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Relatos gay

Los testículos de Arturo

Un encuentro escolar fuera del colegio se convierte en un descubrir de deseos reprimidos. Leo, el amanerado del salón hace lo impensable con Arturo, un joven con ansias de experimentar hacen mancuerna en un episodio que más que increíble es explosivo.

Donde todo comienza…

Apenas rebasaba mis catorce años de edad, cursaba el último grado del secundario, estaba en una escuela realmente sorprendente, llena de actividades divertidas, maestros realmente inteligentes, pero sobre todo repleta de chicos muy guapos. El tema de conversación favorito era el sexo,, todo giraba alrededor de esa palabra, hablaban de eso en incluso bromeaban al respecto por ejemplo se te caía algo al suelo, te agachabas a juntarlo y los típicos graciosos del salón de clases se te pegaban por detrás, en fin a ese tipo de bromas me refiero.

Martín el maestro que nos impartía la materia de Expresión Artística formó equipos al azar de tres integrantes cada grupo, esto para hacer un trabajo manual que valdría la calificación final del periodo. Al terminar la clase, no sabía lo que sentía, emoción o miedo, me había tocado como compañeros a dos de los más fastidiosos y molestos de la clase, Óscar y Arturo, este último era el que más me molestaba y se burlaban de mi diciendo que era “maricón”, “joto” o amanerado. Él era muy alto de estatura, de piel muy blanca, cabello rizado café claro, un buen trasero que a decir verdad me encantaba al igual que sus labios rosados y abultados en fin me caía muy mal pero al igual que a las chicas también me encantaba. Arturo era el más grande de la escuela, era muy tonto en el estudio, era su tercera vez cursando el mismo año escolar, creo que tenía 15 o 16 años de edad.

El fin de semana siguiente nos reunimos a fuera de la escuela para comenzar a hacer el trabajo pendiente, llegué y ahí estaban esos dos bravucones ambos con pantalones cortos, tenis y playera. Por lo cerca que estaba de la escuela decidimos ir a casa de Arturo ya que quedaba a sólo dos calles.

Estábamos ahí en su habitación haciendo el trabajo, me sentía bastante incómodo pues ellos no dejaban escapar oportunidad para “mufarse” de mi y de mis movimientos muy poco varoniles. El tiempo transcurre, comienza a oscurecer, tocan la puerta de la habitación anunciando que han venido por Óscar, un alivio experimenta mi organismo pues pienso que ya al menos el dúo de la burla se ha desintegrado por hoy.

Testiculos

Mis padres no llegan ya pasan de las 19:00 horas y entre nosotros no han tema de conversación, la habitación está en silencio total, un silencio bastante incómodo.

-¿Tienes novia?- le pregunto.

Me percato que he hecho una pregunta realmente estúpida intentando romper ese silencio que me incomodaba, pero creo que me ha salido mal.

-Si- contesta.

Noto como esa pregunta en cierta manera no le sorprende.

-¿Porqué lo preguntas? ¿Acaso te gusto?- Pregunta con una risa burlona.

-No, como se te ocurre- le digo.

El rostro se me torna de todos los colores habidos y por haber, me apeno, pero trato de guardar la postura para no exponer mi nerviosismo.

-He notado como vez a los otros chicos, estoy seguro que te gusta la verga- dice.

Trago saliva, los latidos del corazón están a su máxima potencia, y de pronto no sé que decir, no sé que hacer. Pienso en salir corriendo pero no puedo.

-No necesitas decirlo, por tu reacción has contestado mi pregunta- me dice.

Se levanta de la silla dejando a la vista un tremendo bulto que sobresale de sus pantolocillos cortos, parecía una carpa de circo. Se dirige a la puerta y le coloca el cerrojo.

-¿Por qué haces eso?- tartamudeo al preguntar.

-Es sólo por sí llega mi madre- susurra.

Desconcertado y nervioso le observo mientras hace una acción totalmente ¡mpredecible, baja de un solo tirón sus shorts causando que su gran miembro viril totalmente erecto saliera al descubierto con un gran salto. -Arturo, pero que…-

-Cállate “putito”- me dice interrumpiendo mis palabras.

