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Guía para pasárselo como Ribéry en la Oktoberfest de este año

El pasado sábado, a las 12 del mediodía y con puntualidad germana, Dieter Reiter, el alcalde de Múnich, empuñó su enorme mazo de madera para encajar a golpes el grifo del primer barril de cerveza de la Oktoberfest en la carpa Schottenhammel. Ningún alcalde ha sido capaz de “pincharlo” de un solo golpe (el récord está en dos, igualado este año por el propio Reiter) pero, si no tiene el día atinado, le puede llevar hasta 19, como le ocurrió a Thomas Wimmer en 1950, que aún es recordado por ello. Por supuesto, hay más apuestas al respecto que en un Bayern-Borussia. Después de que el grifo llenó la primera maß (esas enormes y gloriosas jarras de un litro), se gritó al viento “O ‘zapft is!” (¡Ya está abierto!) y doce salvas de cañón dieron permiso para que la cerveza corriera por doquier. No hay nada más alemán ni civilizado que esto.

La primera Oktoberfest fue algo improvisada y tuvo lugar después de que se invitara a la plebe a tomar parte de los festejos con motivo del matrimonio del príncipe Luis I de Baviera con la princesa Teresa de Sajonia-Hildburghausen en 1810. Se determinó entonces que juntar a un montón de gente en un prado a beber cerveza invitaba a la felicidad y al bienestar general, y que quizá era una buena idea repetirlo una vez al año. También se celebraban carreras de caballos, pero eso era lo de menos.

Han pasado dos siglos desde aquello y la festividad, que se prolonga durante más de dos semanas, sigue gozando de una salud envidiable. Múnich recibe más de seis millones de visitantes durante los días que tiene lugar y se consume el equivalente a más de un litro del líquido dorado por persona. Dicha cerveza, por cierto, sólo puede ser servida si cumple con la Reinheitsgebot (Ley de pureza de 1516). Decretada por Guillermo IV de Baviera, la ley establecía que la cerveza solamente se debía elaborar a partir de tres ingredientes: agua, cebada malteada y lúpulo. Fue la primera regulación legal de un alimento y hay que tener en cuenta que precede en unos cuantos siglos al descubrimiento de Luis Pasteur en 1880 de las bondades de la levadura en la fermentación.

La Oktoberfest es una buenísima excusa para viajar a Baviera, pero, si te es imposible desplazarte, debes saber que en España cada vez tiene más arraigo. Especialmente en Madrid, donde se destinan recintos masivos como el Palacio Vistalegre y el WiZink Center para acoger eventos.

El primero de ellos, el de Vistalegre, arranca el 21 de septiembre, dura hasta el 1 de octubre y lo organiza Paulaner, probablemente la cervecera más icónica de Múnich y la que más vende entre las seis certificadas de la región. Para respetar la tradición germana, comenzará con la apertura del barril, que en esta edición correrá a cargo del seleccionador de baloncesto Sergio Scariolo y de Pepu Hernández, que estuvo en el cargo cuando España se proclamó campeona del mundo en Japón.

Se prevé la asistencia de 30.000 personas, que pueden hacer sus reservas de forma gratuita a través de la web, entre otras modalidades de entrada. “Las cifras estimadas para esta nueva edición son espectaculares”, comenta Javier Talavera, director de Grupo Restaurantes LAFÁBRICA y encargado del menú basado en especialidades importadas alemanas. Se servirán 30.000 salchichas, 10.000 bretzels, 10.000 codillos, 5.000 ensaladas, 5.000 pollos asados y 45.000 litros de cerveza Paulaner Oktoberfestbier, una variedad que se elabora únicamente para ser consumida durante la Oktoberfest de Múnich desde hace dos siglos y que es “la número uno en volumen, vendiendo casi la mitad de los litros que se consumen durante la fiesta”, según comenta Pablo Mazo, director de Relaciones Institucionales de Heineken España. Destaca por su equilibrio entre el dulzor de la malta y el amargo del lúpulo.

La del WiZink Center (antiguo Palacio de los Deportes), por su parte, tiene lugar entre el 5 y el 7 de octubre y está organizada por el grupo Mahou San Miguel. La principal novedad de esta edición es la incorporación de la prestigiosa cerveza alemana König Ludwig, variedad que dio lugar al nacimiento de la Oktoberfest de Múnich en 1810 (sí, es la misma que se se sirvió en la boda del Rey Ludwig con la princesa Teresa) y que llega por primera vez a su homóloga madrileña.

La receta ancestral se sigue respetando en la actualidad y sus ingredientes se ajustan estrictamente a lo que dicta la Ley Alemana de Pureza de 1516. Ha sido galardonada en numerosos certámenes internacionales, como los World Beer Awards, llegando a ser designada como la ‘cerveza prototipo de trigo bávaro’. Es refrescante, con un amargor equilibrado que no persiste en boca.

Otra cerveza que cumple la ley de pureza alemana, la Warsteiner Premium Verum, también estará disponible. Así como variedades de otros países, como la belga Grimbergen, y también habrá espacio para las craft, como la All Day IPA de Founders Brewing y la Passiflora de Nomada Brewing. Todas ellas acompañadas de la tradicional oferta gastronómica bávara, que incluirá las mejores variedades de salchichas alemanas (Bockwurst, Bratwurst y Nurenberger), codillo o pretzel, entre otros platos. Se puede reservar mesa aquí.

La Oktoberfest en Barcelona se celebra unos días después, entre el 11 y el 22 de octubre, en una carpa en la Plaza Universo de Fira, junto a Plaza de España, donde también se podrá probar la Paulaner Oktoberfestbier. El acceso es gratuito, pero el aforo es limitado, por lo que es conveniente reservar aquí. Y para el resto de España, la gira Oktoberfest Olé! pasará estos días por Valencia (21 de septiembre al 1 de octubre), Zaragoza (6 al 22 de octubre) y Bilbao (26 de octubre al 5 de noviembre).