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Las castañas, un tentempié sano para el otoño

Llega el clima otoñal y el olor a castañas asadas que se venden en los puestos callejeros invita a caer en la tentación de comer este delicioso fruto seco. Aunque está incluido dentro de esta categoría de alimentos, las castañas tienen unas propiedades nutricionales diferentes a otros frutos como las avellanas o las almendras.

Pese a la creencia popular de que las castañas engordan, este alimento contiene una proporción de agua cercana al 50 por ciento, como destacan especialistas del Grupo NC Salud. Los expertos en nutrición y bienestar aseguran que las castañas contienen muchas menos grasas que la mayoría de los frutos secos: “Alrededor de 100 gramos de castañas aportan entre 3 y 5 gramos de grasas, frente a los 45 gramos que aportan la misma cantidad de almendras, los 56,25 gramos que tienen las avellanas y lo 53 gramos que contienen los cacahuetes”.

Es decir, que el aporte de grasas de este fruto es 10 veces menor que el resto de su grupo y que contiene menos calorías. Mientras que un puñado de almendras, avellanas o cacahuetes tiene unas 600 calorías, las castañas solo aportan 200 calorías. Esto las convierte en uno de los tentempiés más sanos del otoño y que se pueden consumir con más frecuencia. Como apuntan los expertos de NC Salud, comer entre cinco y siete castañas al día solo supone el 10 por ciento de calorías que se recomienda ingerir durante el día.

Fuente natural de fibra

Además de su bajo aporte calórico, las castañas contienen muchas propiedades beneficiosas para la salud. Para empezar, las grasas que aportan a nuestro organismo son insaturadas y cardiosaludables. Por otro lado, las castañas son una fuente natural de fibra (contienen entre 6 y 7 gramos por cada 100), uno de los nutrientes más necesarios entre la población española, que no alcanza el consumo de fibra recomendado (entre 25 y 30 gramos). “La fibra favorece el desarrollo de la flora intestinal, la regulación del tránsito intestinal y de la absorción intestinal de glucosa y colesterol. Además, la fibra de las castañas mejora las defensas y ejerce un efecto saciante”, señalan los especialistas.

Esto se explica porque los hidratos de carbono que aportan son de lenta asimilación para el intestino, lo que provoca que el apetito se calme de forma prolongada y aumenten los niveles de energía.

¿Son aptas para todos? Entre las pocas contraindicaciones que tienen, los expertos explican que si se comen crudas pueden ocasionar molestias intestinales por los taninos que contienen, aunque estos se reducen progresivamente de 7 a 10 días después de ser recolectadas.

¿Cuál es la mejor forma de consumirlas? Los especialistas recomiendan cocinarlas en el microondas o al horno para reducir la cantidad de taninos y siempre desprovista de la piel marrón que se encuentra adherida por debajo de la cáscara.

“Las castañas son un tentempié ideal que se puede tomar solo (asadas en el horno o en el microondas) o en platos de comida o cena, por ejemplo, como ingrediente de ensaladas de otoño, como crema de castañas (ideal para una reconfortante cena de otoño), en un salteado de setas, como relleno de originales empanadas o canelones junto con verduras como la espinaca, la cebolla y la zanahoria”.