Portada ‘Rick and Morty’ es el antídoto perfecto contra la nostalgia
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‘Rick and Morty’ es el antídoto perfecto contra la nostalgia

La serie de animación del momento no introduce ninguna referencia pop para engatusarnos, sino para incomodarnos.

 

En ‘Back in Time’, documental sobre los primeros treinta años de devoción nerd por ‘Regreso al futuro’, Dam Harmon explica cómo los miembros de su generación, marcada por la ironía y el descreimiento, no tienen ninguna vaca sagrada comparable a los grandes ideales que dieron forma a las anteriores. Salvo, quizá, Marty McFly y Doc Brown. El guionista y co-creador de ‘Rick and Morty’ lo pudo comprobar de primera mano gracias a Channel 101, colectivo artístico independiente que él mismo contribuyó a fundar en el año 2002. Fue en su seno donde el animador Justin Roiland presentó su corto ‘The Adventures of Doc and Mharti’, una perturbadora parodia de ‘Regreso al futuro’ que Harmon describiría más tarde como el mayor sacrilegio punk que un compañero de la Generación X podría haber concebido. Los artistas de Channel 101 estaban acostumbrados a todo tipo de transgresiones y atentados al buen gusto (de hecho, la comunidad fomentaba el pasarse de la raya como motor creativo), pero ‘Doc and Mharti’ fue recibido con silencios incómodos, risas nerviosas y puro estupor.

Así que, cuando Harmon vio que Roiland había animado y puesto las voces a una historia en la que Doc Brown intenta convencer a Marty de que la única manera de salvar el continuo espacio-tiempo es que se agache y le chupe los huevos, sencillamente supo que tenía que co-producir una serie con ese tío.

‘Rick and Morty’ trabajó a partir de esa blasfemia pop original, limando sus asperezas y construyendo un universo complejo que siempre, siempre, siempre se ha dejado guiar por la máxima de “mata a tus ídolos”. Cuando la serie utiliza el recuerdo de tótems culturales como ‘Parque Jurásico’ o ‘Titanic’, lo hace para (respectivamente) trazar una sátira sangrante de la cultura corporativa que posibilita la existencia de franquicias multiplataforma inspiradas en parque temáticos —¿o era al revés?— y para poner el dedo en la llaga del sustrato reaccionario y pelín clasista de toda aproximación nostálgica. No por casualidad, el personaje recurrente con más apego a su propio pasado (preferible a su humillante presente) es Jerry, padre de Morty y avatar de una masculinidad eternamente frustrada por, entre otras muchas cosas, que nadie en su familia entienda las referencias pop de sus, eh, “chistes”. Nadie tiene tiempo para Jerry en una serie que no tiene tiempo para la nostalgia complaciente.

El primer episodio de la nueva temporada, titulado ‘The Rickshank Rickdemption’, introduce un giro inesperado en esa regla de oro: resulta que Rick, científico loco interesado antes en el nihilismo multidimensional que en el recuerdo de tiempos pasados, sí podría estar actuando conforme a una cruzada nostálgica. Sin embargo, la forma en la que el episodio nos descubre su particular trineo de ‘Ciudadano Kane’, o su hombre de un solo brazo, representa una prueba más de su postura con respecto al tema. Rick hace creer a toda una raza alienígena que el gran secreto en su pasado, la única pieza de información capaz de explicar su desapegada manera de actuar, es una tragedia familiar/cliché de película de acción… cuando realmente son unos nuggets con salsa especial que McDonalds lanzó en 1998 como parte de la campaña promocional de ‘Mulan’. Roiland y Hamon están, pues, escribiendo su alegato definitivo contra la melancolía pop con este (aparentemente arbitrario) golpe de genio: todo impulso nostálgico es, en el fondo, una aberración comparable a dedicar el otoño de tu vida a recuperar un producto efímero de comida rápida, sin importar la felicidad o el bienestar de los miembros de tu familia.

Episodio tras episodio, Rick rompe la cuarta pared, demostrando a los espectadores que es de veras el personaje más inteligente de la serie. Hasta el punto de que, bueno, es hiperconsciente de ser sencillamente un personaje dentro de una serie, lo que convierte nuestro mundo real en un simple plano dimensional superior al que ni siquiera él puede acceder. La gran enseñanza de ‘Rick and Morty’ es, por tanto, que salgamos ahí y vivamos nuestra vida, antes de convertirnos en simples carcasas vacías que solo son capaces de citar referencias pop dentro de artículos dedicados a analizar, de entre todas las cosas que merecerían un enfoque periodístico, el estreno de la tercera temporada de unos dibujos animados. O, como Morty le explica a su hermana Summer en ‘Rixty Minutes’, “nadie pertenece a ningún sitio, nadie existe con un propósito, todo el mundo morirá, vamos a ver la tele”.

 

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