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Relatos gay

Me tumbé a su lado respirando agitado y nos quedamos un momento

Desconozco el motivo que tuvieron para celebrar el cumpleaños de mi hermano con la fecha ya pasada, tampoco era mi propósito averiguarlo y estaba como unas castañuelas de contento, hoy venían Carmen y Jesús a comer a casa y pasarían la tarde con nosotros.

Echaba de menos a Carmen y a Jesús, los extrañaba demasiado a pesar de que ahora Antonio venía más a casa y muchos días lo hacía Tomás, pero Carmen era especial, la única mujer entre todos los demás y la que más me comprendía.

Llegaron a media mañana y cuando me abrazó lloré de emoción entre sus brazos, hoy la persona más importante era Joky, le llevaban sus regalos, no sé si quedé mal pero yo se lo había entregado en su día, viéndole tan feliz con los paquetes me sentí triste al no poderle ofrecer el mío.

Todo el jardín era un bullicio, aún se podía utilizar la piscina y el día relucía espléndido. Jesús y yo no perdimos el tiempo y comenzamos a jugar en el agua, luego con los cachorros, dudé si decirle como a los perros les gusta que se les tocara la verga y todo lo que Tomás me había enseñado aquel día, luego pensé que no, Jesús era muy serio.

Papá, Antonio y Carmen no paraban de preparar comida, encender la barbacoa y Joky con Tomás les ayudaban a sacar sillas y mesas para todos los invitados que vendrían, no eran suficientes las del jardín y fueron a buscar las de la casa de Carmen.

Los mayores bebían mientras trabajaban y hablaban, Jesús y yo, ya cansados de nuestras carreras y juegos descansábamos bajo una sombrilla cerca de donde ellos se encontraban.

-Carmen míralo bien, Tomás es mayor de edad y ha escogido vivir conmigo, no te lo voy a quitar, es tu hijo y lo tendrás cuando quieras pero déjale vivir su vida, no soy yo el que te lo pide.  –Antonio hablaba a Carmen en tono bajo y persuasivo.

-¿A ti que te parece Roberto?  -Carmen pedía la opinión de papá.

-Se hacen mayores Carmen, si no lo haces voluntariamente y con gusto es más fácil que se escapen y perdáis los dos el control sobre lo que se pueda hacer por él.

Carmen parecía estar pensándolo mientras bebía pequeños sorbos de su copa.

-Ten en cuenta además que te facilitará la relación con tu nuevo amor.  –la voz de Antonio sonaba sarcástica, algo burlona y muy ácida, esto enfureció a Carmen.

-No te burles, mi relación es mejor que lo que tú haces, perdona que lo diga Roberto, pero es la verdad, estar buscando putas como hacéis, ¿es ese un buen ejemplo para nuestro hijo?

Los dos hombres claudicaron y no respondieron, papá bajó la cabeza quizá pensando en la posible razón que asistiera a Carmen.

-Perdóname Roberto, es la fiesta de Joky y estamos fastidiándolo todo, no te critico a ti, mi amiga hace mucho tiempo que os dejó y estás en tu derecho de buscar mujeres y sé lo que quieres a tus hijos y como les cuidas.  –papá se puso rojo por el quizá inmerecido elogio que su amiga le hacía.

Carmen bebió de un trago lo que quedaba en su copa y habló resuelta.

-Está bien, no voy a pelearme con los dos, tú eres su padre y espero que cuides de él.  –una enorme sonrisa de satisfacción abrió la boca de Antonio hasta que los pelos de su bigote entraron por ella.

Jesús me hablaba al oído y a veces no lograba entenderlos muy bien.

-Ángel vamos a tu habitación a jugar, me aburro aquí.  –esto me lo repetía cada pocos minutos tirando de mi mano, yo quería seguir escuchando, me interesaba lo que hablaban, era la única forma de saber lo que pasaba.

-Espera, tranquilo Jesús, toma un poco el sol o si quieres ayuda a Tomás y a Joky.  –se levantó y fue a ayudar a colocar las sillas y manteles de papel.

