Portada Profanando un cuerpo masculino. Parte 4
Relatos gay

Profanando un cuerpo masculino. Parte 4

El pasado pueder el gran desencadenante de nuestro presente, incluso de nuestro futuro, los grandes acontecimientos que tuvimos en algún momento de nuestra vida, sea un buen o mal episodio, es perjudicial. Nos marca de por vida, desde cicatrices superficiales y visibles hasta nuestras ideas, las convicciones se ven alteradas, pensamientos, ideas. Toda forma de pensar hasta ese momento se ve alterada.

Dentro de mí se esconde un secreto, uno que me he esforzado por sepultar, lo comparo como obra del mismo dueño de las tinieblas, es un acto que por ahora quisiera omitir, un enigma personal que por su bien y el mío propio deseo evitar contar.

Recordar por ahora me resulta difícil, escalofriante, me hace un hombre temeroso de quien me rodea pero, por ahora nos enfocaremos en un recuerdo en que que yo soy quien peca, experiencia en la funjo como protagonista.

Dentro de mi cabeza hay una guerra de ¡deas, un monton de pensamientos que, para nada son buenos, se me ocurre dejar entrar a mi tío, quiero alojarlo en un reservado lugar, donde no cualquiera entra por mi propia volunta y menos en estas circunstancias, quiero hacerlo aunque el simple acto me cause dolor.

Abalanzo el cuerpo sobre el suyo, sobre su abdomen, de tal modo que logre ver su rostro en descanzo, él sigue dormido, duerme como pequeño, no está solo, lo acompaña la ignorancia de su futuro cercano, no se ha dado cuenta de lo que mi mente esta a punto de realizar, lo compadezco pero no me da lastima, al contrario me causa envidia.

Le contemplo por unos minutos pero, las ganas de seguir con el programa me hace detener la contemplación, inclino un poco el cuerpo solo lo suficiente para alcanzar a lamer la punta de sus tetillas, lamo solo con el extremo de la lengua, despacio pero constante, no me detengo, sus tetillas reaccionan y se endurecen.

Sigo impactado por la clase de hombre que tengo a mi merced.

Creo que soy una mala persona, un monstruo que se a despertado con la luz de las estrellas, me avergüenzo de mí mismo, recuerdo las pláticas que dan en la iglesia y el temor a lo divino aparece.

¿Será que iré al infierno? Surge la interrogativa.¿Será que nunca podré ser perdonado por este pecado?

Acaricio la capa de vellos que cubren sus pectorales y los miedos, temores y angustias desaparecen como el resplandor de una estrella pasajera. La erección que tengo la hago descansar justo entre sus pectorales sin miedo ya a ser descubierto.

Deslizo el cuerpo para ahora dar un último beso a su virilidad, humedezco mis labios danjando un pequeño beso sobre la punta ahora vizcosa, la anciedad no me deja solo dar un beso, sino que se me antoja deleitar un poco mas de la masculinidad de mi tío. Es tan delicioso, cada suculenta gota que arroja es única, diferente siempre una de la otra.

Creo que es suficiente. Dejo de lamer para nuevamente deslizarme hasta su abdomen, en el camino gozo la manera en que sus vellos rozan contra los míos creando un hambiente electrizante.

Le veo al rostro mientras apoyado de mis rodillas me elevo un poco, le tomo de su miembro y lo dirijo directo a donde quiero que esté. La consistencia aún erecta me hace detener por un segundo, replanteo lo que estoy a punto de hacer pero, no sirve de nada, le gana el deseo a la cordura. El extremo de Martín me humedece al contacto, nuevamente lo manipulo para humedecerme por completo. Estamos en contacto, nuevamente ayudándome de las rodillas, ahora desciendo, lento, seguro pero constante. La presión no se hace esperar, noto como por alguna razón mí cuerpo no está en sincronía con lo que pienso, quiero dejarlo entrar pero mí cuerpo hace lo posible para que eso no ocurra.

Tal conflicto solo hace más que darme angustias pero, sobre todo dolor.

De mis labios se extrae un gemido, esta vez por el suplicio.

Algo extraño sucede, de pronto parece que mi cuerpo se ha dado por vencido, cree haber perdido la batalla, poco a poco le da paso a Martín quien entra como todo un hombre, orgulloso y altanero.

