirle el mayor boquete de su vida. Cuando al tio le vino el gustillo, le dejó todo el lechal encima, se subió los pantalones y se despidió guiñándole un ojo y lanzándole un reto: “Nos vemos en la competición, chico gay“. Pues a ver si era posible, porque por lo pronto Jack no podía ni cerrar el culo por culpa de semejante pollón. Buena técnica para acabar con los competidores.

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