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Te va a doler pero te va a gustar: cómo ir al gimnasio me cambió la vida para siempre

Te va a doler pero te va a gustar: cómo ir al gimnasio me cambió la vida para siempre

Hasta hace un par de años mi deporte favorito era estar tirado en el sofá de casa. Siempre he sido una persona delgada, así que según los estereotipos tóxicos que nos rodean, no tendría por qué tener queja, pero había algo en el ambiente por lo que yo no me sentía bien conmigo mismo. No es que me viera mal ni acusara algún tipo de dismorfia, tampoco tenía problemas de salud, pero lo único a lo que me dedicaba era a comer hamburguesas (parte importante de mi dieta) y a descansar.

Si os estáis preguntando qué he estado haciendo en estos últimos años si lo anterior ya es pasado, la cierto es que he estado yendo al gimnasio. No de manera obsesiva. Mi historia no es el gran sueño americano de los gimnasios, no he pasado de tirillas a Conan, y tampoco ha sido fácil. El gran triunfo va más allá: encontrarse mejor. Yo no creía en esas movidas del wellness, de que comenzar a hacer deporte te cambia la vida, ni siquiera consideraba que hubiera gente que madrugara para ir al gimnasio. Sin embargo, podría decir que este ha sido el gran ZAS en toda la boca de mi vida, porque ahora soy de esa clase de gente repelente que asegura que adoptar estos hábitos le ha cambiado la vida de principio a fin.

 

No es algo sencillo, tampoco nada imposible. No te levantas un día y te pones a entrenar como un loco. No va de eso, sino de encontrarse bien con uno mismo y ver cómo mejora todo a tu alrededor. Desde entonces, apenas enfermo mientras otros pasean con el pañuelo en la mano, he mejorado mi postura, mi fondo, mi tono físico e incluso mi estado de ánimo. Sigo comiendo hamburguesas, ojo, no sigo una dieta únicamente ligada al arroz con pollo(aunque también lo como, porque hay que hacer ciertos sacrificios). Sin embargo, cada caso es un mundo, cada cuerpo es diferente, y no podría poner mi experiencia como único referente para conseguir el objetivo de alcanzar un estilo de vida saludable. Por eso, consultamos a cuatro profesionales delfitness sobre cómo empezar a entrenar y, lo más importante, no dejarlo. Va a doler, pero te va a gustar.

 

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Por dónde empezar

Este es el primer paso. Fundamental. Tienes que querer ir al gimnasio. Existe una diferencia mayúscula entre que tú mismo quieras ir por decisión propia y que vayas por presión social, esto es, porque todo el mundo lo hace. Hasta que no estés concienciado motu proprio, seguir un plan será complicado. Una vez tenemos esto claro, el siguiente paso es convertirlo en hábito.

“Los nuevos hábitos debemos introducirlos en nuestra rutina poco a poco. Una buena forma es fijar unos días determinados y bloquear unas horas concretas en nuestra agenda para hacer esa tarea”, explica Juan Ruiz López, director del CEP Juan Ruiz López. Idea que confirma el entrenador Juanjo Rodríguez: “si sabemos que fallamos, tendremos que hacernos un calendario, ponerlo en la agenda como si fuera una obligación, no dejarlo al azar”. “La planificación de las comidas y el entrenamiento es fundamental”, explica Layne Fletcher, responsable de Milestone Strength. “Ponte horarios, todos podemos sacar 45 minutos en un día para entrenar y un par de horas durante el fin de semana para preparar la comida de la semana. Lo mejor será integrarlo nuestro estilo de vida para poder cumplirlo en lugar de cambiar todo nuestro estilo de vida para adaptarnos a ello”.

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Hemos decidido comenzar una vida sana. Tenemos el calendario preparado y bloqueado. ¿Ahora qué? “Márcate objetivos”, se adelanta a apuntar Fletcher. “Pero sé honesto contigo mismo cuando lo hagas”. ¿Esto qué significa? “Cambios pequeños, no querer hacer todo en la primera semana. Pequeños cambios que podamos incluir en nuestro día a día sin mucha dificultad”, aclara Rodríguez.

