Portada Entre ligue y cruising gay: La ciudad y sus Sanborns
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Entre ligue y cruising gay: La ciudad y sus Sanborns

Primero fue el Sanborns de La Fragua esquina con Reforma. Me percaté de su cierre porque me queda cerca de casa así que paso seguido por allí y porque en algunas ocasiones iba a comprar los periódicos del fin de semana. Al principio creí que lo habían cerrado porque lo remodelarían, pasaron las semanas y no se veía que realizaran ningún tipo de obra adentro; un par de meses después ya estaba convertido en un estacionamiento. Luego, andando la ciudad, he notado que cerraron otros cuatro: el que está enfrente del Hospital General, en la Doctores; el de Moliere y Ejército Nacional; el del Ángel de la Independencia y el de Chilpancingo, del que ahora sé que cerró porque el edificio resultó dañado con el terremoto de septiembre de 2017.

Es probable que otros más a lo largo y ancho de la ciudad hayan cerrado también. Todo a punta a que han cerrado las tiendas más grandes y en cambio han mantenido sólo las cafeterías y las tiendas que están en algunos centros comerciales. Así, no me extrañaría que el día menos esperado aparezca cerrado el Sanborns de División del Norte, en la antigua glorieta de la Riviera, si no es que ya lo está. Algunas tiendas eran realmente enormes, tanto que donde antes había una ahora hay dos o más restaurantes como el caso de Moliere y Ejército Nacional donde han abierto un Hooters y al lado otro. Y en el Ángel abrieron el primer local de una famosa cadena de hamburguesas aunque sólo en una parte por lo que todavía queda mucho espacio para instalar algunas otras tiendas o restaurantes. Entre los Sanborns que sobreviven y que esperemos no cierren, está el de la Casa de los Azulejos, que sin duda es su tienda más emblemática.

Gracias a su ya centenaria historia, es ineludible que los Sanborns estén estrechamente vinculados con nuestra vida diaria e incluso con la literatura mexicana del siglo XX. Un par de años atrás, gracias a un amigo escritor español, pude convivir unos días con Fangoria, el grupo musical conformado por Alaska y Nacho Canut, a quienes mi madre escuchaba como Alaska y Dinarama cuando yo era niño. Un día caminando por la Roma, Alaska y su esposo, Mario Vaquerizo, se nos separaron porque, dijeron, querían ir a un Sanborns. ¿Al Sanborns?, me pregunté extrañado. ¿Qué visita extranjera tendría en su plan ir a un Sanborns? Luego supe que una de las aficiones de ella cuando viene a México es meterse a una de estas tiendas para comprar todo tipo de chucherías y hojear revistas. Justamente como cualquier mexicano (Alaska vivió su adolescencia aquí así que es otra de las españolas más mexicanas), que los usamos hasta para entrar sólo al baño, como sucede en Coyoacán en fines de semana.

A este Sanborns de La Fragua que ya mencioné venía a refugiarse el poeta gay Luis Cernuda. Una de sus mayores aficiones era ver películas, así que tal vez antes o después de ir al cine Magerit (luego Variedades), al Arcadia o a El Roble, el poeta solitario se sentaba a los pies de los murales de Tamayo a tomar martinis mientras cavilaba sobre la amargura de su vida o a escribir mentalmente sus extraordinarios poemas; luego emprendía la caminata de regreso a su casa hasta Coyoacán. Con el cierre del lugar, los murales de Tamayo fueron llevados al Museo Soumaya, de Polanco, en cuyo lobby fueron colocados y, como todo en ese museo que no tiene museografía, ni discurso ni nada, están en el lugar donde menos pueden apreciarse.

El Sanborns de Chilpancingo, que estaba en la esquina de Insurgentes y Aguascalientes, es una referencia indispensable en El Vampiro de la colonia Roma, la novela de Luis Zapata. Esta novela de Zapata fue la primera en la literatura mexicana que presentó a un personaje gay viviendo su sexualidad sin conflictos existenciales y habló abiertamente de la vida gay underground a finales de los años setenta. Entre las cosas que contaba, una en particular era llamativa pues revelaba que los baños de los Sanborns eran el epicentro del ligue y el cruising. Además, el Sanborns de Chilpancingo estaba en lo que, según El vampiro…, se conocía como “la esquina mágica” donde se podía ligar discreta y clandestinamente siguiendo un ritual: algunos se paraban allí mientras los coches venían sobre Insurgentes, daban vuelta en Baja California, volvían a dar vuelta en la calle Chilpancingo y finalmente vuelta en Aguascalientes, así hasta que el parado y el conductor intercambiaban miradas y, si se gustaban, uno invitaba al otro a subirse y se iban sigilosamente como si nada hubiera pasado. Por contar todo eso, durante mucho tiempo estuviera vedada la venta de El vampiro… en los mostradores de los propios Sanborns.

Parte del éxito de estas tiendas es que tienen en un mismo lugar prácticamente todo lo que uno pueda necesitar. No he encontrado información en la web sobre estos cierres, pero creo que no cerraron esas sucursales por ser un fracaso comercial, sino quizás todo forma parte de un plan de negocios y en lugar de tener una sola tienda enorme ahora pueden tener dos o más, mientras mantienen las más cafeterías de 24 horas y las tiendas en los malls. No ha sido mi intención promocionar esta cadena, más bien al cerrar algunas me doy cuenta de lo necesarias que se han convertido. Aunque a muchas personas no les gusten, juegan un papel fundamental en la dinámica de nuestras vidas pues son un punto fácil para encontrarnos con alguien, comprar chocolates o medicinas, ir por unas típicas enchiladas suizas, aprovechar el dos por uno en el bar mientras suena alguna canción decadente con teclado y voz impostada o fungen como librería en algunas ciudades de provincia donde hay muy pocos locales donde comprar libros… por eso que desaparezcan unos cuantos es como si la ciudad perdiera poco a poco esas referencias de sus colonias o avenidas.

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