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Relatos gay

No lo puedo evitar, todos los días quiero tener una buena polla dentro de mi

Ante de nada… gracias, gracias a todos aquellos lectores que me habéis hecho saber, que os ha gustado. Ya que desde este medio, os hago llegar mis experiencias, mí rutina, anécdotas e incluso costumbres. Intentare no enrollarme demasiado, pero me gusta contarlo con todo detalles, disfrutando de la misma manera que sí lo volviera a repetir, imaginando que puede ser alguno de vosotros ese desconocido, deseando que pudierais recrearlo en vuestras mentes de la misma manera.

Es verdad eso que dice… “No hay día que no desee, tener una polla dentro de mí”. Más aun, desde que encuentra a esa persona que te hace disfrutar de verdad, a pesar de que quien obtiene el orgasmo, es el, pues mi verdadero goce es lograrlo. Esa persona que no solo lograba un orgasmo, sino que eran dos, persona que me hacía sentir estar en la gloria cuando en verdad era el quien lo estaba, ya sea mediante mis manos, boca o culito. Ese hombre con acento italiano a pesar de ser de aquí, ese hombre que a pesar de ser más bajo, sin apenas cabellos me hizo sucumbir. Necesitándonos ver cada día, llegándome a llevar a su trabajo o incluso donde fuera, ese hombre con ese mono azul que me hacía sudar como pocos, preñándome cada día… mmm, bueno ya os lo cantare alguna vez.

Pues desde esa vez que me hicieron disfrutar de verdad, no hay día que no anhelé tener una polla en mí boca, o un objeto o trozo de carne dentro de mi coñito. Aquellos que me iniciaron, no solo me han enseñado a disfrutar y hacer disfrutar, sino me han hecho adicto al sexo, adicto a las pollas de hombres maduros. Llegando a aceptar tanto a tríos como a grupos, no llegándome a importar que se vengan nada más chupársela (los nervios les pueden), o que sean sementales (ayudado algunos por la viagra).

Como bien sabéis, no soy de esos que puede decir que la primera vez fue memorable, pues no lo fue a pesar que fue en una cama, ese no solo no aprovecho que tenía un lugar de intimidad, sino traicionado por su ansiedad y deseos, desaprovecho el tener a un jovencito, dejándome la mala experiencia de una cama. Hubo otros que se ponían las medallitas, pero la verdad es que ni llegue a sentir sus pollas dentro de mí.

El verdadero iniciador, fueron muchos, cada uno a su manera. Todos en verdad me fueron moldeando a su antojo, desde el que me vestía como una chica para su fantasía, siendo yo aún menor. Como aquel que me llego a convertir de verdad, llegando a ser desapercibida en la misma calle para mi asombro, convertida en el juguete o la putita de algunos.

Yo soy de esos que desde siempre he buscado maduros, pues fueron mis iniciadores, debo de confesar que los chicos de entorno a mí edad nunca me han atraído, al igual que los treintañeros o los cuarentones. No puedo decir que no haya tenido relación con ellos… al menos directamente, ni que estos no me hayan dejado satisfecho. Pero aquellas veces, no los elegí… ni tampoco comencé con ellos, sino que fueron invitados e pleno “follaje”, desde aquel que maduro que me follaba en la dársena del rio, aprovechando la inclinación de la orilla, colocándome por ser más alto abajo y el loma arriba, aprovechando la altura para penetrarme.

Sientes su polla, aun pequeña dentro de mí… bombeando, disfrutando al tiempo que escuchas como me habla, incluso conversaciones con otros. No extrañándome cuando la sacaba, pues volvía a introducirla con mayor bravura que la anterior, aquel fue uno de esos que a pesar de saber mis preferencias… mmm. Invito a un chico de procedencia latina a ocupar su lugar, aquella clavada me dejo sin aliento, pero tras ver su juventud… calle. No dije nada, disfrute de esa enorme polla en mi interior, deje que me follara al tiempo que el viejo disfrutaba de mi joven cuerpo… ooohhh. Cuando acabo, no dijo nada, ni un gesto, nada, solo se quitó el preservativo y se marchó, dejándome temblando no precisamente por estar desnudo, sino de las tremendas embestidas que me dio… mmm.