“Lo que sí cuidaría sería la motivación frente a la excitación”, subrayan Daniel Pérez Llorente y Julián Malo González, de D&A Fitness. “Está bien estar un poco expectante por querer empezar, pero no por querer hacer lo que no has hecho nunca en dos días”. ¿Por qué? Ruiz López tiene la respuesta: “Para crear adherencia al ejercicio es recomendable no excedernos tanto en el número de sesiones como en la intensidad de las mismas. Si no, acabaremos exhaustos, al día siguiente estaremos agotados y con molestias y pronto abandonaremos. Por eso es mejor un entrenamiento que nos suponga el esfuerzo suficiente para notar leves agujetas pero que nos permita movernos con normalidad”, y volver al gimnasio al día siguiente. “Es preferible comenzar con rutinas de dos o tres días semanales y, conforme lo tengamos integrado, aumentar el número de sesiones”.

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¿Cuándo es mejor ir a entrenar?

Existen grandes mitos sobre cuáles son las mejores horas para entrenar, aunque lo cierto es que cuando te sientas a elegir un momento del día, nunca es buen momento, nunca hay tiempo, porque siempre hay otras prioridades. “Debemos organizarnos e introducir los entrenamientos en horas que tengamos disponibles y no sacrifiquemos cosas importantes”, indica Juan Ruiz López. “Hay mucha gente, por ejemplo, que va a entrenar a mediodía porque trabaja cerca del centro. Entrenan, comen y vuelven a la oficina, y ese tiempo no lo pasarían con su familia o con gente cercana. También hay quien prefiere madrugar, entrenar a primera hora de la mañana antes de entrar a trabajar y así poder pasar la tarde con la familia”.

Eso sí, si nos centramos en el rendimiento físico, existe un rango horario más óptimo, como apuntan Pérez Llorente y Malo González: “nuestro consejo es entrenar por la mañana, no por el hecho de quitártelo de encima, sino porque nos acabamos de levantar y estamos más activos y con más energía, por tanto rendiremos mejor; siempre y cuando las horas de sueño hayan sido las correspondientes, si no, no tiene ningún sentido”.

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Lo importante es no dejarlo pero, ¿cómo se hace?

Aquí entramos en terreno pantanoso. Organizarse, hacer un planning y marcarse unos objetivos consecuentes es sencillo, pero ponerse manos a la obra y cumplir con todos los planes es otro cantar, sobre todo si tenemos en cuenta que la mayoría de nosotros somos vagos por naturaleza. “Lo más complicado es asumir que esto va poco a poco, porque todo el mundo quiere ver cambios de un día para otro, y no funciona así”, explica Layne Fletcher. “Un buen primer paso es elegir un pequeño cambio para acometer e ir añadiendo nuevos objetivos poco a poco”. Sin embargo, no se deben plantear metas de cualquier forma. Hacerlo a largo plazo nos puede llevar a la desmotivación por ver el final demasiado lejos, por eso “siempre es preferible marcarse metas semanales y estar concentrados en que lo vamos a lograr”, remata Juanjo Rodríguez.

“Comenzar con ejercicios sencillos y entrenamientos adaptados a cada uno” como recomienda Juan Ruiz López es otro truco. “Si el primer día realizamos ejercicios complejos, en los que aún no tenemos la coordinación o la capacidad necesaria para llevarlos a cabo, nos sentiremos torpes y aumentará el riesgo de abandono. Esto es una carrera de fondo, debemos fijarnos objetivos reales y considerarlos como un hábito para toda la vida”, y por supuesto nunca pensar que el de al lado es mejor que tú.

De hecho, fijarte en tu alrededor o incluso ir con alguien a entrenar es una buena forma de aficionarse más fácilmente al gimnasio. “Contrata a un entrenadorcomprométete con alguien para ir al gimnasio o apúntate a algún fitness forum online...”, subraya Fletcher. “Está comprobado que compartir nuestros resultados aumenta nuestra concienciación”. Una idea que también aprueban los profesionales de D&A Fitness: “uno de los factores por los que terminamos practicando deporte de manera rutinaria es compartir la felicidad que se genera. A veces, cuando no te apetece ir al gimnasio pero te has comprometido con otra persona, es el otro el que tira del carro. Y ni siquiera hace falta que llevemos el mismo entrenamiento. El factor acompañante influye bastante en nuestra constancia”.

