Portada Relato gay – Fui hetero hasta que mi mejor amigo me confesó era gay
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Relato gay – Fui hetero hasta que mi mejor amigo me confesó era gay

Toda mi vida me había puesto la etiqueta de heterosexual, claro había tenido muchas novias, eso era lo que todos esperaban de mí. Pero Roberto, mi mejor amigo, había venido a mostrarme que tal vez así no encontraría al amor de mi vida. Nos conocemos desde que éramos unos niños, estudiamos juntos hasta la universidad, donde él se tuvo que mudar de ciudad para continuar sus estudios.

Hace algunas semanas regresó, era obvio que nos teníamos que ver, es mi amigo y había mucho que platicar. Hacía años no nos mirábamos, así que la conversación fue algo normal, le comenté que estaba de novio, ahora estaba con Laura y en el trabajo me iba muy bien, todo fue risas, recordar anécdotas y tomarnos algunas cervezas. Después de un tiempo noté que Roberto estaba algo callado y era inevitable mirar sus ojos llenos de lágrimas, yo no sabía lo que estaba pasando, así que no quise ser imprudente y le dije: vamos a otro lugar más tranquilo mejor. Nos fuimos de ese bar y nos sentamos en un parque que estaba cerca, ya era algo tarde, el lugar estaba solo.

Relato gay

Había mucho silencio, hasta que habló, él tenía una pareja, pero había descubierto que lo estaba engañando, así que por eso decidió regresar a la ciudad. Yo no notaba nada extraño en esto, le dije que no se preocupara, mujeres había muchas y encontraría a la indicada, su mirada se posó en mí y con apenas un susurro externó: “soy gay”. No supe de qué manera reaccionar, mi mejor amigo me estaba diciendo que era homosexual, como no me di cuenta antes, toda una vida juntos y hasta ahora me enteraba. Yo sólo sonreí, no tenía palabras, mi crianza no me permitía ver esto como algo natural.

Esa noche las cosas quedaron así, cada uno se fue a su casa, yo daba vueltas a todo en mi cabeza, una y otra vez. Mi novia notaba algo extraño en mí, pero le repetía que no se preocupara, que sólo eran cosas del trabajo. Pasaron días, yo no sabía nada de Roberto, al parecer me había bloqueado de sus redes sociales y no me atrevía a ir a su casa. Un día estaba en el bar con unos compañeros, entonces lo vi, estaba sentado en una mesa, nadie le acompañaba al parecer.

Después de un tiempo decidí acercarme a saludar. “¡Qué onda Roberto! ¿Cómo has estado cabrón?”, fue la manera en la que me acerqué. Se giró para ver y se levantó de la mesa, por mero impulso lo detuve, tenía que saber que estaba pasando, quería una explicación, nos sentamos, jamás olvidaré como me miraba, su ternura, su cariño, podía mirar su alma, pero quería saber porque me había sacado de esta manera de su vida.

Le expliqué no tenía ningún problema si era gay, de hecho, no lo parecía, no quería perder a mi mejor amigo. Llegó el momento de que él hablara: “Esteban, desde pequeño sentí cosas especiales por ti, cuando me fui esperaba olvidarte, no podías descubrir nada, pero jamás te alejaste de mi mente, eres y tal vez será el amor de mi vida, nadie me hace sentir algo similar a lo que pasa cuando te veo, no quiero esto, no lo podré soportar, así que mejor me iré, lo siento, recuerda que siempre tendrás un lugar especial en mi corazón”.

Salió del lugar y yo me quedé sin saber qué hacer, estaba en shock, tal vez porque despertó de nuevo ese sentimiento que oculté durante tanto tiempo. Salí corriendo para alcanzarlo, tomé su mano, también era el amor de mi vida, ninguna mujer me hizo sentir lo que sentía cuando estaba con él. Lo acepté, tenía que estar a su lado, estaba seguro que era la persona con la cual debía compartir mis alegrías y tristezas, lo besé, fue el beso que me demostró no me estaba equivocando. Hace 15 años estamos juntos, hemos enfrentado problemas, claro, pero siempre seguimos adelante, no me arrepiento de haber aceptado lo que sentía.