Portada Hablemos claramente de nuestra homosexualidad
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Hablemos claramente de nuestra homosexualidad

Hablemos claramente de nuestra homosexualidad

Hablemos claramente de nuestra homosexualidad

‘El Público’ de Federico García Lorca, en versión de Alex Rigola.

“Difícilmente recuperaremos el tiempo perdido si seguimos creyendo en la validez de las estrategias utilizadas para someternos. La visibilidad lo es todo. Si no nos ven, si no nos manifestamos, no existimos. Y si no existimos, otros contarán nuestra historia.Dirán que somos enfermos, pervertidos o delincuentes”. 

Lo he expresado tantas veces que siento que, cuando lo repito, mi mente desconecta y deja que el subconsciente pronuncie el enunciado sin temor a error u omisión. Pero la realidad, siempre ingrata, me devuelve a la arena con un golpe seco, como si algunas opiniones fuesen lanzadas con un mate desde la raqueta de Rafa Nadal.

En este mismo medio escribí, hace cinco años, un artículo titulado Mi vida privada.En él explicaba que nuestra sexualidad, la de gais y lesbianas, entendida como ese conjunto de características físicas y psicológicas que definen nuestra relación afectivo sexual, no debería formar parte de nuestra vida privada. Especialmente porque ningún hombre cisgénero y heterosexual se ha planteado jamás que su atracción por las mujeres sea un rasgo que debe proteger en su privacidad. De hecho, su vida está llena de detalles que les han permitido visibilizarse sin conflicto alguno, con la naturalidad del que nunca ha sentido que habitase el margen. Desde el piropo del andamio hasta la foto de la pareja encima de la mesa del despacho pasando por esas conversaciones de máquina de café en las que, habitualmente, dejan que su tendencia sexual brote con solo cruzarse con esa compañera que está tan buena y a la que todos aprueban con una mirada de complicidad que les hermana en la testosterona.

Con la mujer cis y hetero sucede parecido; mira a un chico que está bueno y lo celebra visiblemente. Quizá en su caso juegue un papel importante la particularidad de que esta sociedad, cimentada sobre siglos de machismo, juzga mal a la mujer que vive abiertamente su deseo afectivo sexual pero, por suerte, eso está cambiando con cada nueva generación. En cualquier caso, hombres y mujeres cis y hetero no tienen ningún conflicto en expresar su relación con el sexo contrario a la mínima de cambio. Para ellos y ellas es tan natural como hablar de si digieren bien el brócoli o si llegan al trabajo en transporte público o no. Sin embargo, gais y lesbianas nos hemos atrincherado en la excusa de que nuestra orientación sexual pertenece a nuestro ámbito privado y es un error que solo sirve para perpetuar la clandestinidad a la que una parte de esta sociedad, cada vez menor, nos condena.

Han pasado cinco años de aquel artículo y me encuentro, hace una semana, con una entrevista a una famosa presentadora de televisión que decía que hablar de la orientación sexual de una persona era ilegal y no lo iba a permitir en su programa. Repetí en Twitter lo que he defendido en los párrafos anteriores y observé, con estupor, que una importante cantidad de gais y lesbianas criticaban mi opinión reafirmándose en que el simple hecho de que sintiesen una atracción afectivo sexual por una persona de su mismo sexo era una cuestión que afectaba a su privacidad. Como el número de su tarjeta de crédito. Y me preocupé porque difícilmente recuperaremos el tiempo perdido si seguimos creyendo en la validez de las estrategias utilizadas para someternos.

La visibilidad lo es todo. Si no nos ven, si no nos manifestamos, no existimos. Y si no existimos, otros contarán nuestra historia. Dirán que somos enfermos, pervertidos o delincuentes. Solo cuando nos ven es cuando quebramos el relato. Creo que en ese aspecto no podemos no estar de acuerdo.

Pero lo que sospecho que se filtra en esos comentarios que defienden la privacidad de su orientación afectivo sexual tiene más que ver con la relación que tiene uno mismo con su propio deseo que con la relación de terceros con nuestro deseo. No sé si me explico. No se trata de hacer outing. Creo que la salida del armario es una responsabilidad individual y nadie tiene derecho a empujarte. Se trata de sentir que tu orientación sexual es legítima. Y no estamos afirmando eso cuando usamos el término de la privacidad para protegernos. Concebimos refugio como privacidad en lugar de privacidad como intimidad. Y lo que subyace debajo de todo eso solo puede ser miedo o vergüenza. Y, en el segundo caso, directamente relacionada con la homofobia interiorizada.

Los rasgos que definen tu sexualidad, entendida como esa atracción afectivo sexual hacia el sexo contrario, hacia tu mismo sexo o hacia ambos, no es tu vida privada. El nombre y los apellidos de tu pareja, tus infidelidades, lo que te gusta o no en el sexo, tus técnicas de seducción, dónde lo haces y dónde no, sí es tu vida privada. Eso sí. Pero no comprendo por qué, en el caso de gais y lesbianas, nuestra atracción tiene que ser privada y en el caso de la población heterosexual, no. Porque ya se da por sentado que el hecho de que te guste el sexo contrario es lo correcto y, por lo tanto, puede visibilizarse sin conflicto.

Cuando esa presentadora afirma que es ilegal hablar de la orientación sexual de una persona lo que realmente está diciendo, más allá de estar en contra del outing, es que no se debe hablar de cualquier otra orientación sexual que no sea la estándar. Y eso, ahora mismo, en España, me parece peligroso. Estamos luchando para evitar esa presunción de heterosexualidad que parece que llevemos instalada en el cerebro nada más nacer y ese tipo de afirmaciones, como las de la presentadora, quiebran esa responsabilidad social de romper barreras, de vencer el miedo, de visibilizarnos, y legitiman la clandestinidad como refugio. Y solo necesitamos un refugio cuando fuera corremos peligro. Y si hacemos creer a los menores y adolescentes gais y lesbianas que corren peligro, cuando han nacido en un país con leyes a favor de la diversidad, con referentes, con discursos inclusivos, volverán a esconderse. Y si nos escondemos, por miedo, volveremos a ser invisibles y todo lo construido durante años no servirá para nada.

No pretendo obligar a nadie a cambiar de opinión pero me bastaría con que mi argumentación nos ayudase a reflexionar un instante. Con eso, ya me vale.

 

Fuente: El Sombrario