Portada [Relato Caliente] Taylor Reign se folla a Frankie V en los columpios y le mete un facial
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[Relato Caliente] Taylor Reign se folla a Frankie V en los columpios y le mete un facial

Revista Zero

 

Lo primero que hicieron Frankie V y Taylor Reign nada más llegar al campamento e instalarse, fue ir a ese lugar del que tan buenos recuerdos conservaban: El patio de juegos. La nostalgia les invadió al descubrir que pocas cosas habían cambiado, apenas los columpios, ahora convertidos en una especie de pista de entrenamiento para los deportistas de élite que entrenan allí en invierno.

Juntos recordaron la de horas que pasaron corriendo por ese trozo de bosque jugando a la gallinita ciega y al escondite, al balón prisionero y a la lucha de cuerdas entre equipos, al pañuelo y mil invenciones más que cada día se les ocurría a los monitores. Pero sobre todo allí estaba en pie, como si no hubiera pasado el tiempo, la casita de madera.

En ella habían pasado noches en vela acurrucados leyendo comics y alguna revista porno que se colaban en la mochila, a la luz de una linterna. Aquella se convirtió en su casa durante un eterno verano y les dio pena no poder recuperar ese tiempo pasado, más que nada porque habían crecido y ya no cabían ni acurrucados entre sus troncos, ya no eran aquellos enanos, por lo que se quedaron fuera al pie de las escaleras y de la felicidad que les embargó comenzaron a chuparse las pollas.

Nunca antes habían pensado en hacer eso, sólo habían llegado a tocarse un pelín los rabos cuando veían las revistas prohibidas, pero ahora que ya tenían pelos en los huevos y sabían de qué iba el tema, no les hizo falta llevar ninguna porno en la mochila, ya la llevaban colgando entre las piernas y se dieron porno bien por el culo.

Usaron los columpios de entrenamiento de apoyo para sujetarse mientras se follaban el agujero, volvían a las escaleras que tantas veces subieron, solo que esta vez en vez de subirlas, se quedaban entre sus escalones abriendo las piernas hasta que Taylor quiso regalarle a Frankie algo que siempre deseaba regalarle cada vez que se acordaba de él cuando estaban lejos el uno del otro, la rica leche de sus cojones, ahí, en toda la jeta.

 

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