Portada Cómo subirse a una zodiac sin dejar tu cerveza, según Michael Fassbender
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Cómo subirse a una zodiac sin dejar tu cerveza, según Michael Fassbender

Un día cualquiera en el verano de Fassbender

Parece otro día de verano para Michael Fassbender. El actor disfruta de sus vacaciones en Formentera, sabiéndose la máxima expresión del espíritu “mediterráneamente”: el polo desabotonado y descolorido por el sol; el bañador en el punto justo para el hombre elegante que no es esclavo de las tendencias; en una mano las alpargatas de cordones; en la otra, la cervecita. Pareces el pirata del poema de Espronceda, pero en versión chiringuito. La gente anónima que se cruza con este corcel estival lo observa con mirada de aprobación parapetados tras sus gafas de sol. Un hombre hasta se ha desmayado en una tumbona ante la radiación de estilo del portento germano-irlandés. Insistimos: parece otro día de verano para Michael Fassbender.

Un hombre no se arredra ante un terreno incierto

Comienzan las dificultades. Respirar la autenticidad del verano no debería estar reñido con el confort. Fassbender acomete su primer desafío: la coqueta pero angulosa escalera de piedra. Sabe que va a doler, pero hoy se ha levantado faquir. ¿Para qué sentarse un momento en el escalón y calzarse las alpargatas si te has metido en las zapatillas de Steve Jobs y has sobrevivido? Ni siquiera el sospechoso cable de alumbrado que asoma de una boca de desagüe merma su firme decisión de alcanzar la zodiac que lo espera al final de este tortuoso camino. Ni siquiera la posibilidad de desequlibrarse y vertir o romper su cerveza lo acobarda. El hombre de la tumbona parece recuperarse de su desmayo para no perderse el espectáculo.

La sombra de la duda

Hasta un hombre que ha sido héroe y villano tiene derecho a mirar atrás. Rectificar es de sabios, tal vez ha llegado el momento de volver al escalón y calzarse. Es más: tal vez sea mejor idea sentarse en la terraza a disfrutar de la cerveza mientras esperas a que algún guardaespaldas te cargue en brazos hasta la lancha. La tentación de los pecados capitales frente a la virtud del sufrimiento. Si algo nos une a Fassbender es que se muestra como un dios muy humano.

El espíritu Bolsón

¿Qué habría sido de la Tierra Media si Frodo hubiese sucumbido a las dificultades propias de ser el portador del anillo? Fiel al espíritu Bolsón, Fassbender continúa su travesía a paso ligero, esperanzado porque casi puede sentir en sus pies el frescor del agua que le indicará que ha llegado a su destino. Pero no sabe que, una vez allí, le esperará una prueba todavía más dura…

Valora tus opciones reales de éxito

Cuando el terreno se suaviza y los pies de Fassbender se recuperan de la agreste penitencia sobre la madera pulida, el hombre que lleva en su código genético la quintaesencia del ADN bárbaro escruta la situación como Jason Bourne sentado en diner: tenemos una zodiac, un botellín de cerveza, unas alpargatas con cordones (que él llama “espadrilles”) y un capitán que trata de despachar a un insistente teleoperador desde su móvil. Nadie dijo que la vida del veraneante fuese sencilla.

Brothers in Arms

Una estrella de la luminosidad de Fassbender sabe que a veces hay que dar un salto de fe. Incluso si el éxito de tu empresa depende de un tipo que sostiene en una mano un móvil y que usa su pierna de ancla para una lancha. Buscando el más difícil todavía, el actor decide no desprenderse de sus estilosas alpargatas ni de su preciada cerveza, compañera inseparable del veraneante estándar, situación que resuelve sosteniendo ambas con una sola mano en un delicado equilibrio que puede acabar con el morro del botellín apoyado en la suela de su calzado.

El tour de force de un veraneante célebre

El capitán de la zodiac sigue esclavo de su teléfono y ha llegado el momento de navegar solo sobre la inestable superficie de la lancha. Es el instante en el que recuperas la idea del guardaespaldas llevándote en brazos. Incluso llegas a plantearte que te podrías haber quedado a comer en el yate con Alicia Vikander y no tendrías que estar corriendo este riesgo innecesario para ti, para el valiente marinero que te acompaña y para una reputación forjada a golpe de películas independientes, grandes taquillazos y estudiados looks. Fassbender descendiendo a los infiernos mientras se le calienta la cerveza. Las 12 pruebas de un Hércules contemporáneo incluirían ésta, sin duda.

El sabor de la victoria

Y, por fin, la recompensa. El resto de pasajeros de la zodiac parecen haber superado sus respectivos trances sin dificultad. El capitán ha conseguido concluir su conversación telefónica. Y Fassbender no puede reprimir el júbilo que le provoca haber superado tan magna gesta. Nunca una cerveza caliente le supo tan bien.