Portada Jon Stryker, el mecenas de los gays
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Jon Stryker, el mecenas de los gays

 

Está considerado el millonario más comprometido con el movimiento pro LGTB, en base a los 294 millones de euros que ha donado

 

No hay estrato social ni gremio ni religión sin su icono fuera del armario. Entre el 1% más rico exhiben su orgullo decenas de adinerados del mundo. Sobre todo varones y de cultura occidental. Pero una cosa es dar la cara y otra poner el dineroy, en esa galería de elegidos, son menos los que pueden presumir estos días de curriculum.

Al empresario Jon Stryker (1958) le odian muchos estadounidenses. Millones de católicos, por ejemplo, agrupados en decenas de organizaciones como la American Family Association o la Sociedad para el Estudio Científico de la Religión, que consideran que es el primer gran culpable de que en una generación de compatriotas se sacuda la homofobia gracias a los programas educativos que financia. Tampoco le quieren bien en la Casa Blanca ni entre las huestes más esquinadas del Partido Republicano.

Con una fortuna de 2.700 millones de dólares (Forbes, 2017), unos 2.300 millones de euros, en Estados Unidos Stryker está considerado como el millonario más comprometido con los derechos civiles y la lucha por la igualdad legal y el respeto LGTBI. En millones, ese compromiso se cifra en 336 millones de dólares (294 de euros) desde el año 2000, cuando creó su propia organización, la Arcus Foundation. El año que cambió su vida. El año que salió del armario.

Stryker es arquitecto colegiado y biólogo pero, sobre todo, es un rico de cuna. Heredó un fabuloso patrimonio en forma de acciones en una multinacional de material sanitario, la Stryker Corp., con sede en Kalamazoo (Michigan), su ciudad natal. Su abuelo, el cirujano Homer Stryker, patentó un modelo de cama hospitalaria móvil, con ruedas y accesorios, que hoy es un estándar en la sanidad y a la que siguieron otras invenciones. Hoy, la compañía está valorada en 52.000 millones de dólares (unos 45.000 millones de euros).

Arcus Foudantion lidera las donaciones al movimiento LGTBI en Estados Unidos, un país con parte de la sociedad muy comprometida con la causa y otra gran parte activamente en contra, donde el matrimonio homosexual es legal sólo desde 2015 y gracias a una sentencia de la Corte Suprema.

“Los derechos LGTBI forman parte del espectro de los derechos humanos”, sostiene Stryker en cada aparición pública. Según el último estudio de LGBTI Funders, en 2015 Arcus donó 14,1 millones de dólares (12,3 de euros), por delante de la Ford Foundation (10,2 millones de dólares, 8,9 de euros) y la Gill Foundation (9,6), las tres instituciones del país que más fondos inyectan al movimiento LGTBI. En su web, Arcus afirma que esa cantidad asciende a 18,5 millones (16,2 millones de euros), repartida entre 206 microdonaciones.

Lo que más irrita a las organizaciones homófobas de EEUU que critican la naturaleza de sus actividades es que éstas forman parte de una carrera de fondo. Una de sus batallas -y de sus éxitos- es la introducción de contenidos educativos asociados al respeto a la identidad sexual y los derechos del colectivo LGTBI en los programas educativos.

“Están secuestrando la agenda de nuestros estudiantes”, se quejan los think tanksmás conservadores, en relación, entre otras cosas, al llamado Día del Silencio, que se celebra cada abril en miles de escuelas y que promueve la concienciación de los alumnos contra el bullying y la discriminación sexual.

LÍDERES Y PRIMATES

Arcus maneja un patrimonio neto de 168 millones de dólares (147 de euros), gran parte invertidos en Bolsa, tiene su sede en Nueva York y una delegación en Cambrigde (Reino Unido). Cada año, la ciudad de Kalamazoo espera casi con avidez el anuncio de la próxima donación de la familia Stryker. Allí, en el colegio señero local, abrió hace casi una década el Arcus Center for Social Justice Leadership, dedicado a la educación de líderes formados en el respeto y la igualdad. El año pasado, los hermanos Pat y Jon Stryker donaron 10 millones de dólares (8,7 de euros) para relanzar la construcción en Alabama del National Lynching Memorial, un museo que recuerde a las víctimas de los linchamientos raciales que tiene respaldo, entre otros, de Google in. Y este año, ha donado 1,2 millones al parque nacional de las Islas Vírgenes de EEUU (junto al paraíso fiscal británico en el Caribe del mismo nombre), donde tiene casa.

Arcus destina, además, más de un tercio de sus fondos (10 millones en 2015) a otro fin, la conservación de los grandes primates, tanto en libertad como en cautividad. De ahí que Arcus sea una de las voces más críticas con la industria agroalimentaria en Camerún, Liberia y Borneo y la minería en el Congo.

Un subtipo de colobo, el Rhinopithecus strykeri, que habita en el norte de Myanmar, lleva su apellido. Stryker también es cofundador de los santuarios de primates Ol Pejeta, en Kenia, y Save the Chimps, una comunidad de 250 chimpancés en Florida.

Según Forbes, Stryker está divorciado y tiene dos hijos. Su pareja es el arquitecto y fotógrafo Slobodan Randjelovic. En la memoria de Arcus, Stryker figura como residente en Manhattan, a pocas manzanas del Empire Stat

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