-¿Qué tal va el chico en el nuevo centro?  Pobre niño mío, tan bonito y necesitando tanto cuidado, su mamá se moriría de pena viéndole tan hermoso y necesitado.  –no quería mirarla pero me  sentía bañado y envuelto por el amor que irradiaba hacia mí.

-No termina de centrarse en el estudio y en eso no va muy bien, estoy pensando en que tenga un refuerzo, su hermano podría ayudarle pero nunca tiene tiempo y a mí me coge muy lejos los estudios que realiza. Estoy mirando y ver si alguno de los amigos de Joky podría hacerlo, pero no piensan en otra cosa más que en divertirse.

Se quedaron en silencio e intenté comprender el por qué de su preocupación, yo estaba bien en el centro, contento y no me decían que fuera mal, aunque recordando que a veces tenía que ayudarme Carmelo, entiendo que pueda tener razón papá.

-Lo demás va muy bien, es un chico feliz y sano.  –miré un momento hacia ellos y observé la mirada de Antonio, me follaba con ella sonriendo misteriosamente.

Fui donde se encontraban los chicos afanosos en su tarea.

-Vale Jesús, si quieres podemos hacer lo que gustes.  –abandonó su trabajo y corrió hacía la casa sin esperarme, le seguí. Jesús es diferente a su Padre y a Tomás, todo lo ha heredado de su madre, corría con agilidad de felino, sin parar subía las escaleras hasta llegar a mi habitación y allí tirarse en la cama.

Me tumbé a su lado respirando agitado y nos quedamos un momento mirando al techo, repentinamente se giró hacia mí y se me quedó observando.

-¿Qué se siente Ángel? –giré la cabeza para interrogarle sin hablar pero tuve que hacerlo.

-¿Sentir de qué?  -sonrió como un sabiondo y me guiñó un ojo.

-Cuando te dan por el culo, ¿qué otra cosa puede ser?  -vaya, otro que ya lo sabía, los hombres resultan muy indiscretos.

-Se siente bien, a mi me gusta.  –la sinceridad más absoluta salía por mis labios.

-¿No te hacen daño?, ¿se las mamas también?, ¿te tragas la leche?, ¿con cuántos lo haces? -eran muchas preguntas soltadas como si fuera una ametralladora.

-Pregúntame poco a poco, no recuerdo tu primera pregunta.  –no me contestó y me miraba indeciso, y se fue acercando a mi cara hasta besarme en los labios, el beso fue rápido y se apartó con cara de estar más sorprendido que yo.

Resultó un segundo de tiempo el que tardó en volver a fundirse con mi aliento, solo posaba sus labios sobre los mío, abrí un poco mi boca para con la punta de mi lengua lamer sus labios, Jesús tembló y abrió su boca imitándome sacando su lengua al encuentro de la mía, las rozamos, las metimos para humedecerlas y volvimos a sacarlas para que se encontraran de nuevo.

Lo único que nos unía era la punta de nuestras lenguas y a veces nuestros labios, suficiente para transmitir corrientes eléctricas por nuestra espina dorsal, no le pareció suficiente y, se acercó para que nuestros cuerpos desnudos se unieran, solo llevábamos el bañador puesto.

-¡Joder Ángel, que bueno es esto!  -en unos momentos Jesús se convirtió en una fiera que deseaba aprender a cazar y yo era el señuelo donde deseaba obtener el conocimiento.

-Bésame Ángel como antes, sabe riquísimo, de puta madre. – Jesús me estaba dejando asombrado con su forma de hablar y comportarse, pero es mi amigo y yo también sentía muy ricos sus besos.

-Déjame que te la meta, por favor, quiero probar.  –se retorcía encima de mí como una culebra jugando y enredándome entre sus piernas.

-Jesús, puede subir tu madre o cualquier otro, enseguida vendrán los invitados.  –se deshizo del abrazo y corrió para cerrar la puerta colocando el pestillo de seguridad.

