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Relatos gay

Ex convicto

Quien no se ha deleitado el paladar por un buen trozo de hombre. Le succioné hasta la última gota de hombría que poseía. Sólo quería darle una buena bienvenida.

Zona norte de la República Mexicana, las vacaciones han terminado, estoy por tomar el autobús que me llevará de regreso a mi vida cotidiana en mi casa, en la universidad. Una fila de hombres vestidos de manera similar, pantalones deportivos de color gris con una playera blanca, llaman la atención entera de los que estamos en la central de autobuses, los acompaña un oficial de aduana mientras esperan el autobús indicado.

A juzgar por lo que hablan entre ellos, parecen ser inmigrantes deportados del país Norteamericano.

Sentado estoy en el asiento marcado numero doce, a mi derecha tengo un ventanal, a la izquierda uno de esos sujetos deportado, es un hombre de aproximadamente 34 años de edad, piel morena, cabeza rapada, una barba des alineada, en resumidas cuentas, un señor normal.

Las luces del interior del camión se apagan, los televisores encienden proyectando una mala película ya pasada de moda. A pesar de que son las 23:00 horas escucho algunas personas hablando, se llaman por apodos, parece que todos ahí se conocen.

Los pasajeros nos ponemos cómodos, reclinamos los asientos, algunos desabrochan sus zapatos, otros extienden una pequeña cobija, en fin, ha descansar se a dicho.

He tomado mucha agua, la temperatura es baja dentro del autobús, una sensación me avisa que tengo que ir a orinar, quiero salir pero el respaldo de los asientos de enfrente están muy abajo impidiéndome salir con facilidad, decido avisar que saldré a mi compañero de viaje pero noto que se ha dormido, maldigo en mi mente mientras salgo lo más lento posible del asiento evitando despertar al hombre que duerme, hacer esto sobré un autobús en movimiento no es tarea fácil, resbalo de una mano haciéndome perder el equilibrio, por accidente toco la pierna del pasajero haciéndolo despertar.

-Disculpe- le digo, mientras me reincorporo saliendo hacia el pasillo.

Parece que se ha molestado, no dice nada, se reserva a sólo verme al mismo tiempo que entrecruza sus brazos.

Camino por el pasillo del ómnibus, la visibilidad es casi nula, sólo entra poca iluminación por los ventanal, algunos pasajeros me ven, no sé si ando despeinado o se han dado cuenta de la “metida de pata” que he hecho con mi compañero de asiento. Voy de regreso pensando en como sentarme si molestar de nuevo al hombre, sujeto el respaldo del asiento de me deslizo caminando de lado, con pequeños pasos para no pisar al individuo mientras le doy la espalda.

-Con cuidado niño- susurra mientras sus manos me toman de las caderas acercándome ligeramente a ÉL

El corazón se detiene y salta bruscamente al mismo tiempo, el aliento se me escapa pero trato de guardar la compostura.

-Gracias- le contesto con amabilidad.

Finjo ver la película, saco unas galletas intentando parecer normal, trato de despejar la mente, observo despistadamente al chico y lo primero en lo que me fijó es en su bulto de entrepierna, se ve grande, eso me pone más caliente comenzando a sentir que la piel arde, doy un sorbo de agua, trato de concentrar la mente en la estúpida película. Él también sigue despierto y a juzgar por las voces, algunos pasajeros más.

Trato de salir de mi asiento nuevamente para ir al sanitario, Él lo nota y trata de salir el también para darme paso pero me le adelantó impidiéndole levantarse, al deslizarme de espaldas hacia Él, me inclino un poco más rozando intencionalmente mis nalgas contra su zona genital, Él no se mueve ni dice nada. Al regreso hago lo mismo pero intuyo que no le parece.

Han pasado cuatro horas de camino, la película se ha acabado, por la ventana solo se ve carretera, monte y algunas casas a la orilla, dentro del autobús una luz a las orillas del pasillo ayudan a la visibilidad.

Volteo, mi acompañante de viaje duerme cual niñito cansado, le observo la entrepierna, parece ser víctima de una erección nocturna, me prendo con rapidez al ver esa escena erótica imprevista, se me antoja tocarla, se me antoja probarla, pero el miedo a que despierte y me agarre a golpes me detiene momentáneamente. Me arriesgo, me aclaro la garganta fuerte para haber sí con el ruido despierta, pero no es así, aprovecho los movimientos del autobús en marcha y muevo su pierna con la mía pero tampoco reacciona, ¡manos a la obra!.