El cuerpo pierde la batalla pero piensa dar pelea para la guerra, mintras él se sumerge en mi, el cuerpo me castiga dándome dolor, trata de hacerme entrar en razón pero, soy un psicópata que no entiende razón.

Los gemidos no se detienen, son alentados por el compartir de sus cuerpos, no se detendrán mientras la conexión esté hecha.

Se me sigue infringiendo laceraciones, el pasar de mi tío es mas traumante de lo que imaginé, no para de hacerme daño ni de dejar marcas, como el pasar de una estampida de animales sobre la arena, asi me marca con cada acercamiento.

-Quiero terminar con esto- pensé e ignorantemente decidí dejar entrar con rapidez lo que restaba de Martín. Cierro los ojos con fuerza, las lagrimas amenazan con salir como abejas en enjambre, contengo la respiración y el cuerpo tiembla. Quiero gritar para así poder sacar toda esta tensión que me está matando. Gimo, gimo y no paro de gemir.

La unión está hecha, somos un solo elemento.

Valanceo mi cuerpo, de frente y retrocedo lentamente, trato de acostumbrarme a él, las cosas cambian, no todo es dolor, como esporádicos rayos de luz al manecer, aparece la satisfacción, el placer y las ganas de seguir con movimientos circulares.

El cuerpo de Martín reacciona, sus músculos se contraen en varias ocaciones, lo hace cuando hago esos movimientos sutiles en los que me levanto y cuando estoy a punto de dejar salir al miembro vuelvo a adentralo de un solo movimiento.

Me estremezco.

La fricción que existe entre nosotros es especial, deliciosa y adictiva. Estoy a punto de experimentar el máximo momento, no paro de jadear. Me he dejado llevar por el momento que me he perdido en un mar de sensaciones. Subo mi cuerpo una vez mas y lo dejo caer mientras soy atravesado de nuevo por mi tío, inesperadamente veo sus párpados elevarse y veo sus ojos que me observan.

Entro en pánico.

La sangre deja de fluir, el mundo se detiene mientras siento desvanecer, me veo expuesto, ¿Como podré justificar la escena? No hay excusa para lo que ocurre.

Sus manos se levantan, cierro los ojos esperando un golpe contundente, así pasa, experimentó una gran sacudida que me hace caer.

Abro los ojos solo para programar la huida pero, estoy inmóvil sobre mi tengo el cuerpo de mi tío, me clava no sólo la mirada.

La conexión no ha finalizado.

Los papeles se intercambian, ahora es él quien me somete, su mirada me causa escalofríos, se ve alterado y con las misma alteración me enviste. Es doloroso pero placentero. Nuestros labios no se besan, sino que ahora se unen nuestros sonidos de satisfacción, los gemidos se adueñan de la habitación.

Amo la manera en la que un hombre demuestra su placer.

Noto que sus entradas y salidas son mas salvajes y contundentes, es fácil saber cuando se está por “terminar”. Entre nosotros no existe conversación en palabras.

Martín se empeña en llegar mas lejos, es como si quisiera sumergir todo su cuerpo en mi, su respiración la deja en mi oído, su respiración me estremece, de pronto toma con sus dienten parte de mi oreja, la muerde mientras celestialmente se vacía, su cuerpo se tensa y sufre de espasmos y contracciones. Sigue dentro de mi pero, mas húmedo que al principio.

Noto como me abandona dejando un vacío, todo ha pasado, me ha

dejado tembloroso, dañado pero marcado, dentro tengo la prueba de

haber tenido a un excelente ejemplar masculino.

*

A la mañana siguiente desperté confundido, él no estaba pero, no importaba, me di una ducha y baje a la cocina, ahí estaba él preparando el desayuno.

Desde aquél día no se tocó el tema pero, a decir verdad planeo un próximo encuentro, sé que han pasado ya algunos años pero las ganas de probar algo de ese Cali re me pone loco.

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Si te gustó Vota y sígueme para no perder detalle de lo que vendrá Un saludo de tu amigo mexicano LeopoldoDiga Te invito a leer “Nuestro Secreto” de mi autoría, es una historia diferente a lo que los tengo acostumbrados.

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