-Ahora tranquilo, nadie entrará. -se tiró encima de mí y me sujetó del bañador tirando de él, resultaba un torbellino, loco de sentir su primer contacto con otra persona aunque fuéramos del mismo sexo. Creo que no me miraba, su obsesión era cumplir sus deseos, meter su polla en un agujero caliente, acogedor, húmedo, hambriento como mi culito estaba en ese momento.

No tuve necesidad de moverme, en su impaciencia él lo hacía todo, a lo salvaje, a lo bestia, se quitó su bañador y puede observar su verga, nada del otro mundo, pero tiesa, altiva, soberbia como si fuera de acero fundido a fuego.

Pensé que era una pena que la del padre Francisco no tuviera esa fiereza, aunque en su día la tuvo ahora yacía rendida esperando los jueves mi boca. Jesús me devoraba con su boca, no dejaba lugar de mi cuerpo que explorar, besar, bruñir con sus manos inexpertas, buscando una posición para meter su polla en mi culo y no sabía cual escoger.

-Espera, espera Jesús, te ayudo yo.  –su juvenil cuerpo le dominaba y su verga resbalaba sin encontrar mi agujero, jadeaba exhausto sin haber llegado al final y alargué mis manos para coger su miembro y embocarle donde él deseaba meterlo.

No fue nada, lo prometo, pero entró en un segundo y se movía frenético, no sentí dolor, pero si un extraño placer de gozar a mi amigo entrando y salir, jadear sobre mi cuello, gritar que lo estaba pasando “cojonudo”, y hasta un juramento, “que yo era la hostia”.

Quería acariciar su espalda, sus costados, su trasero, darle más placer si fuera posible, pero como era su primera vez me acuchilló con su pene y me dejó su primera y juvenil semilla en mi culo. Cayó sobre mi pecho temblando y le acogí con mis brazos.

Tiene un año más, parece que tiene otros cinco añadidos por su tamaño, su porte tan viril y recio, por sus gestos manifiestos de hombría temprana, pero como casi todos los hombres resultaba un niño en su impaciente necesidad, insatisfecha de amor y caricias de su amigo.

-Ha sido…, es increíble.  –ahora me acariciaba y besaba con suavidad mis labios.

-Quiero follar todos los días, esto no es como hacerse una paja, joder Ángel, ¡qué suerte tienes!, pero tú eres un puto.  –no me ofendió, ni lo dijo para molestarme, era como él me veía y por eso no dejaba de quererme como antes lo hacía.

Me quedé con unas ganas tremendas de haber eyaculado con un orgasmo que necesitaba, desde hacía días no hacía más que dar placer a los demás y satisfacerme a mí mismo con una paja rápida en el baño.

Acaricié con ternura la cara a mi amigo y hermano y le besé, sabía que volvería a buscarme y quizá se preocupara algo más de mí, pero era su primera vez, no podía reclamarle nada.

-Jesús, tenemos que bajar se escucha mucho ruido.  –me miraba y dudaba si salir de mi, su polla aun dura permanecía en mi culo.

-¿He hecho algo mal?, no te veo contento.  –me dio una alegría tremenda que ahora se preocupara de cómo me sentía yo.

El jardín estaba lleno cuando bajamos después de lavarnos y quitarnos el sudor bajo una ducha. Carlota, Emilia, Martina, Susana y Patricia jugaban en la piscina o sobre el verde del jardín con Jorge,  Andrés, Lorenzo, Tomás y mi hermano y otros muchos más incluyendo familiares.

Todos estaban alegres, habían comenzado a beber antes de la comida y los cachorros corrían entre las piernas del público congregado. Nadie nos prestó atención, bueno sí, Patricia se levantó del suelo y se acerco donde estábamos.

-Ángel, ¿no me vas a saludar?, ¿y tu Jesús vas a resultar más guapo que tu hermano?  -eso era indudable desde ya, me besó en los labios y se quedó mirando a Jesús, este se la comía con los ojos, seguro que deseaba hacer con ella lo mismo que me había terminado de hacerme a mí. No sé el por qué, pero como otras veces me sentí triste.