Hubo otros que aprovechaban el momento, otros que tras pedir permiso para entrar, demostraban su ímpetu, mostrando su arrebato, para nada las maneras de los más maduros. Ya que la verdad, yo suelo quedar más satisfecho, cuando estoy con personas que pueden ser mis padres o abuelos, identificando en ellos la ternura y el tacto… mmm. Aunque hoy día, es raro el que no te suelte…

“No tienes sitio”.
Contestándole…

“No”.
Haciéndole entender que si estamos en esos lugares… será algo, aunque la verdad es que yo no soy de camas. También escucho entre otros comentarios, aquello de…

“Menudo coñito tienes”.
“No sabes lo que me hubiera gustado, haberlo hecho en una cama contigo”.
“Desnudos ambos, como me hubiera gustado disfrutar de tu cuerpo de verdad”.
“Sabes, no te haces una idea lo bien que lo íbamos a pasar”.
Yo siempre soy de los que dice, como estos parajes… no hay mejor sitio, busco el morbo pero a día de hoy, no suelo negarme a rechazar una cama, aunque a veces acabe sobre el sofá, el sillón, el escritorio o en la misma alfombra. Pues la verdad, a mí me da igual el sitio mientras ambos gocemos, pues para el momento que vamos a disfrutar el lugar es lo de menos.

Bueno, no me enrollo más, quiero comenzar con uno de mis últimas experiencias, confesando que la pasada semana han sido de martes a viernes, no siendo tan asiduas siempre, pero hay que aprovecharlas… mmm.

Hoy, una vez más me he acercado a mi lugar preferido, ese lugar de vicio y perversión, una vez y para que os voy a mentir, no era mi intención. Pero viendo la hora, pienso… “Solo va a ser un vistazo, si no hay nada… me marcho”. Pero luego pasa lo de siempre, me quedo un tiempo que no os sabría precisar, pues a veces depende día de la semana, la meteorología o de las ganas que tenga.

Hoy me he acercado… tarde, pues hace tiempo que no vengo a esta hora. Mi reloj marca las 12:30 horas de la mañana, despistado me he pasado mi habitual entrada. Continuando por la Avenida de Carlos III hasta la rotonda del Estadio Olímpico, continuando por la carretera de la Supenorte hasta la segunda rotonda, rotonda a la que accedes al Parque del Alamillo/RTVA o en mi caso, tomo la tercera salida, salida que accedes a los aparcamientos del Estadio Olímpico. Continuando por la carretera que va paralela a la vía del tren Sevilla-Huelva, o quizás sea Huelva-Sevilla, bueno en verdad poco importa.

Bueno continuo por esta carretera, paso bajo un puente y esta carretera se divide en dos, si continuo recto, voy paralelo al rio hasta el Charco de la Pava, si tomo el acceso de la izquierda, paso por el hueco de las piezas ornamentales de hormigón. Hueco que accedo al inicio de la explanada de albero, esa entrada que se encuentra franqueada y según por donde vengas, pues aun lado tienes maleza al otro una duna de arena, escombro y yerbajos. Duna que tras esta, accedes a una zona donde puedes encontrar compañía, acabando esta en trio, cuarteto o grupal, todo depende de nosotros, pues somos quien pone los limites.

Bueno sigo. Continuó avanzando no muy deprisa, pues intento ver si por las entradas veo o diviso algo. Momento en que un vehículo viene de frente, cruzándome con un Nissan Patrol verde, cuyo conductores un maduro canoso se me queda mirando.

Bueno en verdad, ambos nos quedamos mirando el uno en el otro, como si esperáramos una señal. No pensándomelo dos veces y aprovechando que apenas me movía, rápidamente he girado a mi izquierda sin hacer giro brusco. Observando por el espejo interior, como este gira a su derecha… eso sí, él hace un giro brusco, dándose la vuelta y aparcando enfrente mía.

No dejo de mirarlo, esperando que sea el quien dé el paso, siendo en esos precisos momentos en que pasa un ciclista. Este se me queda mirando con descaro y a medida que pasa, yo no dejo de mirarlo con disimulo. Fijándome por el espejo interior y por el espejo de mi puerta, como este se detiene, se gira y vuelve, pasando por el lado del conductor. Pasando de largo, deteniéndose a varios metros a la altura del acceso al otro lado de las dunas. Me mira al tiempo que aprieta su entrepierna… mmm, haciéndome entender como la tiene y lo que desea, me mira nuevamente y sonríe.

Mientras este me lanza su indirecta, yo he comenzado en el interior de mi coche a vaciarme los bolsillos, dejando cartera, llaves, monedero y móvil, bien guardados. Cogiendo, toallitas húmedas, vaselina y preservativos. Veo como desaparece por entre las dunas, no pensándomelo dos veces, salgo de mi coche y le sigo. Entro entre las dunas, fijándome que está detenido a cinco metros al menos. Me acerco a él, preguntándole…

“¿Qué buscas?”.
Me responde al tiempo que dirige una de sus manos a mis nalgas, contestándome primero para preguntar después…

“Busco lo que salga”.
“Y tú, que buscas”.
Respondo al tiempo que dirijo mi mano derecha a su entrepierna…

“Busco una polla que poder acariciar”.
Este sonríe, rodeándome con su brazo por la cintura, me dice…

“Vamos a buscar un sitio donde podamos estar”.
Camino tras de él, caminando por ese camino de yerbas secas, hasta que este se introduce a la derecha entre unos árboles. Coge su bicicleta y la deja apoyada en los árboles, dándose la vuelta hacia mí, acercándose hasta que una de sus manos rodea mi cuello, haciéndome acercarme hasta el, dándome un beso en la boca… mmm.

