Portada Profanando un cuerpo masculino. Parte 3
Relatos gay

Profanando un cuerpo masculino. Parte 3

De sus labios sale una pequeña pero contundende interrogativa mientras mi mano sujeta sus tersos y rosados testículos. Sus parpados tienen movimiento, se abren dejando al descubierto esos hermosos ojos penetrantes, su mirada es tan relajante pero, esta vez edvierte un mal rato.

-Me ha pedido ayuda, se ha caído en la ducha- susurro pero de inmediato sus parpados caen, se devanecen

La majestuosidad del cuerpo humano es impresionante, sin errores de la naturaleza, es el resultado de trabajo a mano de un ser supremo. No existe fallo alguno, se ha hecho sin descuido, todo en su lugar, donde y para sus funciones vitales. Así es Martín, un verdadero ejemplo de la perfección, una muestra de que los errores se pueden evitar.

Le observo detenidamenet, sin prisas, algo tan majestuoso debe set- disfrutado, se tiene que hacer un esfuerzo para dejarlo grabado por toda una eternidad, como un tatuaje para que, cuando se dude de la divinidad nos recuerde de la existencia de ella.

Entre mis dedos tengo sus testículos, sin vellos ni imperfecciones. Me acerco decidido, les veo con paciencia, son hermosos. Como un mapa resaltan una pequeña red de venas, pequeñas e insignificantes pero, complementarias de la hermosura. Ejerso presión, tiro con fuerza y noto su cuerpo reaccionar, su reacción me encanta, tanto que incita a seguir tirando del escroto.

Debo admitir que, con su presencia me sentía en el cielo, en compañía de un ángel, pero a la vez creí estar en el mismo avismo, en el centro de la tierra, en el hogar del mismísimo ángel desterrado, la piel la sentía arder, como si me quemara por dentro.

Estoy impaciente.

Tengo deseos de realizar los más profundos y perversos sueños que he tenido a lo largo de mi vida pero, ¿Que me impide realizarlos? El cosmo ha puesto todo a mi favor.

Trago saliva, tengo deseo de probar, deleitar a este hombre que tengo a mi completa disposición. La lengua actúa por si sola, se dirije justo debajo de los testículos dando un roce apenas que se siente dejándolos húmedos.

El sabores delicioso.

Mi boca está saturada, dentro de ella resguardo con recelo esos hermosos testículos, jugueteo con ellos.

Estoy completamente en éxtasis, la lengua juega un papel importante, succiono poco a poco hasta llegar a más, su cuerpo nuevamente reacciona, sus piernas combulcionan, dan señal de que lo está disfrutando, al menos en el subconciente.

Insisto, a la vista es un regalo pero, al gusto es simplemente delicioso, disfuto juguetear con sus hermosas bolas.

Entre mis manos tengo su orgullo, su sello masculino, masajeo su glande como si quisiera revivirlo, lo reanimo y parece funcionar, comienza a tomar consistencia. Está despertando, lo hace mientras parece convulcionar, da pequeños saltos mientras su tamaño aumenta con rapidez.

Soy testigo de un hermoso desarrollo.

Ahora ese miembro dejo de ser un pequeño, en éste momento es un hombre, grande, firme, pálido del tronco pero rosa intenso en la punta, parece que se dirige justo a mi, como incitándome a hacerle honor. Causa en mi unas ganas inmensas de saborearlo, y no pierdo tiempo.

Me preparo psicológicamente para lo que estoy a punto de hacer, me hago mil preguntas pero ignoro las respuestas, solo quiero tenerlo entre mis labios. Lo sujeto entre mis manos, parece un pez fuera del agua, sufre de espásmos. Es tan hermoso, repleto de gruesas venas.

Separo mis labios mientras me acerco lentamente hacía él, el corazón acelera su ritmo con rapidez, la adrenalina corre por mi sistema circulatorio causándome anciedad.

La lengua es la primera en ter contacto con el glande de mi tío, una sencacion de sabores me invade, por si solo se lubrica, está viscoso y un sabor a hombre que enloquese.

Lamo como un cachorro, me alimento de un celestial manjar, el cuerpo de Martín se percata de la acción y, como resultado sus músculos se contraen. Estoy a punto de una paro cardiaco.

Me lo introduzco con lentitud, pes quiero saborearlo una y otra vez, lo hago parecer comercial de un suculento platillo, gozo cada centímetro de virilidad, lamo y gimo a la vez, tiro de sus testículos mientras me introduzco el glande, mi tío expide un silencioso sollozo, el miedo me detiene por un segundo pero, sigo por convicción, se vuelve adictivo, no puedo dejar de consumir sus sabores, de absorber cada gota saliente de ese duro caramelo humano.

Martín parece volver en sí, su respiración se ascelera continuamente, ya no me importa, pierdo el temor de ser descubierto, disfruto estar estimulando aquella zona erógena masculina.

Me introduzco ese trozo de carne hasta impedir que entre aire hacía mis pulpones, es doloroso y placentero a la vez, noto como le place a mi tío, gime de nuevo, esta vez lo hace sin limitaciones, de su ronco pecho sale el sonido exquisito.

De pronto llega a mi mente la mas terrible de las ¡deas, viene a mi el deseo de querer tenerlo dentro, me apetece estar conectado a él.

A mis queridos lectores:

Les quiero desear un feliz y buen inicio de año, que todos sus propósitos se logre.

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Un saludo de tu amigo mexicano LeopoldoDiga

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