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Sexualidad

Mi experiencia con la POLIGAMIA GAY

No creo en las medias naranjas.

Debe de dar mucha seguridad pensar que estás destinado románticamente a compartir el jugo con una sola persona pero es sólo eso: una idea y no una ley de la naturaleza. En todo caso pienso que estamos formados por gajos cuya cantidad varía de acuerdo a cada etapa de la vida y a tu educación sentimental. A veces pueden ser dos y otras ser muchos. Jamás llegas a ser la naranja entera.

“…somos tres hombres que juntos han formado su propio concepto de familia…”

Creo firmemente en la monogamia pero no la practico ni la comparto. Ahora les explico. Llevo 12 años con mi novio, 10 de los cuales hemos vivido juntos. Cuando nos conocimos no hubo descargas eléctricas ni fuimos coches colisionando de frente. Nada de lo pronosticado en las canciones y en las películas. Ni siquiera estoy seguro de que nos gustásemos por completo. Debido a mi formación sentimental pensaba, y aquí cito a Flaubert cuando describe a su Madame Bovary, que el amor debía llegar como un huracán intempestivo sin darme cuenta de que, como la humedad, este se instala poco a poco en el techo de las casas formando lagunas hasta invadirlo todo. Y así, un día ya estábamos enamorados y nos necesitábamos.

Pero el amor real no es nunca el de la literatura romántica. Esta no te prepara para los tiempos lentos: los de la rutina y el día a día. En esos momentos el amor puede flaquear pero también cambiar para crecer. Pasado un tiempo aceptamos que teníamos otras necesidades afectivas y físicas que ya no estábamos cubriendo y que no tenían por qué llevarnos al fin de nuestra relación que, por el otro lado, seguía haciéndonos felices. Simplemente necesitábamos más. A los tres años nos abrimos. En nuestro caso nuestra apertura fue total. Nada de reglas y restricciones. Evidentemente hubo complicaciones, llantos, enojos y desacuerdos porque estos procesos son siempre de ensayo y error. Una vez mi novio me dijo algo revelador: “si queremos estar juntos durante mucho tiempo, tenemos que aceptar que de por medio habrá nuevos enamoramientos y eso no será el fin de las cosas”. Y así de repente nos descubrimos enamorados de otras personas a las que decidimos incluir en nuestra relación.

Mucha gente no cree en el poliamor y se contradice pues todos los días practica el poliodio.

Si eres capaz de odiar intensamente sin exclusividades a varias personas al mismo tiempo, ¿porqué no hacerlo a la inversa? Nosotros hemos tenido tres relaciones poliamorosas. La más larga duró cuatro años. Si finalizamos fue por las mismas razones por las que lo hacen el resto de las relaciones de todos los seres humanos: simplemente ya no hubo coincidencias.

Hace tres años mi novio se enamoró de otra persona. Me propuso que viviéramos todos juntos y acepté. Estoy acostumbrado a explicar el funcionamiento de nuestra relación a todos los curiosos pues suelo ser tratado como un fenómeno de la feria de las rarezas e incluso hallo cierto placer en ello: yo no tengo sexo con el novio de mi novio pero me confieso profundamente enamorado del mismo sin que por eso tenga que haber algo físico entre nosotros.  Tampoco los considero mis amigos. Etiquetar es inútil y absurdo. Simplemente los amo y no establezco comparaciones. ¿Complicado? Agréguenle esta: nuestra relación continúa siendo abierta. Los tres podemos tener sexo con otras personas. ¡Qué escándalo! ¿Pero a quién le importa? Creo que la parte sexual es importante en una relación pero también que tendemos a sobrevalorarla como vínculo de unión. Podríamos no volver a tener sexo entre nosotros y yo los seguiría queriendo y necesitando estar juntos. Así es el amor, señores.

Siempre he sido partidario de volar en pedazos mi zona de confort. Creo que, parafraseando a Foucault en su famosa entrevista sobre la camaradería como modo de vida, los homosexuales podemos desarrollar relaciones intensas sin parecido alguno a las ya institucionalizadas, y con todo ello dar lugar a la formación de nuestra propia cultura y ética amorosa.

Algunos argumentan que mi novio -con el que vivo desde hace 12 años, no el otro- y yo somos incapaces de admitir el fin de nuestra relación o de asumir compromisos. Son palabras tiradas al viento que sólo expresan la defensa que cada quién hace de su propia forma de pensar el amor. Yo nunca he dejado de quererlo. Al contrario. Siento que cuando te quitas las limitaciones afectivas y sexuales no te queda mas que amar a la personas en estado puro porque ya no hay restricciones a las cuales aferrarte para sentir seguridad.

Respecto al compromiso les diré que yo he creado y defendido un proyecto de vida: somos tres hombres que juntos han formado su propio concepto de familia. Convivimos, nos cuidamos, nos amamos, viajamos, nos divertimos, nos encontramos y desencontramos y, a veces, sentimos celos y nos odiamos juntos. Tenemos los mismos conflictos que tienen las relaciones de dos personas. Si procurar ese sueño y hacer todo lo humanamente posible por mantenerlo no es un compromiso, entonces estoy perdido.

Cada quien es libre de imaginar que es esa naranja partida a la mitad o compuesta por gajos que busca su propio modo de estar completa. Por ahora soy una fruta dividida en tres partes que ama completamente a las dos que no son yo. Esta es mi visión de la vida.

Al final de cuentas soy una caja. Yo sólo he venido a contarles mi historia.

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