No rehuyó como tantas veces, hace tiempo y dependiendo de la persona, me entrego. Su boca se aferra a la mía, al tiempo que no dejo de magrear su miembro sobre la malla de sus maillot, notando lo gruesa y dura que esta… mmm.

Mientras él, con su otra mano no deja de magrear mis nalgas, intentando introducirse entre la cinturilla de mi pantalón y mi cintura. Se detiene y se aparta, bajándose la cremallera de la parte superior, mostrándome su pecho sin apenas vello, cuerpo de una persona que la verdad no va con su edad. Pues le hecho no más de sesenta y cinco años, pero su cuerpo es de menos edad. Este continúa, bajándose el maillot y con él sus calzoncillos.

Yo, comencé minutos antes a desabotonarme los botones de mi camisa, abriendo mi camisa, mostrándole mi pecho velludo. Cosa que él, acaricia mi pecho al tiempo que me suelta…

“Cuanto vello tienes cabrón”.
Lógicamente para nada me molesta, continuando por soltar el cinturón, desabotonar el botón de mi pantalón y bajar la cremallera, siendo el quien me lo baja al tiempo que mis calzoncillos, una vez que sus manos se introducen entre mis muslos y mi pantalón… mmm. Besa mi espalda, descendiendo hasta mis nalgas, dándome besos para volver a ascender hasta mi pecho, besándomelos y chupándomelos e ir subiendo, subiendo hasta mi cuello y finalmente mis labios… ooohhh.

Veo desde mi posición, como ese maduro canoso se adentra por el acceso a las dunas, veo mientras me dejo besar mi cuello y hombro, como ese maduro canoso al tiempo que camina hacia nosotros… se aprieta su entrepierna. Pienso en tener dos pollas para mí… mmm.

El ciclista me pide arrodillarme y comérsela, cosa que hago sin dejar de masturbarlo… mmm. Quedándome en cuclillas, aprovechando para limpiar mi orificio anal con toallitas primero, continuando por untarme algo de vaselina en mi orificio anal, introduciéndome hasta dos de mis dedos… ooohhh.

Mientras disfruto de esa polla en mi boca, tragándome una vez tras otra, costándome al principio, dado su longitud y sobre todo grosor, pues no tendría más de diecinueve centímetros por tres y medio de diámetro… uuuhhh. Recuerdo como mientras presiona mi nuca contra su pelvis, no deja de decirme…

“Cómetela toda”.
“Trágatela, puta… aaahhh”.
“Dios como la comes… uuuffff”.
“Cómeme los huevos, pero no utilices las manos”.
“Venga putita… hazlo, aaahhh”.
Yo obedecía, pues me va ese rol de sumiso, me excita como me manda y me insulte, me vuelve loca cuando me humilla y me degenera… mmm.

Trago su polla sin mano alguna, siento arcadas cuando me oprime mi nuca y noto su glande golpear mis amígdalas, las náuseas se repiten por la falta de aire, pues su polla no sale por mucho que yo lo intento.

Ese maduro canoso sigue allí… mmm, detenido a varios metros de nosotros… mirando, siendo un reclamo para otros que más tarde vendrían. El ciclista viendo a este… primero pasa de él, luego viendo que este no hace nada… acaba por invitarlo, continuando por hacerle gesto a modo de echarlo. Preguntándome…

“¿Quieres que te folle?”.
“Dime zorra, quieres una buena polla dentro tu coñito”
Yo, solo muevo la cabeza a modo de aprobación. Cosa que este me hace levantar, tomándome con su mano derecha mi nuca, acercándome hacia su boca, comiéndome la boca e ir descendiendo hasta mi cuello. Recordándole…

“Nada de muerdos, no quiero marcas de cuello hacia arriba, ahora eso sí… de cuello hacia abajo, todo lo que quieras”.
No dice palabra alguna, me hace girarme con brusquedad, quedándome de espalda a él, colocando su mano en mi espalda, me hace entender que me incline hacia delante, aprovechando su bicicleta para sujetarme. Este acaricia mis nalgas, acabando las caricias en un par de azotes… mmm. Coloca una de sus manos en mi cadera, intuyendo que la otra conduce su polla hasta mi coñito… mmm, mis deseos por ser penetrado son tan grande como la de comérsela a ese maduro canoso. Pues no se ha marchado del todo, acabando por ser un reclamo, pues aparece otro en escena… mmm.