Comimos opíparamente, bebieron hasta la extenuación, jugamos en la piscina, en el césped hasta que todo se fue quedando tranquilo, con los cuerpos cansados en el agua o sobre el frescor de la hierba.

Estaba jugando con los cachorros, dejándome lamer la cara por ellos, al lado de la puerta y debajo del porche papá hablaba con Andrés y me señalaba con la mano. Al cabo de un rato sentí el silbido que emitió para que yo lo escuchara, me hacía señas para que fuera donde él, seguía con Andrés hablando muy amigables.

Cuando llegué a su lado miré a papá, como siempre Andrés me intimidaba, no mucho pero prefería no mirarle, siempre veía tristeza en su limpia mirada, preocupación y cosas que no conseguía explicarme.

-¿Me llamabas papá?  -éste me cogió del hombro, retiré su mano que me transmitía calor.

-He llegado a un acuerdo con Andrés, tienes que ponerte a nivel en las clases y a partir de ahora te va a ayudar, tienes que atender lo que te diga o te pida y seguir sus instrucciones. Entonces le miré, tan serio y circunspecto él me miraba sin sonreír.

-He aceptado lo que me propone tu papá con la condición de que colaboremos en lo que tenemos que hacer y no pondrás problemas a lo que estime como mejor para ti.

Hablaba de una forma que no entendía muy bien, para mi hubiera sido más sencillo y fácil un: “Te voy a ayudar en tus estudios y a partir de ahora estaremos muchas horas juntos”.

Estaba contento de que si alguien tenía que ayudarme papá hubiera escogido a Andrés. A veces entornaba mis ojos mientras intentando analizar al amigo de mi hermano, tan distinto, tan diferente a los otros, a él mismo y a papá, diferente a todo el mundo. Estar a su lado representaba el deseo de fundirme en su cuerpo o escapar raudo a kilómetros de él, no lograba entenderle y espero que en lo que vaya a ayudarme sea diferente.

Los primeros en partir a la tarde-noche, cuando aún apetecía bañarse y estar en el jardín, fueron Carmen y Jesús, alguien venía a recogerles y por ese motivo Carmen volvió a discutir con Antonio.

Me quedé jugando con los cachorros mientras la gente se despedía y me buscaban para darme un beso, así hasta que quedaron los jóvenes con papá y Antonio que les observaban jugar en la piscina y retozar por el suelo.

-Están todas para comérselas. –le decía Antonio a papá, en referencia a las guapas chicas amigas de mi hermano.

-¿Salimos un rato?  -fue la respuesta de papá frotando el bulto de su entrepierna.

Una hora más tarde estaba solo en mi habitación, me duché para ver la televisión en mi cuarto, escuchaba carreras en la planta baja, chapoteos en la piscina, subir y bajar de escaleras hasta que la casa fue quedando en silencio.

Me fui quedando dormido y un grito que no puede entender me espabiló, luego discusiones entre los chicos y chicas.

-¡Que os den por culo a vosotros hijos de puta!  -era la voz de Patricia y las de sus amigas apoyándola y diciendo que tenía razón. El escándalo era mayúsculo y salí al pasillo, avancé hasta el inicio de las escaleras que van a dar al salón.

Estaban todos desnudos, todos no, Andrés estaba en un rincón observando aburrido la pelea, las chicas recogían sus trajes de baño y subían la escalera para vestirse en alguna habitación. Pasaron delante de mí como si no existiera y fuera invisible excepto para Patricia que al pasar acarició mi cara.

-Vaya cabrón de hermano que tienes, que se creerán ellos.  –me quedé pensando y viendo como los chicos se ponían sus bañadores, y unos en las butacas y otros en el suelo, continuaban mirando la pantalla de la televisión.

Me intrigó lo que miraban con tanta atención, aludiendo de vez en cuando despectivamente a las chicas y fui bajando muy despacio las escaleras, iba con mi pantalón corto de dormir, como si fuera un bañador y me encontraba igual a como estaban los chicos grandes embutidos ahora en sus bañadores.

