Portada Lecciones de estilo de Rafa Nadal, el número 1 del tenis mundial
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Lecciones de estilo de Rafa Nadal, el número 1 del tenis mundial

Revista Zero

Celebramos el renacer del ave fénix que quemó el pantalón pirata: estos han sido sus looks.

 

Cuatro veces número uno. Desde la última vez han pasado tres años, y dos de ellos han sido un pequeño infierno. Pequeño porque la mala racha de Rafa Nadal es relativa: en 2015 y 2016, sus peores años, no ganó ningún Grand Slam y acabó quinto y noveno en el ranking de la ATP, sus marcas más bajas desde 2004. Y las lesiones han estado ahí, machacando. Pero la mayoría de nosotros nunca llegaremos a ser novenos en nada, ni con optimismo olímpico. Nadal está desde ayer por delante de Murray y de Federer. El primero. El mejor. Con un par de pelotas (de tenis).

Si el boxeo es el arte de quitarse el hambre a golpes, como escribió Alcántara, el tenis es para Rafa el arte de zurrar a sus demonios a raquetazos. ¿Saben lo que era Nadal para la mayoría hace apenas un año? Una de esas fantasías enormes que tanto nos gustan; un verso que ya no podemos recordar y justo por eso nos parece más bello. Un mito, distante. Una cosa que fue muy buena pero que ya fue. De esos que tanto nos gustan. Y le dedicábamos pósters y crónicas que parecían obituarios. Pero él no quería ser un recuerdo y se levantó cuando ni siquiera necesitaba levantarse porque ya lo había ganado y demostrado todo. Nos equivocamos, él seguía ahí.

El tenista es uno de los mejores de la historia, pero mentiríamos si dijéramos que Rafa Nadal es un icono de estilo. Ni lo es ni lo necesita. Pero ojo, que no hay héroe del entretenimiento global (¿qué es sino el deporte moderno?) que no tenga sus propios códigos, sus pequeños éxitos. Y como todos los hombres tiene sus placeres estéticos (el reloj, los trajes, el pelo tal vez). Nadal fue una pantera con melena y pantalón quinqui; ahora casi podría jugar con corbata. Nunca será Federer, qué diablos, pero es Nadal y es nuestro y es el número uno.

Primera época: Como Tarzán

Una bestia asilvestrada, salida de la nada y con restos de acné. Debuta en 2001 y poco a poco araña puestos en la ATP. En 2003 acaba en el número 49, una locura teniendo en cuenta que dos años antes estaba en el puesto 1002. Pero ya comienza a dar muestras del estilo Nadal, ultra reconocible: el pañuelo en el pelo, ya bastante largo, y la ropa deportiva. A veces con camisetas anchas de colores y, también, las primeras sin mangas. De calle, Nadal no es distinto a como tú eras a esa edad. Las marquitas, los excesos.

Segunda época: El ‘Look Nadal’

Qué año 2005. Se estrena en el top 5 de la ATP y gana su primer Roland Garros. En julio de ese año ya es el número dos del mundo. Y aquí está el Nadal que todos recordamos si nos preguntan por él: los brazos como martillos neumáticos y esos pantalones pirata, bastante por debajo de la rodilla. No se quitaba la camiseta sin mangas incluso cuando se ponía sudadera, aunque eso parezca una contradicción en sí misma. Y podría no gustarnos pero marcó tendencia: esos pantalones estaban en todos los barrios y en todos los veranos.

Tercera época: Color y victoria

“Roger Federer es el amo y puede hacer lo que quiera”, decía Garbiñe Muguruza hace poco. Pero no: Nadal lo destrona en verano de 2008 y se convierte en número uno del mundo por primera vez. Es la época del pelo larguísimo, de colores imposibles en la pista (azules, naranjas, marrones, ocres), de estampados y fantasías (un pantalón tipo cargo para jugar). De gala, Nadal parece uno de esos niños actores de la España de los 70, de esos que luego sacaban discos también. Raciales, salvajes. Pancho en Verano Azul. ¿Pero qué importaba la ropa si además ganó un oro olímpico en Pekín?

Cuarta época: De traje y de corto

Entre 2009 y 2013 se subió a lo más alto del podio otras dos veces más. 141 semanas como número uno durante ese período, con Federer y Djokovic mareando de vez en cuando. Y nuestro Rafa comienza a refinar su estilo. En la pista de tenis, reduciendo el largo de sus pantalones y usando camisetas de manga corta (aunque no renuncia a colores y estampados); en la calle empezando a asumir trajes y actitud más madura. Fallaban muchas cosas, claro -esas proporciones- pero se atrevía incluso a posar junto a Federer y no salir mal parado del todo. Gloria con la raqueta, accésit en estilo.

Quinta época: Como un modelo

Entre 2014 y 2016 Nadal vive su época oscura. Oscura casi clara, porque en ningún momento bajó del top 10. Preocupado por las lesiones y por competir, se convierte en cambio en icono global de estilo e imagen de marcas. En la pista refina su look, reduce el color, todo es más austero, elegante y proporcionado. Con traje, por fin, encuentra su lugar y su talla. Bravo, Rafa. El año pasado pudimos hablar con él (en una entrevista para Vogue España) y lo explicaba: “Rafa Nadal es el mismo. Lo que pasa es que uno crece, cambia de estilo. Con lo que me veía cómodo con 18 o 19 años ahora ya no me veo”. El fénix estaba a punto de renacer, quemando para siempre piratas y miedos.

2017: El regreso

Jugó Wimbledon de blanco porque hay que jugar de blanco pero él llevó al límite la cantidad de colores y logos permitidos. Mucho carácter. Ese que le ha llevado a ser de nuevo el mejor, a ganar cosas imposibles. Está tranquilo y la máquina ha vuelto a funcionar. Austero con la raqueta y hombre sencillo fuera de ella: una camisa, unos vaqueros anchos, mocasines. Un blazer quizá. Y el otro día, contra Kyrgios, reconoció que hizo “un partido terrible”. Las cosas van mal cuando uno cree que es mejor de lo que realmente es… pero a Nadal no le pasa. Él sabe qué forma tiene la victoria y cómo huele el dolor. Merecido número uno, otra vez.

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