En el par de aciertos once y doce nos encontramos un desconocido y Yo, un Joven excitado por el momento y las circunstancias. Mi mano se desliza lentamente con dirección a lo que parece una espléndida erección, lo hago de una manera realmente cuidadosa, el dedo índice de mi mano izquierda es el primero en tener contacto con eso, al tacto es duro, lo rozo con mucho cuidado para no despertarlo, poco a poco voy teniendo más confianza, recorro mi mano por el montículo masculino. Los bruscos brincoteos del camión hacen que sin querer lo toque bruscamente y ni así despierta.

Ese toqueteo es fantástico pero anheló tener contacto piel con piel, deslizo los dedos en busca del elástico del pantalón, lo localizo y decido introducirme lento, constante y sutilmente, paso por una zona de vellos gruesos y abundantes jugueteando con ellos no demasiado para no cometer el error de jalarlos demasiado. He llegado hasta lo que quería, toco la gran polla, es caliente, gruesa y palpita, palpita realmente, salta parece no querer que la toque, el hombre del asiento once hace un movimiento como anunciando que despertará, saco bruscamente mi mano de sus cálidos y excitados genitales cerrando los ojos para fingir estar dormido. Abro los ojos, el asiento del extraño se encuentra vacío, creo que se ha dado cuenta de mis acciones y ha decidido cambiarse de lugar. Mis pensamientos saturan el cerebro, sólo pienso en que regresara y me agarrará a golpes, ruego por que sólo se cambie de lugar y me ignore por el resto del camino.

Nunca en mi vida estaré más sorprendido como esa noche, el forastero regresa tomando asiento en su lugar, junto a mí. Levanta el bracero que separa nuestros asientos, se rasca los genitales y se cruza de brazos, no se sí eso era extraño o si el brasero le molestaba, o tal vez me estaba dando entrada.

Aún con miedo esperé como veinte minutos para volver a tocarlo, introduje mi mano en su pantalón e hice algo más arriesgado, le saque la verga junto sus testículos, la poca luz me impedía apreciar esa gran polla humana pero por medio de tacto si y ¿porque no?… también por el gusto.

El pene estaba blando aún, le di masajes lentos, masajes rítmicos y poco a poco tomó su consistencia dura, muy dura, tanto que me excitó de nueva cuenta, separé mis labios y me la introduje en la boca, su sabor… Delicioso, un poco sudada pero al cabo muy deliciosa, la cabeza del glande es simplemente fascinante. Subo y bajo la cabeza haciendo ficción mis labios con su verga de almenos 16 centímetros, una verga tan dura como el concreto, lengüeteo y su cuerpo responde con contracciones, me doy cuenta que también al igual que Yo lo gosa a lo grande.

Escucho un chisteo, alguien esta despierto aún, me paralizo inmediatamente dejando de comerme la verga de este hombre desconocido, levanto la mirada para averiguar de donde viene ese sonido. Un salto hace incorporarme al asiento, entro en cuenta que uno de los tipos del autobús que se encuentra del otro lado del pasillo me ha esta observando desde quién sabe cuánto tiempo, le observo pero no parece sorprendido, por el contrario alcanzo a ver que se soba sus genitales mientras me ve, entro en cuenta que goza de lo lindo al verme comer la polla del que seguramente es su compañero o al menos conocido, la situación es vergonzosa para mi pero más aún excitante, lo veo y me inclino de nuevo a seguir mamándole el falo a mi desconocido, le mamo con tanta enjundia que ya no me importa que se me escape algún sonido ocasionado por mi boca, volteo y veo al tipo del otro lado del pasillo y más le mamo con mayor intensidad. Subo, bajó y vuelvo a subir repetidas veces, es lo más intenso que he hecho en mi vida. Saco la lengua y me introduzco bruscamente la verga, le chupó la cabeza del pene con mis labios y succiono, succiono de nuevo y mi desconocido amigo gime sutilmente, lo vuelvo a hacer, succiono pero ahora con más ímpetu, Él gime otra vez, estira sus piernas y las pone rígidas, vuelvo a succionar y lengüeteo a la vez.

Chorros y chorros de espermatozoides me imbaden la boca, los trago y sigo succionando, trago y chupo de nuevo, los labios aprisionan su gran polla, no dejo desperdiciar su semen, succiono y succiono para extraer hasta la última gota de semen, succiono con fuerza causándole una inmensa contracción.

Todo ha terminado, estoy tan fascinado con la escena en la que he sido el protagonista y lengüeteo esa verga aún erecta para comerme todo lo que se está embarrado, lamo y lamo hasta dejar completamente limpio, le guardo sus genitales dentro del pantalón, volteo a ver al mirón le sonrió y me dispongo a descansar después de una buena tragada de semen.