Estaban mirando una película porno, quizá algo subida de tono pero también graciosa, donde un grupo de hombres perseguían con los ojos vendados a otro semejante de mujeres también con una venda en los ojos.

Ninguno veía o así lo aparentaban para el juego, cuando alguien cogía a otro, si era hombre con hombre lo sodomizaba, en caso de que fuera hombre-mujer le daba por el coño y si eran mujeres, nunca me había interesado, adoptaban una postura de encuentro como si fueran tijeras y cruzando sus piernas buscaban el encuentro y roce de sus coños.

Todos ellos acariciaban el bulto que marcaban en sus bañadores y supuse que habían propuesto a las muchachas emular el juego que veían en la película, que estas no estaban dispuestas al juego y todo había terminado como el rosario de la aurora.

Al cabo de un rato bajaron en tropel y algunas no se despidieron siquiera. Patricia habló entonces.

-Ahí os quedáis viciosos de mierda.  -mi hermano se puso en pie, su polla sobresalía en su ajustado bañador.

-Espera, os llevaré en coche, es de noche.  – Patricia se volvió para dirigirse a la puerta.

-Tenemos nuestros propios vehículos y no creo que encontremos otros tan depravados como vosotros.  –salió cerrando la puerta con fuerza, algunos soltaron una carcajada y mi hermano con resignación encogió sus hombros y se sentó donde estaba para seguir con el espectáculo.

Estaba apoyado en el respaldo de uno de los sofás y Lorenzo estaba sentado delante de mí, estiro su mano para cogerme del brazo.

-Ven, siéntate aquí y disfruta de la película, tú vas a resultar de mente más avanzada que estas tías.  –me sentó a su lado y me recosté en su pecho, pronto comenzamos a sudar por el contacto de nuestras pieles y me intenté separar, no me dejó y me apretó contra él.

Las escenas se sucedían y las folladas también, en distintas posiciones o con diferentes personajes. Lorenzo comenzó a pasar su mano por mi pecho acariciador y cogió una de mis manos para colocarla sobre el bulto de su bañador.

Despacio fue introduciendo su mano por la parte de atrás de mi pantalón corto de dormir, sobrepasó el elástico hasta llegar a acariciar el principio de mis nalgas, me moví para separarlas y permitir su acceso a mi raja y pronto sus dedos tanteaban en la entrada de mi ano.

Al meter la punta de su dedo, yo agarré con fuerza el bulto de su verga sobre el bañador, ninguno apartaba su mirada del televisor pero nuestras manos trabajaban, salió un suspiro de nuestras gargantas a la vez y el resto de los chicos nos miraron.

Jorge y Tomás se había bajado el bañador y exhibían sus vergas siendo acariciadas por sus manos, Joky veía como estábamos Lorenzo y yo y no decía nada, metía la mano debajo de la tela para sujetar su verga, hubo alguna comunicación visual entre Lorenzo y mi hermano para que se sintiera autorizado a bajar mi pantalón y dejar expuesto mi culo a la vista de todos.

Entonces se quitó con dificultad su bañador, sin dejar de abrazar mi pecho con la mano que había retirado de mi ano, como teniendo precaución de que alguno de los otros chicos no me robara de su lado.

-Ángel mámame la polla, voy a explotar.  –miré a Joky esperando una reacción de él pero miraba a la pantalla, me incliné sobre su ingle y metí su pene en mi boca, mientras se la mamaba volvió su mano a mi culo y metió su dedo para jugar como si me lo estuviera follando.

Al poco tiempo el resto de los chicos se había colocado de pie y en círculo a nuestro alrededor, Tomás, Jorge y mi hermano, estaban acariciándose sus pollas, mirando lo que Lorenzo y yo les ofrecíamos de espectáculo, ya no les interesaba la pantalla de la televisión, esto era en vivo, en directo, con olores y posibilidad de participar en él.

Lorenzo me colocó arrodillado entre sus piernas, alguno de los curiosos se arrodilló detrás de mí y comenzó a lamer mis glúteos, abrí mis piernas para ofrecerle mi ano. Sentí una lengua abriendo mi ojete y por poco muerdo la verga de Lorenzo al responder al gusto que me dio la lengua del horadador de mi ano.