Siento como restriega su duro y cálido glande por mis nalgas, sintiendo húmedo de lo ensalivado que la he dejado. Noto como lo aloja entre mis glúteos, moviéndolo lentamente de arriba hacia abajo, deslizándolo y rozando mi coñito… uuummm, haciéndome desear ser penetrado… mmm, deseando nada más en este mundo que esa polla entre… ooohhh. Cosa que hace… aaahhh, pero no consigue introducirme nada más que su glande, saca y lo vuelve a intentar una vez y otra, haciéndome suplicar…

“Métemela de golpe, destrózame, no tengas compasión… mmm”.
Pero en vez de eso, vuelve a sacarla, pidiéndome…

“Chúpamela un poco”.
“Chúpamela, mientras busco vaselina en mi mochica”.
Tras encontrarla, me vuelvo a levantar, inclinando me nuevamente hacia delante, sacando mi culo hacia atrás, sintiendo como unta e introduce varios de sus dedos dentro de mi orificio… mmm. Siento con gran placer, como me folla hasta con dos de sus dedos… aaahhh.

Sacándomelo de golpe y sustituyéndolos por su miembro… aaahhh, noto su glande introducirse, lentamente avanza, retrocede un centímetro a modo de que me amolde a su tronco… uuufff. Volviendo a la tarea, despacio me penetra, mientras me tiene sujeto por las caderas, besa mi cuello y giro mi rostro para encontrarme con su boca… mmm.

Comienza a acelerar sus embestidas, tirando de mi camisa hacia mi cabeza, sujetándose a mis hombros… aaahhh, haciéndome sentir su polla aún más grande… uuuffff, sintiendo como golpea mi próstata… ooohhh. Me pregunta…

“Te gusta”.
Contestándole…

“Siii… siii… aaahhh”.
Sus grandes huevos golpean una vez tras otra mis glúteos, mientras yo aprovechaba su bicicleta, ya no solo como un objeto donde poder sujetarme, sino e incluso para silenciar mis gritos de placer, pues mordí sillín de su bicicleta… aaahhh. El dolor de sus dedos presionar mis caderas, me hizo presagiar que pronto se correría, no quedándome por mentiroso, cuando en pocos minutos la saca con violencia de mi coñito, descargando los pocos chorros en el suelo. Pidiéndome una toallita húmeda para limpiarse, una toallita para retirar los restos de semen de su polla, toallita que rehusé pues en vez de eso, acabe por arrodillarme e introducírmela en la boca, chupándosela nuevamente y dejándosela limpia. Dejándosela nuevamente dura, dura y erecta, mirándole a los ojos con mirada de deseo, mirándole con ganas de continuar… mmm. Cosa que este me dice…

“No puede ser”.
“Lo siento de corazón. Pero son la 13:30 horas y ya debería de estar en casa”.
“Nos vemos otro día y repetimos, vale”.
No le conteste en ese momento, simplemente me deleitaba con su polla, lista para continuar, acariciándola a modo de hacerle cambiar de idea. Mirándome pícaramente, me dice…

“Me tienes que perdonar, dejarte así… sin correrte”.
Contestándole…

“No pasa nada, además gozo más viendo como disfruta tú”.
Este mientras hablaba, no dejaba de limpiarse, continuando por acabar de vestirse, cosa que yo también hago. Dándome cuenta que una vez más que teníamos compañía, girando mi rostro a modo de poder ocultarlo, no deseo ser reconocido.

Esa compañía como así lo llamaba este, no eran maduros ni viejos, sino dos hombres de entre los treinta y los cuarenta años, mirándonos… mirándome para ser exacto. Con una mirada sedienta de deseo, deseo que no eran otros que fueran correspondido de la igual manera que ese maduro ciclista… mmm. Me miraban mientras se masturbaban, pollas que para nada eran despreciables, sino fuera por mis preferencias, pollas que estaban erectas, pidiendo guerra. Acabando por soltarme el ciclista…

“Mira por donde, vas a tener suerte con estos dos, menudas pollas tienen”.
Dándome una palmada en el culo, me suelta al tiempo que cogiendo su bicicleta con la intención de marcharse.

“Bueno, espero verte pronto, quiero continuar y a poder ser con más tiempo”.
“Te dejo en buenas compañía, ahora te toca a ti disfrutar”.
Pero tras marcharse el maduro ciclista, me marcho yo detrás suya, ambos hacia el acceso entre las dunas de arena, escombro y yerbajos. Mientras estos dos me sueltan, proposiciones deshonesta, prometiéndome gozar entre machos… mmm.