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La suerte desempeña un papel en la evolución del lenguaje

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En un nuevo estudio publicado en ‘Nature’, investigadores en lingüística y biología humana han unido fuerzas en la Universidad de Pensilvania (Penn), Estados Unidos, para resolver un problema esencial de cómo evolucionan los idiomas: determinar si los cambios en el lenguaje ocurren por casualidad o por una fuerza selectiva. Examinando colecciones sustanciales de textos que datan de los siglos XII al XXI, los científicos encontraron que ciertos cambios lingüísticos fueron guiados por presiones análogas a la selección natural –sociales, cognitivas y otros factores- mientras que otros parecen haber ocurrido puramente por casualidad.

“Los lingüistas suelen suponer que cuando se produce un cambio en un idioma, debe haber habido una fuerza direccional que lo causó”, dice el autor principal del artículo, Joshua Plotkin, profesor de Biología en la Escuela de Artes y Ciencias de Penn. “Mientras, proponemos que los lenguajes también pueden cambiar solo por casualidad. Una persona escucha una variante de una palabra en lugar de otra y luego es más probable que la use. Pueden acumularse eventos de azar como éste para producir un cambio sustancial a través de las generaciones. Antes de debatir qué fuerzas psicológicas o sociales han provocado que cambie el lenguaje, primero debemos preguntarnos si hubo alguna fuerza”, añade.

“Uno de los grandes primeros lingüistas estadounidenses, Leonard Bloomfield, dijo que nunca se puede ver un cambio de idioma, que el cambio es invisible -recuerda Robin Clark, coautora y profesora de lingüística en la Escuela de Artes y Ciencias de Penn-. Pero ahora, debido a la disponibilidad de estos grandes cuerpos de textos, podemos verlo en detalle microscópico y comenzar a comprender los detalles de cómo sucedió el cambio”.

Plotkin y Clark se unieron a los autores principales Christopher A. Ahern, estudiante en el Departamento de Lingüística, y Mitchell G. Newberry, estudiante en el Departamento de Biología, para este trabajo. Así como los análisis genómicos requieren cantidades masivas de datos para ver señales de que un gen u otro ha aumentado en frecuencia en respuesta a una presión selectiva, este análisis lingüístico requirió una gran base de datos de textos escritos durante siglos para determinar el papel de la selección en el lenguaje evolución. Este recopilatorio es el resultado de generaciones de trabajo, en gran parte por lingüistas de Penn, para analizar textos escritos y anotar partes del discurso.

Los investigadores eligieron tres cambios bien caracterizados en el idioma inglés para evaluar los signos de selección. Un cambio es la regularización de los verbos en tiempo pasado. Utilizando el ‘Corpus of Historical American English’, compuesto por más de 100.000 textos que van desde 1810 hasta 2009 que han sido analizados y digitalizados – una base de datos que incluye más de 400 millones de palabras-, el equipo buscó verbos donde estaban presentes tanto las formas de tiempo pasado regular como irregular, por ejemplo, “dived” y “dove” o “wed” y “wedded”.

Identificaron 36 verbos así. Utilizando una técnica analítica que Plotkin y sus colegas habían desarrollado para detectar la selección natural en poblaciones microbianas, estudiaron la frecuencia cambiante de las diferentes formas verbales a lo largo del tiempo para concluir si uno había alcanzado el dominio debido a fuerzas selectivas o por casualidad.

Para seis de estos verbos, el equipo encontró evidencia de selección. En cuatro de estos casos, la selección favoreció la forma de tiempo pasado irregular. “Hay una vasta literatura y mucha mitología sobre la regularización e irregularización de los verbos – señala Clark-y mucha gente ha afirmado que la tendencia es hacia la regularización.

Pero lo que encontramos fue bastante diferente”.

De hecho, el análisis apuntó a casos particulares donde parece que las fuerzas selectivas están impulsando la irregularidad. Por ejemplo, mientras que un nadador hace 200 años podría haber “buceado” (dived), hoy diríamos que “se zambulló” (dove). El cambio hacia el uso de esta forma irregular coincidió con la invención de los automóviles y el aumento concomitante en el uso del verbo irregular que rima “driveV’drove”.

El uso de “quite” en lugar de “quiteed” es otro ejemplo que coincide con un aumento general en el uso de los irregulares “hit” y “split”. Mientras tanto, “split” ha adquirido un nuevo significado desde 1900: partir (to depart). “Si tienes un vecindario fonético con muchos verbos irregulares que riman, actúa como una fuerza gravitacional y hace que sea más probable que el tiempo pasado de otros verbos que riman se irregularice”, señala Clark.

A pesar de encontrar que la selección actúa en algunos verbos, “la gran mayoría de los verbos que analizamos no muestran evidencia de selección alguna”, plantea Plotkin. El equipo reconoció un patrón: la probabilidad aleatoria afecta más a las palabras raras que a las comunes. Cuando los verbos usados rara vez cambian, es más probable que se deba al azar; pero cuando los verbos más comunes cambiaban de forma, la selección era más probable que fuera un factor conductor.

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