-Ummm, no cambias de sabor hermanito, esto es delicioso. –el que me enculaba con su lengua era mi hermano, y de ahí tanto placer, sabía lo que me gustaba, que debía ejercer fuerza hasta conseguir que mi ano se abriera para recibir su alegre lengua. Yo continuaba mamando la verga de Lorenzo que no se privaba de gritar a los cuatro vientos su placer.

-Deja que me lo folle ya.  –le pedía Tomás a mi hermano, este no respondía ni apartaba su ansiosa boca de mi culo, seguramente sabiendo la cantidad de polla que me esperaba y que me lo debía preparar como es debido.

El primero que la metió fu él, la embocó y de una vez entró en mi haciéndome gritar, Lorenzo se asusto inclusive y se puso de pie, ahora tenía dos competidores pidiendo mi boca, Tomás y Jorge esperaban con sus vergas a punto de nevar su leche y que les tocara el turno de ocupar mi boca.

Las fui chupando por turnos las tres mientras mi trasero era atravesado por la polla de Joky, si digo que me sentía en el cielo miento, eso era especial cuatro vergas para mi llenando mis huecos, esperando descargar su nívea carga en mi boca o mi culo era superior a cualquier placer.

Los sabores se mezclaban las texturas todas suaves y cálidas, las longitudes el grosor, suponían un cúmulo de sensaciones difícil de asimilar así de pronto.

¿Y dónde estaba Andrés que me faltaba?, en un momento de cambio de polla en mi boca le busqué, no se había movido de su lugar donde le vi cuando bajé al salón, con su bañador puesto, sus ojos cerrados, agarrando convulso su bulto, con su mano agarrotada y en ese momento abrió sus ojos, nuestras miradas se cruzaron.

Vi en sus hermosísimos ojos, odio, amor, rabia, ¿lascivia?, pesadumbre, duelo, eso sí dolor, mucho dolor, vi como se levantaba y no puede seguirle con mi mirada, la verga de Lorenzo pedía ser mamada de nuevo empujando en mis labios para que abriera mi boca.

Mis sentidos se abstuvieron de pensar otra vez en Andrés, tenía cuatro vergas a las que deslechar, cuatro cuerpos que pedían su tiempo y lugar para utilizarme y dejar su preciada carga en el mío.

Joky comenzó a temblar y preñarme con su cálida simiente depositándola en el fondo de mi culo, abrazó mi vientre y así estuvo unos segundos, antes de que su polla se bajara otro había ocupado su lugar. Lorenzo no tenía piedad de mi ano y arremetía sin parar pero era muy agradable, de un placer que me hizo eyacular sin necesitar tocarme la verga.

Lorenzo se vació a su vez, el semen mezclado de dos machos resbalaba por mis piernas y entonces Tomás llenó mi boca de su esperma y Jorge ocupo el lugar que había dejado vacante Lorenzo.

Todo esto se repitió varias veces y perdí la cuenta de las enculadas que me dieron, de la leche que tragué, eran cuatro jóvenes machos en su máxima potencia, en la flor de su vida, deseando dejar su esperma en el lugar apropiado y ese tenía la suerte de que fuera mi ano.

Tuve otras eyaculaciones y terminamos rendidos y tirados por el suelo del salón, el que peor estaba era yo y mi ano me dolía, me escocía, me abrasaba, cuando descansaron y se repusieron salieron al jardín para tirase desnudos al agua de la piscina.

Quedé solo, abandonado, chorreando semen de mi dolorido ano y de mi boca, sentía mi piel tirante al secarse el semen que alguna vez había regado mi cuerpo, intenté ponerme de pie. Lo conseguí y caí de rodillas mareado.

Unos fuertes brazos me recogieron del suelo, me acunó en ellos y sentí como subía las escaleras, al principio pensé que era papá que venía a cobrarse su tributo como hacía tiempo no practicaba.

