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Relatos gay

Profanando un cuerpo masculino. Parte 2

Cuando despertamos cada mañana creemos tener el control de nuestras vidas, creemos tener las riendas de lo que puede o no suceder a lo largo del día pero, el destino nos recuerda en ocaciones que solo somos piezas de un gran juego, el universo se divierte al ver como nos movemos en el tablero que llamamos Tierra. Hoy desperté creyendo que tendría un día común, un día igual de aburrido, un día sin sentido, cotidiano y faltante de gracia.

Me equivoqué.

De pie, como estatua estaba en medio de la habitación del Matrimonio Gutiérrez Diga, la habitacón de mis tíos, frente a mi se encontraba él, mi tío Martín, completamente desnudo, parcialmente inconciente, húmedo y orgulloso de su cuerpo descomunal.

Este día las sorpresas están al por mayor, hace unos minutos me extaciaba al tener a mi disposición el dorso desvestido de Martín, el cuerpo de un maravilloso ejemplar humano, el cuerpo excepcional de un gran hombre.

Sus brazos descansan extendidos apoderándose del ancho del colchón, las axilas quedan al intemperie mostrando los vellos húmedos de la ducha, los pectorales grandes y prominentes muestran las tetillas color marrón retraídas y puntiagudas, pero, la majestuosidad en la que esos generosos genitales descansaban eran un espectáculo mayor, un espectáculo que aseguro que hasta el más sanguinario de los guerreros antiguos pagarían por ver. El escroto envolviendo a los testículos, esos desmesurados testículos sobre las sabanas escurriendo la ultima pequeña gota de agua.

Sediento me sentía al ver tal escena, me enloquecía esa situación.

Su glande reposaba en estado de inconsciencia parcial, estaba ahí, desnudo y exhibiendoce frente a mí, rosado e indefenso descansaba sobre el muslo derecho de su portador, era hermoso, un pene circunciso dormía de la manera mas preciosa, de la manera mas gentil, en momentos parecía silenciado pero en segundos parecía querer- despertar.

Sobre la orilla del colchón tomo asiento, para estar cerca del tan tentador hombre que me derretía con solo su cálido cuerpo.

Tenía ganas de tocarlo, de profanar ese templo pero, mi tía tenía las escrituras, ella era la dueña, ella era la llave y era quién tenía el derecho de poderlo aprovechar ilimitadas veces.

-Pero, ella no está aquí, soy quien por ahora tiene la ventaja de tenerlo a su disposición por esta noche- pensé.

-¿Qué sucede, qué estás haciendo?- susurra intentando regresar a la realidad.

El corazón me deja de latir al escuchar sus palabras mientras entre mis dedos intentan aprisionar sus apetitosos testículos.

* * * *

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