Se acerca aún más, me toma la mano y la posa debajo de sus testículos como sosteniéndolos, unos testículos realmente grandes, unas bolas colgantes, rosadas y jugosos testículos, unas bolas ligeramente pobladas por pequeños vellos dorados, en resumidas cuentas eran como unas maravillosas canicas aterciopeladas.

Pierdo el lívido, se que en el fondo soñaba con un momento así, tener al chico más guapo del salón frente a mi, a mi disposición simplemente era algo que hasta ese momento sólo hubiera ocurrido en uno de mis más retorcidos sueños húmedos.

Saco la lengua y comienzo a dar un par de lengüetazos, lengüetazos para saborear esos testículos cubiertos de un escroto apetecible, mi lengua los recorre de extremo a extremo hasta me atrevo a lengüetear por detrás de los testículos casi llegando a su ano, Arturo reacciona ante tan bajo gesto, creo que le ha gustado, así que lo intento de nuevo, más, más y más veces hasta sentir mi cuello adormecido por la posición a la que lo someto. Hago una pausa y sigo de nuevo, tengo dentro de la cavidad bucal sus testículos, sensaciones excitantes recorren todo mi cuerpo. Saborear ahora es mi tarea, mi encomienda, vuelvo a lamer fuerte y precisamente el periné, mientras Arturo lo goza en alto, él gime, yo lengüeteo, él gime y Yo vuelvo la lengüetear.

-Come de mi Verga- ordena.

A los lados de mi cabeza pone sus manos y me guía hasta su “trozo de carne”, su “mástil erógeno”, abro la boca, saco la lengua y dejo entrar esa parte de Arturo que me falta por saborear, esa parte de él que también se ve deliciosa, una verga pálida, forrada de venas, ligeramente curva hacia arriba, un falo de tamaño medio pero muy gruesa, un grosor sinceramente angustiosos.

La punta de su pene se aloja en el principio de la garganta, cerca de mi úvula, mis labios rodean la base de ese pene adolescente de secundario. Sufro de arcadas obligándome a sacarme un poco de ese pene de la boca, curveo mi lengua de modo de “taquito” tratando de abrazar el pene con mi lengua y hago movimientos de vaivén, saco el pene y me lo vuelvo a meter a la boca, una vez y otra vez, parece que a Arturo eso le encanta, lo hago de nuevo y de nuevo, causándole que gima más, más y más, gime y contrae sus músculos, lo puedo sentir, introduce su verga más y más dentro de mi, con sus manos me está aprisionando y no me deja escapar, ¡Me esta follando por la boca!, me encanta pero sus envestidas me lastiman, me desgarra la garganta con cada uno de sus movimientos.

-Si te gusta te los vas a comer- susurra.

Fuertemente me introduce su falo carnal, mi boca se inunda abruptamente y repentinamente se abre y escurre por las comisuras de los labios líquido, salado, dulce, agrio, escurre semen, un semen cálido, un dulce néctar de la vida. Arturo sigue follando mi boca y con cada envestida hace que salga más y más semen de mi boca.

-Mmm, Haa, si, así, que rico- exclama.

Arturo, aun con la respiración acelerada se inclina tomando el bóxer del suelo, limpia el rastro de semen embarrado en su pene y me lo ofrece para que me limpie el rostro y así borrar toda huella al menos física de lo que había pasado.

Sin decir una sola palabra se viste con su shorts y sale de la habitación. Me levanto y me siento ahora por un lado de la cama un poco confundido, pasan como 20 minutos y Arturo por fin aparece trae con el dos platos con un sándwich cada uno, me lo ofrece y comemos como sí nada hubiera pasado.

-Leo, tu mamá a llegado por ti- dice la madre de Arturo.

Tomo mis pertenencias y me dirijo a salir de la habitación.

-Nada de esto a nadie o te puede ir mal- advierte.

De mi no salen palabras, sólo acierto con la cabeza y salgo de ahí, me despido de la señora naturalmente y me subo al carro con mi mamá.

La quijada intrincada, los labios anchados, la garganta dolorida, la lengua con residuos seminales, pero… con una sonrisa.

Después de ese fin de semana nos reunimos otros dos fines de semanas más para terminar el proyecto y si, pasaron varias cosas aún mejor, Arturo me demostró que sabe lo que hace.

Tu amigo Mexicano Leopoldo Diga.

Sé parte de la historia, te invito a dejar tu Comentario y/o Voto.

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