Portada Playa y Pollas Calientes
Relatos gay

Playa y Pollas Calientes

Albert abre los ojos, se revuelve perezosamente por la cama y, dando un brinco, salta de ella para ir directamente a la ventana. Ha amanecido, es uno de esos días soleados de invierno. Hoy siente que su cuerpo tiene una temperatura más caliente de lo normal y, decide dar un paseo por la playa… Ante él está el mar con su paleta de colores azules: cielo, cobalto… bañando la amarillenta arena de la playa. El cielo perfectamente calmado de nubes en el horizonte, parece talmente una tarjeta postal para turistas… Albert se desnuda pausadamente y se deja acariciar por las suaves olas de frescor azulado de la Costa Brava catalana… Se relaja y, entra es un estado casi de ensoñación. Roto sólo al sentirse observado. Por lo que sale del agua al momento.
Sabedor que alguien lo está mirando, se sienta en la arena. Su narcisismo galopante hace que ha pesar de tener frío, se quede desnudo acariciándose lentamente su largo y sedoso falo. Al poco, sale un chico de detrás de las rocas y se acerca despacio a él. Su carácter retraído hace que salude con un cierto tartamudeo…- !Hola¡… ¿Está fría el agua?… -.- Bastante, pero al sol se está bien – . Le contesta Albert indicando con la mano que se siente a su lado. El chico se despoja de su ropa con cierto nerviosismo… Albert queda fascinado por ese cuerpo de metro noventa, musculado y fuerte. Que sonríe tímidamente al sentarse a su lado… El chico tiene los ojos más azules que a visto en su vida, y queda embrujado por su belleza… Albert le devuelve la sonrisa, una sonrisa de viciosa complicidad, que tan buen resultado le da para ligar. No en vano sabe exhibir muy bien sus armas sensuales.
Albert acaricia suavemente el brazo musculado del chico… los pectorales perfectamente marcados, coronados por unos erectos pezones aterciopelados… con una mirada de deseo, se acerca a sus labios para fundirse en un largo y apasionado beso… la lengua experta de Albert busca la del chico para jugar con ella, saltando de una boca a la otra… la saliva sale por la comisura de sus labios… Entre zalamerías y caricias se acuestan en la arena. Sus cuerpos entrelazados están embadurnados de arena… Los dos tienen una fuerte erección, sus pollas están duras cómo piedras presionando una contra otra… el chico está nervioso, lleva un ritmo acelerado, y Albert intenta calmarlo. Intuye que es su primera vez, y a él, el sexo le gusta cocinarlo a fuego lento… – Tranquilo chaval… -. A pesar del orgullo que le da su escultural cuerpo, ha quedado tan embrujado por esa belleza masculina que tiene entre sus brazos que solo desea disfrutar largamente de los súbitos placeres de la carne con ése guapo chico.
Los ojos de Albert se clavan es ese culo de formas perfectas del chico. Está excitado en sobremanera, con la polla bien hinchada. Quiere penetrar ese trasero virgen del veinteañero pero se contiene. Y limpiando de la arena la larga y caliente polla del muchacho, que a pesar de su juventud huele profundamente a sexo, se la traga pausadamente en su golosa boca, saboreándola poco a poco… Albert sabe mamar pollas como nadie, y se recrea en ello, pero tiene que controlar que el chico no se corra pronto… – Cierra los ojos y disfruta… – El chico apenas puede aguantar de gusto… – ! Es que me correré… ¡ –  Después, maricón… tienes mucho cuerpo para devorar, y yo mucha hambre… Disfruta… Al fondo, detrás de las rocas, se oye unos gemidos ahogados. Un fornido hombre con un prominente culo cubierto de vello, penetra frenéticamente a otro que masturba su polla con delirio mientras es penetrado…
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