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Relatos gay

Mi primera experiencia erótica fue, sexo-sexo-sexo

 

“Mi nombre es Alejandro, tengo 26 años y me gustaria compartir estos relatos con ustedes.

Mi primera experiencia erótica fue una mezcla entre sorpresa, placer, susto y culpa. Recuerdo que en mi niñez y adolescencia virgen me la pasaba pensando en sexo-sexo-sexo. Y no con mujeres como “debía ser”, sino con hombres, con machos pichulones, calientes, peludos y musculosos. Me corrí mil pajas, mirando porno en un ciber del centro de Santiago, en donde habia privacidad y muchos vídeos gay disponibles. Mientras miraba pensando en el momento justo en donde me comería mi primera verga, pensando en la textura y el sabor de aquel miembro duro.
Un día fui al centro, ni pensaba en la posibilidad de una experiencia… y justo aquel día paso.
Recuerdo que caminaba tranquilamente, iba a tomar la micro para regresar a mi casa, tenia 17 años. Justo cuando pasaba frente a la Catedral de Santiago un tipo mayor de unos 34 años me hablo… me dice que es del norte y que esta paseando, me pregunta si yo se de algún lugar interesante para visitar porque tiene poco tiempo. Recuerdo que en mi inocencia virgen caí en el juego y le indique una par de lugares que conocía. En ese momento me pregunta hacia donde seguiré caminando, yo le respondí que hacia la micro, se ofreció a acompañarme, pues le dije que bueno y seguimos. Mientras caminaba algo me decía que pasaba algo extraño, fuera de lo normal, algo desconocido, como una intuición. De pronto entre conversa y conversa me toca el pecho como haciéndome un cariño mientras sonreía. Fue extraño y sospechoso. Cuando pasábamos por afuera de un local de comida rápida, me dice que necesita pasar al baño y me pregunta: “me acompañas?”. Le dije que si algo nervioso. Algo dentro de mi me decía que había llegado el día. Estaba nervioso.
Entramos al baño, yo orine en uno de los compartimentos, eran dos, el paso al otro, cuando salí empece a lavarme las manos. Al levantar la vista lo vi en el espejo, y empezó a conservarme, me decía que se había comprado unos calzoncillos de algodón porque pasaba mucho frió en Santiago. Me hizo una seña y me acerque nervioso, me dijo: “Mira toca… ah que son ricos y calientitos”. Y toque nervioso la tela del calzoncillo. Él tenia una erección. Al verla me calenté, quería comercela. Tomo mi mano y me dijo toca con confianza. Y puso mi mano sobre su pene duro. Me excite en dos segundos. Y como por instinto cerré la puerta del baño, el acerco sus labios y me beso suave, la verdad es que no lo encontré nada atractivo, no era de mi gusto, así que no lo bese mas allá de ese pequeño topon de labios, lo que realmente me interesaba estaba justo abajo de su ombligo, puso su mano sobre mi cabeza y baje hasta su bulto, la punta de su pene sobresalía del calzoncillos, era un pene de tamaño bastante normal, pero era el primero y estaba que reventaba de excitación, lo saco y lo puso en mi boca, sentí su sabor limpio a piel y su redondes suave, su dureza exquisita, lo disfrute mucho, mientras él se masturbaba con mi boca gozando de placer. De pronto y rápidamente su pene hizo unos extraños movimientos y se vino en mi boca. En ese momento me aterre. Y volví a pensar con la cabeza. Bote su semen en la tasa del baño y me levante. Salí del baño. Me quede mudo. Sentí como si hubiera hecho algo malo. Tontas inseguridades de un adolescente. Salimos a la calle, estábamos mudos, le dije tontamente: “A ti te gusta hacer lo otro también?” Me dijo que si. Que estaba arrendando cerca una pieza. Fue tan difícil tomar la decisión y me arrepentí, le dije que lo vería mañana. Le di mi numero de teléfono y al otro lo deje plantado. No me atreví a pasar en ese momento a segunda base en mi experiencia gay. Recuerdo que me mando un mensaje de texto. No respondí. Recuerdo también que meses después me lo encontré en el centro de Santiago por sorpresa, yo iba con mi madre… me saludo, lo salude fríamente y seguí camino, no lo vi nunca más”

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