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¿Es mejor hacer un trío con una pareja o con desconocidos?

¿Es mejor hacer un trío con una pareja o con desconocidos

¿Es mejor hacer un trío con una pareja o con desconocidos?

Todos hemos fantaseado en ocasiones con hacer un trío, una orgía o cualquier polvo con más de dos miembros en la cama. Pero hay maneras y maneras de hacerlo. No es lo mismo quedar a ciegas con dos personas desconocidas a quedar con una pareja ya formada, o ser miembro de una pareja y buscar ampliar las perspectivas del deseo. Ante la diversidad de opciones que nacen cuando uno se plantea follar en multitud, repasamos algunas de las situaciones que pueden darse cuando uno se lanza a incluir un tercer miembro entre las sábanas.

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Faltan dos para trío

Abundan en Grindr o en otras aplicaciones para ligar la presencia de parejas que, una vez ya explorada la sexualidad entre dos, necesitan incluir un tercero en alguna de sus noches. Se ofrecen bajo el Nick de “somos dos”, y este título ya lo dice todo: nadie es prescindible en la ecuación. Son los dos, y hay que aceptar el pack al completo si se quiere tener sexo. Es bastante probable que solo uno de los dos sea el que te atraiga, que solo quieras follar con uno y el otro incluso te produzca cierta repulsión. Pero son dos, y el contrato incluye a ambos miembros. Aunque a veces, la atracción del primero basta para lanzarte a quedar con esa pareja que vive a unas manzanas de tu hogar.

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Al quedar con una pareja, uno no queda únicamente con dos personas en lugar de con una. Queda con una estructura ya formada. Ellos tienen ya sus roles diferenciados y asumidos, sus fetiches, sus gustos. Y el que llega con la novedad normalmente es absorbido por la fantasía de la pareja, se convierte en una muleta para dar rienda suelta a muchos de los deseos inconscientes que ambos miembros comparten. Pero no por ello va a ser marginado: al contrario, el tercero es el aliciente de todo, el que justifica el polvo, el aquí y el ahora. Es más fácil que sea uno de los miembros de la pareja el que se sienta excluido que el tercer miembro, pues el visitante es aquí el protagonista y el que va a ser cuidado y explorado a fondo en la relación sexual.

¿Es mejor hacer un trío con una pareja o con desconocidos

Falta uno para trío

La otra posición es ser parte de ese “somos dos”, y buscar el tercero que pueda sacudir las rutinas de una relación. Todo suele comenzar con un: “¿has hecho alguna vez un trío?”, lo que pasa a “¿te apetecería hacerlo?”, lo que lleva directamente a una sesión de fotos eróticas de los dos. Retrato de pareja, fotos de cuerpos desnudos y fotos follando: se necesita un buen reportaje fotográfico para atraer a los visitantes.

Un trío puede ser un buen método para revitalizar el sexo en una relación, para explorar nuevas formas del deseo. Pero, a la vez, puede ser el mayor síntoma de ciertas cosas que no funcionaban en la relación, y en pleno acto sexual se notan. Si tu novio se enzarza más con el tercero que contigo y te sientes excluido, o tú marginas a tu novio por la novedad, o se crea una suerte de competición por atrapar al visitante, puede ser un signo de que algo falla. Por eso, formar un trío puede ser una buena manera de hacer visibles los relatos más ocultos y secretos de la relación.
Un trío a ciegas

La otra opción es evitar estructuras ya cristalizadas y quedar con gente desconocida. Todo comienza con una conversación entre dos y, al proseguir con la charla erótica y calentarse la conversación, se sugiere la idea de incluir un tercero en el plan que parecía de dos. Habitualmente, esta triangulación se debe a un motivo: dos hombres se atraen y descubren, después, que no coinciden en rol sexual, pues ambos son activos o ambos son pasivos. Por lo tanto, se requiere buscar un tercero que pueda solventar el problema de la penetración. En ese caso, los dos activos buscan su pasivazo (siendo la doble penetración aquí la fantasía absoluta) y los dos pasivos buscan su activazo.

En estos tríos a ciegas, la incertidumbre es total, pero es una incertidumbre compartida pues nadie se conoce previamente. Se experimenta la sensación de tabula rasa, y de que todo es posible: uno se siente libre porque sabe que no hay lazos que aten a ninguno de los ángulos del triángulo, y por eso, se fluye más. Quizá, de nuevo, alguien se quede marginado, pero no importa, porque nadie se conoce. Si sale mal, lo habitual es culminar el polvo, salir de la casa ajena y olvidar a los otros dos con los que se ha compartido la noche. Si sale bien, es el momento de guardar el contacto y tratar de cuadrar, de nuevo, una cita entre tres. Así se va construyendo un ménage à trois con una confianza cada vez más sólida entre los tres.

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