Portada ROMANCE GAY. CARTA PARA EL CHICO QUE DEJÉ IR
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ROMANCE GAY. CARTA PARA EL CHICO QUE DEJÉ IR

“Es cierto, hay amores que no pasan diario y de hecho no ocurren siempre. Tal vez tú eras uno de esos, pero también es cierto que hay un tiempo para todo, y desgraciadamente, amigo mío, no era nuestro tiempo”.

 

A veces ocurre entre las personas que los tiempos y las etapas de vida que cada quien vive son imposibles de juntar, volviéndose incompatibles. Y justamente estas letras son para esos, los que en algún momento tuvieron que jugar a ser el villano en una historia que no resultó, pero que en ningún momento los hizo ser realmente el malo del cuento.

 

Querido chico que dejé ir:

A estas alturas aún no sé si te dejé ir fácilmente o fuiste tú quien se fue rápidamente, sin darme tiempo para reaccionar. De cualquier forma tomaste una decisión y no me queda más que respetarla, siendo la única opción que tenemos, el hacernos cargo de la parte de responsabilidad que nos toca por nuestros actos y cargar con ellos.

Sé que no me había tomado el tiempo de escribirte, pero ahora que lo hago se me vienen a la mente algunas cosas que por tu partida, jamás me permitiste explicar.

Y no es que necesite darte explicaciones o justificar mis actos, pero haciendo uso del derecho de replica que todos tenemos a nuestra disposición, es que me animo a dejarte algunos puntos muy claros.

Primero que nada me gustaría decirte que al igual que yo, sabías perfectamente el tipo de terreno en donde te estabas metiendo. No había máscaras, telones o abismos y desde luego, yo tampoco tenía intenciones de fingir ser alguien que no era con tal de conquistarte. 

Y aunque no niego el interés que llegaste a despertar en mí y la curiosidad que sentí por ver si eras tú el correcto, sí rechazo ser el culpable de hacerte creer algo que solo pasó en tu mente, pero jamás en la mía, al menos no tan rápido. 

Fuiste tú quien en su desesperación y anhelo por vivir el amor, se enamoró de mí y proyectaste una imagen idealizada de lo que creías que yo era, todo con el fin de ajustarme a un deseo no correspondido muy dentro de ti; deseo que esperabas llenar conmigo…y te falló.

Siempre he creído que en la vida a todos nos toca jugar alguna vez para un equipo o el otro, y en este caso la vida tuvo la puntada de juntarnos justo cuando ambos jugábamos para el equipo contrario, lo cuál no significa que ninguno de los dos haya estado en los zapatos del otro antes, porque aunque no me lo creas, yo también he sido el “bueno” y seguramente tú también has sentido lo que es ser el “malo”, lo que es ser alguien como yo.

Pero la diferencia entre nosotros, es que yo lo acepto. Acepto sin tapujos el lugar en donde hoy por hoy me encuentro parado y acepto lo que fui, mientras que tú, en tu máscara de querer ser siempre el chico “bueno”, sigues negando rotundamente haber sido alguna vez el “malo”, rayando casi en los terrenos cómodos de la victimización. 

Sin embargo, no te culpo porque siempre es más sencillo decir que son otros los que nos hacen daño, en vez de aceptar que en algunas ocasiones, no somos tan fieles al concepto y percepción que tenemos de nosotros mismos.

 “Los más triste de un chico bueno es que nunca va a aceptar que en algún momento de su vida, también ha sido un chico malo”.

Y en este punto, es cuando me atrevo a decir que disfrutabas en cierta medida la clase de “reto” que yo representaba para ti en ese momento. Te gustaba, y no lo niegues, esa sensación de placer que te daba el verme como una bestia que tenías que domar y doblegar, como si se tratase de una lucha de poder en donde querías demostrar que tus encantos eran suficientes para que un chico “malo” como yo, cayera rendido a tus pies y se doblegara para llenar tus expectativas y corresponder a tus emociones. Pero de nuevo fallaste.

Ahora me doy cuenta que tal vez en realidad yo no era tan malo como piensas, de hecho tal vez nunca lo fui. Me parece injusto llamar “malvado” a alguien solamente por no ser lo que esperamos, sobre todo cuando ese alguien en ningún momento hizo algo que nos dejara una cicatriz profunda, de esas que nunca cierran porque llegan hasta el alma. Y lo que pasó estuvo muy lejos de eso. 

Tú, en tu mundo de fantasía donde el amor debe ser como en los cuentos de hadas y sin ninguna clase de conflicto que te saque de la zona de confortcreíste que yo debía corresponderte en el modo y la forma que se adecuaba a tus necesidades, pero que de ninguna forma respondía a las mías y entonces de inmediato me convertí en el villano del cuento.

Te diste cuenta que no podía responder a tus exigencias sentimentales, y no porque no quisiera hacerlo,sino porque yo me di cuenta que no eras esa clase de chico bueno que me hiciera sacar mi mejor versión y entregártela.

Y por favor no me mal interpretes, no quiero decir que no fuiste bueno, desde luego que lo fuiste. Veía todo lo que hacías por mí y aunque no lograba entender que había hecho yo para merecer todo eso, loaceptaba pero no podía replicarlo de vuelta porque no sentía ese incentivo, esa motivación que yo provocaba en ti y que te impulsaba a darme tu mejor versión.

Ahora comprendo que probablemente, en esto de las relaciones amorosas, soy yo quien anda en busca de alguien que me haga sentir eso mismo que te provoqué sin esfuerzo, para darle lo mejor de mi y entonces tal vez, dejar de ser un chico “malo” para convertirme de nuevo, y después de mucho tiempo, en un chico bueno. Un chico bueno que te apuesto, quiere amar y ser amado tanto como tú.

Atentamente,

El chico “malo” que nunca dejó de ser “bueno”.

 

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Fuente: Cortesía Alex Toledo

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