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El sistema inmune genera anticuerpos contra la malaria

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El sistema inmune genera anticuerpos contra la malaria

Hasta la fecha no existe una vacuna efectiva contra la enfermedad tropical malaria. Científicos del Centro Alemán de Investigación del Cáncer (DKFZ, por sus siglas en inglés) ahora han estudiado cómo el sistema inmune humano responde a la infección natural del parásito de la malaria. Analizando células inmunes individuales, descubrieron que el sistema inmune produce anticuerpos que protegen contra la enfermedad en ratones. Además, se forman células de memoria de vida larga y producen este anticuerpo nuevamente si es necesario.

Estos hallazgos –publicados en ‘Immunity’– ayudarán a desarrollar vacunas más específicas de próxima generación. Más de 3.000 millones de personas en todo el mundo corren el riesgo de contraer la malaria. Viven en regiones donde los mosquitos transfieren los agentes infecciosos unicelulares, parásitos ‘Plasmodium’, que causan la enfermedad tropical. Durante décadas, los científicos han realizado esfuerzos intensivos para desarrollar una vacuna contra la malaria. Se aprobó en 2015 una vacuna que demostró ser poco efectiva y la débil inmunización que generaba tampoco duró mucho.

“Lo idóneo es una vacuna que provoque una respuesta de anticuerpos contra los llamados esporozoitos, la etapa del parásito que el mosquito transfiere a los humanos”, señala la investigadora Hedda Wardemann, del Centro Alemán de Investigación del Cáncer (‘Deutsches Krebsforschungszentrum’, DKFZ), en Heidelberg. “Si el sistema inmune es capaz de destruir el agente infeccioso en esta etapa, antes de que llegue al hígado, entonces la infección queda sofocada desde el principio”, añade.

Con el fin de facilitar el desarrollo de vacunas futuras más específicas, Wardemann y sus colegas ahora han investigado cómo el sistema inmune responde a la infección natural de la malaria, estudiando a nivel de célula única si se forma un recuerdo inmune duradero. “Con nuestro estudio, queremos generar conocimiento que pueda fluir en el desarrollo de la próxima generación de vacunas contra la malaria“, dice la inmunóloga de DKFZ.

En su estudio, los investigadores usaron muestras de sangre de personas que viven en un área de alto riesgo de malaria. A partir de las muestras aislaron células B de memoria de larga vida del sistema inmune que se dirigían contra esporozoítos de la malaria. Las células B de memoria transportan anticuerpos en sus superficies sin liberarlos a la sangre; pero si vuelven a entrar en contacto con el agente infeccioso, se producirán grandes cantidades de sus anticuerpos, lo necesario para prevenir una infección.

Los investigadores encontraron estas células de memoria en casi todos los sujetos de estudio, aunque en cantidades muy pequeñas. Sin embargo, el hallazgo relevante fue que varias células de memoria producen anticuerpos que protegen a los ratones de la infección por esporozoitos, lo que permitió a los científicos evaluar las secuencias de aminoácidos exactas de la proteína esporozoíta que son el objetivo de estos anticuerpos protectores.

MUY POCAS CÉLULAS DE RECUERDO

No sorprendió al equipo de Wardemann que después de la infección natural solo se formaran muy pocas células de memoria. Solo pequeñas cantidades de esporozoítos entran a la sangre por cada picotazo y, además, desaparecen rápidamente en el hígado. “La cantidad es simplemente demasiado pequeña para estimular el sistema inmunitario lo suficiente”, explica Wardemann.

Sin embargo, esta experta piensa que es posible desarrollar una vacuna protectora contra los esporozoítos. “Una vacuna eficaz debe provocar que las células de memoria generen una respuesta extremadamente poderosa, antes de que los esporozoítos desaparezcan fuera del alcance al hígado. Para que esto suceda, debemos conocer los objetivos de una respuesta inmune protectora de la manera más exacta posible. Con nuestro estudio, hemos logrado esto: las secuencias de aminoácidos de esporozoíto contra las cuales se dirigen los anticuerpos protectores pueden servir como base para una nueva vacuna”.

Los parásitos de ‘Plasmodium’ tienen un ciclo de vida extremadamente complejo. Durante una picadura de mosquitos específicos, los agentes infecciosos se introducen en el huésped en una forma llamada esporozoítos. En unas pocas horas, los esporozoítos infectan las células del hígado, donde maduran y se multiplican, dejando el hígado en forma de “merozoítos” e invadiendo los glóbulos rojos. Allí, se multiplican nuevamente, liberando nuevos merozoítos que, a su vez, infectan a los eritrocitos. Esta infección cíclica y la descomposición de los glóbulos rojos produce los síntomas recurrentes típicos de la malaria.

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Revista Zero