Horas antes de que expirase el plazo dado por la administración Obama para que el ejército de Estados Unidos abriese la puerta al reclutamiento de transexuales, el secretario de Defensa, James Mattis, decidió retrasar seis meses esa decisión. En vez del 1 de julio como estaba previsto, este colectivo tendrá que esperar al menos hasta el 1 de enero de 2018 para ver si pueden ser admitidos.

“Utilizaremos este tiempo adicional para evaluar más cuidadosamente el impactode estas adhesiones en la disposición y la letalidad” de las fuerzas armadas, explicaba el máximo responsable del Pentágono en un memorándum remitido a los secretarios del ejército.

 

Mattis adoptó la decisión in extremis siguiendo la recomendación de los secretarios y ‘jefes’ de su departamento. Con este tiempo extra, añadía en el memorándum, el secretario de Defensa se asegura tener los “personalmente puntos de vista de los líderes militares y los oficiales civiles que están llegando” a la administración.

La incorporación del colectivo transexual a las fuerzas armadas estadounidenses arrancó públicamente en junio de 2016, cuando el entonces responsable del Pentágono, Ash Carter, anunció en rueda de prensa la nueva política -que ponía fin a la prohibición- con efecto inmediato. “Esto es lo correcto para nuestro pueblo y para las fuerzas”, decía antes de resaltar el talento de estos ciudadanos que querían servir en el ejercito (algunos ya estaban haciéndolo). Unos meses antes, hizo pública la política que permitía a las mujeres formar parte de todas las unidades de combate.

La revisión de los planes de acceso de los transexuales anunciada por Mattis “no presupone su resultado”, subrayó el secretario de Defensa. También quiso dejar claro que esta decisión no cambia las políticas y los procedimientos que están actualmente en vigor de acuerdo con la instrucción ‘Transición para los miembros transexuales en servicio”.

El Centro Nacional para la Igualdad de los Transexuales estima que actualmente en torno a 15.000 personas transgénero sirven en las Fuerzas Armadas de EEUU. Una realidad a la que se refirió Carter hace un año. “Tenemos transexuales sirviendo de uniforme y tenemos una responsabilidad con ellos”. En septiembre de 2016, se difundió entre los diferentes estamentos militares un ‘manual de implementación’ sobre los transexuales en el ejército.

El aplazamiento generó malestar en organizaciones como la ‘American Military Partner Association (AMPA)’ -que agrupa a familiares de militares del colectivo LGBT-. Su presidenta Ashley Broadway-Mack manifestó su “profunda decepción” por el “innecesario” retraso de seis mees. “Se ha demostrado de manera inequívoca que permitir a los transexuales cualificados servir abiertamente, fortalece a nuestro ejército y crea una fuerza más diversa e inclusiva”.

El proceso de integración y el fin de la discriminación por razón de orientación sexual en las fuerzas armadas sufre un revés con la decisión de Mattis, que quiere saber antes de dar su OK a los transexuales en el ejército, si su incorporación afectará a la efectividad del ejército de EEUU.

 

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