-¡Papi!  -abrace su cuello y el olor que me llegaba no era el suyo.

-Calla, por favor Ángel no digas nada. –era Andrés, mi arcángel que me trasportaba como liviana pluma en sus brazos.

Me llevó al baño de mi habitación y me metió debajo de la ducha de agua templada, divina y que me devolvía la vida, se metió conmigo, yo desnudo, él con su traje de baño puesto. Me lavó pasando sus manos tiernamente por mi cuerpo, me secó y me llevó a la cama, mis ojos se cerraban y escuchaba sollozar al buen samaritano a mi lado.

Pocos recuerdos quedaban de la fiesta de cumpleaños en mi cerebro aparte de los aportados. La vida volvió a sus cauces, a las clases de todos los días, y a las tardes cuando llegaba a casa siempre me esperaba Andrés.

Nunca me habló, ni me reprochó lo pasado aquella noche.  Si es que vio algo que no le pareció correcto lo guardó para él, como si aquella noche no hubiera existido y así lo llegue a pensar al no tener referencia alguna que me lo hiciera tener presente, solo recordaba que alguien sollozaba cuidando de mí al lado de mi cama.

Un día de esa semana Carmelo volvió a llevarme al baño, mucho más prudente lo hizo después de la comida cuando estábamos en un descanso.

Esta vez se la mamé hasta que eyaculó y me llenó la boca de él, descansó un momento y entonces me apoyó sobre el Wáter, le presenté mi culo y me la metió, me penetró un poco forzoso, el pobre era su primera vez y no sabía tratar mi culo, sin embargo me corrí  eyaculando placenteramente, suspirando entusiasmado ante su asombro al haber conseguido darme placer, señal que para mí fue suficiente de que se preocupaba de mi bien.

Ese jueves estaba renuente para ir al despacho del padre Francisco, me había cansado de mamar su larga y gorda verga sacando muy poco beneficio para mi disfrute y placer.

Me debió de ver un gesto o cara rara, me besó mucho para alegrarme, me daba las gracias por lo bien que se lo hacía pasar, me habló de lo que paso en los baños con Carmelo y que el padre Sabino quería estar allí, en el despacho un día para que habláramos los tres.

No estaba enfadado y eso me tranquilizó. Me debía de haber leído mis pensamientos cuando entré.

-Cuéntame Angelito, que pensamientos pasan por esa cabecita.  –me besaba con mucha ternura y devoción, lo reconozco, es difícil resistirse a sus besos, a dejar de acariciar esos nobles pelos blancos que pueblan su arrugado cuerpo, a mamar de esas tiernas tetitas de viejito noble y bueno, de chupar eso que tuvo que ser placer de dioses y ahora casi siempre estaba caído hasta que yo lo chupaba con amor y mucho cariño.

-Padre, el problema es que yo no me corro cuando estoy con usted y me gustaría que me follara con esa verga tan bonita que usted tiene.  –sonrió tristemente recordando sus años mozos seguramente.

-¿Te gusta mi polla Angelito?  -acariciaba mis mejillas al hablarme.

-Sí padre, me gusta aunque por el tamaño me da miedo, pero me gustaría tenerla dentro de mí y saber hasta dónde me llega.  –volvió a quedar pensativo y suspenso, llevó mi mano para que acariciara su virilidad caída.

-Si fuera más joven tendrías lo que todos y todas han deseado y disfrutado muchos años, cuando sin quererlo se me ponía como el hierro de fuerte y podía taladrar cualquier culo o coño, ahora soy viejo y no se me levanta lo suficiente, no tengo fuerzas para follarte como tu divino culo merece mi niño.

Una idea me vino a la cabeza.

-¿Me permite que lo intentemos una vez?, déjeme hacer a mí y probaremos a meterlo.

El viejo comenzó a acariciarme y retirarme la ropa.

-Haremos como tú quieras pero no te ilusiones, amorcito. –se me abrió el corazón al escuchar lo último que dijo. Iba a hacer lo imposible por que el pobre viejo probara otra vez un joven culo.

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