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Reseña Libro: Bareback Juke-Box

“Los homosexuales tenemos la obligación de ser exhibicionistas. Si tengo que ver tetas y minifaldas y tacón blanco hasta cuando me ofrecen pasta de dientes, entonces, ¿por qué yo tendría que esconder mi naturaleza? Cuidar las formas para ganarnos el respeto moral de los bugas no es más que otra clase de clóset. Los gay bien portados son las mascotas de los bugas. Me niego a terminar así. Me vale madres lo que piensen.”

Anteriormente les había hablado de Wenceslao Bruciaga y su particular estilo de ir contra lo convencional en cuanto a literatura gay se refiere. Bruciaga no solo es arriesgado, es irreverente, algo que no a muchos gays agrada, pero que también plantea una realidad un poco más cruda, una versión con la que muchos se pueden identificar acerca de cómo es ser gay en México.

En Un amigo para la orgía del fin del mundoel autor recopila 10 años de trabajo escribiendo una columna en el periódico Milenio, trabajo con el cual logró enfurecer a un gran número de personas LGBTI+ por darles justo en sus clichés y contradicciones; mientras que a otros nos hizo gozar con su pluma mordaz, pero llena de razón y de momentos en los que no puedes evitar conmoverte, incomodarte o soltar una carcajada.

Bien, pues con Bareback Juke-Box, Wenceslao reafirma su compromiso por presentar una narrativa cruda, que no sabe de tapujos ni buenos modales. Utilizando nombres re conocidos en la cultura popular, pero otorgándole a cada una de las voces en su obra distintos tonos, este autor nos entrega una obra llena de momentos en los que nuestros prejuicios se ven expuestos y la incomodidad, aunque evidente, se convierte en un buen precio que pagar con tal de llegar al final de esta historia.

 

Portada Bareback Juke-Box editado por MOHO.

La historia se centra en Hipólito, que por voluntad propia adquiere VIH después de que Fernando le rompiera el corazón. De ahí la primera parte del título bareback, y el juke-box del deseo que “Hip” desarrolla de venganza, con el que decide regresar al box para planear un encuentro con Fernando en el que está dispuesto a romperle la cara.

Y puede que la idea suene bastante agresiva y un poco perturbadora, pero genuinamente a esta obra no le hace falta más rosa que el de la portada. Insisto, Bruciaga tiene un estilo único y bastante hosco, pero que ayuda a desdibujar la realidad como es y no como los filtros de Instagram quieren que la veamos. Hay problemas, sí, una creciente homofobia, un montón de prejuicios que necesitamos cambiar y una comunidad gay que se comporta como todo menos como comunidad.

Sin ocuparse por realizar una narrativa extremadamente compleja, el estilo de Bruciaga llena las páginas con el sarcasmo característico de su pluma, que pone en entre dicho los dilemas en los que el protagonista vive sobre el modo de ser y vivir la sexualidad en un país que llora la muerte de un cantante homosexual y al día siguiente pisotea la bandera del arco iris. Pero ahí no concluye el trabajo de este autor, ya que también en su forma de percibir el mundo se da espacio entre sus letras para dejarle ir algunas verdades al colectivo LGBTI+ sobre sus propias inconsistencias.

Leer a Wenceslao es como excederte con el alcohol. Sabes de antemano que la resaca te las va a cobrar, pero una vez que pruebas el primer trago, los siguientes caen como agua. No puedes evitar no leer, necesitas llegar al final de la historia, exprimir cada frase, cada letra hasta que acabas.

Ahora que lo pienso, también podríamos equipararlo con un orgasmo.

Yo sé, que están acostumbrados a encontrar en la literatura gay que aquí les he recomendado, historias de amor cuyo ingrediente principal es el excesivo romanticismo que en ellas encontramos, pero la obra de Bruciaga también tiene que estar en su biblioteca. Porque tal y como en la vida, esta obra es tan solo otro matiz, otra realidad que puede o no coincidir con la tuya, pero que sin duda te sacude y te emociona, un tanto por el lenguaje desfachatado y otra por la intensa historia del protagonista en la que cuestiona los estándares LGBT y los enfrenta con los prejuicios que hemos creado en nuestro afán de parecernos más a los bugas y menos a nosotros con tal de ganar el ficticio respeto que te proporciona el entorno social si te portas bien.

Pero no todo es ironía para el autor. En esta obra, Wenceslao explora nuestro lado más vulnerable, sí, desde un lado obscuro y misterioso, pero también desde el lado más íntimo que nos muestra otra visión que quizás sea desconocida para muchos, pero para otros puede ser un acercamiento más aproximado de su realidad o a la realidad de alguien que necesita su ayuda.

Más que una novela, le aplaudo al autor que haya creado un texto que definitivamente no será una historia más que se quede en el estante. Este es un buen golpe de realidad para muchos que aún se niegan a ver la escala de grises en medio del arco iris…

Así que les recomiendo que lean Bareback Juke-Box. Pueden adquirirlo en línea aquí.

¿Qué opinas?

 

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