Portada Pietro del Toro se folla sin condón a Max Kovacs su antiguo compi de clase | Boyesque
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Pietro del Toro se folla sin condón a Max Kovacs su antiguo compi de clase | Boyesque

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Pietro del Toro se folla sin condón a Max Kovacs su antiguo compi de clase | Boyesque

Tan de moda que están los reencuentros, seguro que más de uno de los que estáis leyendo habeis ido a alguno, por lo menos al de antiguos compañeros de instituto o de clase, sí, ese en el que al final casi todo el mundo intenta aparentar lo que no es, edulcorando su propia vida y en el que al final terminas vomitando de lo bonito que es todo.

Por suerte algunos van buscando zanjar temas que quedaron pendientes. Peleas que merecían un perdón que nunca llegó, abusones a los que poner en su sitio, historias de amor de quiero y no puedo o como en el caso de Pietro del Toro y Max Kovacs, finalizar esa paja juntos en el baño que fue interrumpida por los del equipo de fútbol. Y es que algunos del equipo dijeron haber escuchado gemidos de follada, pero nunca se descubrió quiénes eran los culpables o qué estaban haciendo.

Así que, mientras el resto de la gente vomitaba falsedades por la boca, ellos disfrutaron el reencuentro de lo lindo, tanto que se fueron a tomar por culo de allí, se buscaron una habitación de hotel sin que nadie se enterase, una vez más, y allí finalizaron todo lo que tenían que zanjar, paja, mamada y unas buenas petadas de culo, más que nada para que no quedase nada más pendiente.

Cuando Pietro le bajó los calzones y volvió a posar sus labios sobre la polla, se llevó una grata sorpresa. Claro, ya habían pasado unos añitos y las cosas crecen, colega. Fue un gustazo para él sentir de nuevo esa pollaza crecer entre sus labios, dentro de su boca, mucho más grande. Ahí es donde se quedaron la primera vez. Todo lo que estaba a punto de ocurrir eran experiencias nuevas para los dos.

Max le dio el relevo y ocupó su lugar. Si la suya era grande, la de Pietro ya era exageradamente gorda. Le llenaba toda la boca y sacó su lado más glotón. Tras las mamadas, los dos se exploraron el ojete del culo como perros, intentando decidir quién daba por detrás a quién. Pietro aprovechó mejor su turno, tentó metiendo un dedo por el agujero y salió ganando, porque a Max le gustó y le pidió rabo.

A pelo que se la metió, siendo fieles a como hubieran hecho en su momento de haber follado en los retretes, porque entonces no tenían pelas pa pagarse unos condones. Pietro se mordió los labios cuando Max decidió sentarse encima de la polla para cabalgarle. El cuerpo iba bajando poco a poco, empalándose en su tranca, todo apretadito.

Pietro terminó en plan macho, juntando las piernas de Max, elevándolas hacia arriba, colocándolas sobre sus hombros, cargando con todo el peso, abriéndole el ojete y perforándoselo a pollazos. Los dos más cerca que nunca, cara a cara, mirándose a los ojos y gimiendo de gusto mientras uno estaba dentro del otro.

El momento de máxima felicidad había llegado, ese del que hubieran sido expulsados del colegio de haber culminado el acto en los baños públicos. Pietro sacó su pollaza gorda del culo de Max, se pajeó sobre su cuerpo y Max se quedó mirando fijamente el lechámen que escupía el cipote con toda la leche cayendo encima de él. Max le reconoció que no tenía tan buen tiro, pero se pajeó y dejó caer una pastosa baba lefera encima de su ombligo nada desdeñable.

Para que después venga alguien a decirles que los reencuentros de antiguos alumnos son una tontería. Ahora a los dos les quedaba otra espinita clavada, porque siempre quisieron entrar a los vestuarios del equipo de rugby y comer pollas a pares como condenados. Quizá para la siguiente reunión.

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