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Pautas de como ser con un heterocurioso en la cama

Heterocurioso

Heterocurioso

No suelen tener foto en las aplicaciones para ligar y, si la tienen, la envían por privado. Son más dados a mandar una imagen del cuerpo que de la cara, aunque hay algunos que también se atreven a mostrar su rostro. Y normalmente contactan con cierta premura, deseando cumplir sus fantasías en el menor tiempo posible. Son los heterocuriosos, aquellos que desean probar las delicias del sexo gay por primera vez (o por segunda, o tercera, etc.) como complemento a su sexualidad normativa.

Suelen ser discretos, aunque no funcionan como sinónimo de la discreción: ni todo heterocurioso es discreto por naturaleza, ni todo discreto es únicamente heterocurioso. Y, normalmente, contactarán con cierta vacilación con un homosexual para proponer su plan. Están seguros de lo que quieren pero, ante preguntas o demandas de fotos adicionales, crearán maneras de protegerse. Seguramente sea una conversación inhabitual a las que se tienen en una aplicación para ligar, pero no todo termina en las redes: una vez se fija una cita, también se dan situaciones que divergen de un polvo común con otro homosexual. Para que todo salga según lo deseado, aquí te damos un breve manual sobre cómo abordar a un heterocurioso en el sexo.

 

1. Los besos, justos

Dar un beso implica crear una fuerte intimidad con la otra persona, incluso más aún que con la propia penetración, pues trae consigo una gran cercanía de los rostros y de las miradas. Un heterocurioso desea experimentar el sexo gay, pero no siempre quiere crear una situación próxima a una pareja: está abierto a los cuerpos, pero no a las emociones. Por eso, es mejor evitar dar un beso antes o durante el sexo y hacerlo solo cuando el otro lo solicita.

2. Más allá del coito

Del mismo modo que un gay virgen no se atreve directamente con la penetración y prefiere iniciarse con la masturbación o con el sexo oral, un heterocurioso tendrá cierta reticencia a lanzarse directamente al coito anal. El sexo anal tiene numerosos mitos (y realidades) sobre el dolor que provoca una primera vez, y ofrecerlo como opción de la cita puede generar ansiedad en quien se estrena en el sexo gay. Acotar la noche a lo que se considera como “previo” al sexo anal (y que no tiene por qué ser así) y explicitarlo antes de llevarlo a cabo como una norma puede generar un ambiente de mayor confianza y relajación.

3. ¿Ponemos una porno?

Si el heterocurioso no se sabe desenvolver con comodidad en el proceso de preliminares o el ambiente está tenso, una opción adecuada es poner una porno que caliente los ánimos. Puede servir como motor del acto sexual si la situación se ha estancado o, en ocasiones, como propio fin: a veces, masturbarse frente a una película puede ser ya una transgresión de límites para el heterocurioso. Ahora bien, habría que ver quién tiene el poder en el mando a distancia o en el ratón del ordenador y qué tipo de porno se elige para el momento, homosexual o heterosexual. Es cierto que hay hombres y penes en todos, pero la excitación que provoca puede variar considerablemente.

4. Despacito…

A veces, lo que el heterocurioso desea no es estar cómodo, sino probar lo que, socialmente, se considera la esencia del sexo gay: el coito anal. Lo que quiere es ser penetrado (antes, incluso, que penetrar). Le da igual el dolor que pueda sentir, porque la fantasía puede sobre la falta de experiencia. El heterocurioso aquí quiere probar lo que se siente siendo al otro lado de la práctica habitual que suelen realizar con sus parejas o amantes, estando al otro lado del espejo. Y al lanzarse de forma ciega al coito anal, la responsabilidad recae totalmente sobre el gay. Él debe encargarse de supervisar los preliminares para preparar el ano para la penetración, lubricarlo bien e ir con mesura. Ser “un activazo cañero”, por mucho que lo pida el otro, puede destruir la situación con toda su violencia, así que se aconseja ir despacio para que la penetración pueda ser placentera o que, al menos, no genere dolor.

5. Preguntar siempre

Un heterocurioso desea experimentar con sus límites en torno a la sexualidad, pero está siempre en una situación de novedad radical que impide aferrarse a los códigos de su sexualidad. Está en un campo que no le pertenece y que siempre genera una sensación de desorientación. Para evitar que se sienta invadido por la situación, lo mejor es preguntar siempre qué quiere el otro. No dar por sentado que el deseo es mutuo, porque sobre el heterocurioso domina la curiosidad sobre la atracción, y es mejor avanzar con el consentimiento del otro en cada paso para que todo resulte en una cita satisfactoria.