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Cuándo vamos a ver los resultados

No nos engañemos. Cuando comenzamos a entrenar la mayoría queremos ver resultados físicos en la medida de lo posible y dentro de nuestros objetivos, por eso es habitual preguntarse cuándo se van a empezar a notar. No vamos al gimnasio para nada.

“Es un factor influyente, sin duda”, confirman los fundadores de D&A Fitness, “pero ver resultados depende del objetivo y del nivel de cada uno”, no es lo mismo una persona con un índice de grasa alto que una con un porcentaje bajo o con diferentes niveles de fuerza y resistencia. “Si nos fijamos en una persona sana estándar, que sigue un régimen de entrenamiento y un plan nutricional sin problema, podemos empezar a ver los primeros resultados a partir de las tres o cuatro semanas”. En Milestone Strength se dan hasta las cinco y siete semanas de entrenamiento, mientras en el centro Juanjo Rodríguez amplían hasta las ocho. Resumen: date un mes y medio para empezar a encontrarte ligeramente diferente.

Sin embargo, el cambio físico quizá no es el más importante. Aunque tiene un peso determinante en nuestra motivación, hay un cambio mucho más poderoso: el emocional. Cuando eres capaz de alcanzar una meta que en un principio consideras prácticamente imposible –como dejar el sofá y plantarte en el gimnasio de manera habitual o controlar el consumo de burgers, sin dejarlas, en pos de una dieta más nutritiva para tu cuerpo– la mente hace un click de orgullo personal. “No deberíamos centrar todos los objetivos en resultados físicos estéticos. Generalmente sientes satisfacción personal al ver que el esfuerzo que realizas tiene un resultado, y por tanto mejora la autoestima y la confianza”, confirma Juan Ruiz López. Aspecto que apoyan en D&A Fitness: “El cambio emocional es el factor más notorio, porque cambias la vida a las personas. Cuando cumples objetivos, la gente te lo agradece, compruebas de primera mano que cosas que jamás has hecho ahora las puedes hacer. Basta con sentarse en la silla y no sentir dolor la espalda. No nos damos cuenta del poder que tenemos”.

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Hazte fotos

Según varios estudios, hacerse selfies en el gimnasio ha cambiado la manera en la que hacemos deporte, porque ver el progreso de otros hace que nos marquemos objetivos que cumplir. Sin embargo, las redes sociales pueden ser un arma de doble filo, una cuestión en la que todos los entrenadores están de acuerdo.

Seguir cuentas fitness es positivo dependiendo de cómo lo canalicemos. Si es para marcarnos objetivos y para generarnos una competitividad sana con nosotros mismos, sí es positivo. Pero cuando estamos más preocupados de la foto que del entrenamiento: la ropa, las zapas, qué fuerte o que grande está el otro... y buscamos el comparativo, vamos mal”, explican desde D&A Fitness. Y en Milestone Strength apoyan esta idea: “las redes sociales pueden ser un gran herramienta si seguimos cuentas centradas en la educación, que nos enseñen cómo comer, cómo entrenar, cómo ser disciplinado y cómo mantener una mente positiva”, es decir, cuentas que te instruyan y no que te impongan qué hacer, porque cada cuerpo es un mundo.

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“Lo importante sería saber qué cuentas seguir, las que son reales, las que se asemejan a mi vida, a mi rutina, las que podríamos alcanzar, y no seguir a personas que su vida no tiene nada que ver con la mía”, aconseja Juanjo Rodríguez, de la misma forma que lo hace Juan Ruiz López: “Si no, al ver que de manera natural el objetivo no es alcanzable y además, en muchos casos, en cortos periodos de tiempo no se pueden conseguir esos resultados utópicos, la gente pierde la motivación y el ánimos por el entrenamiento”.

Paradójicamente, no deberíamos perder la práctica de hacernos fotos, no para subirlas a ninguna red social necesariamente, sino para generar a nivel personal un diario fotográfico, una de las herramientas más eficientes a la hora de observar los progresos: “Mirarnos en el espejo y ver a la misma persona todos los días es complicado, porque los humanos tendemos a tener prejuicios negativos sobre nosotros mismos antes que positivos”, explica Layne Fletcher. “Sin embargo, las fotos eliminan ese paso y nos permiten vernos en momentos específicos en el tiempo, por lo que es mucho más fácil ver el progreso”.

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