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Relatos gay

Un hombre trabajador

Odio tener que despertar para desechar lo que mi cuerpo no necesita, ir al baño por las mañanas es lo que más me enfada, levantarme del colchón cálido para bajar al sanitario de la primera planta. Intento olvidar la necesidad de levantarme pero no puedo evitar la acumulación de orina. Maldigo un par de veces antes de tomar las pantuflas, tomo una frazada y me cubro la espalda. Salgo de la habitación notando el cambio de temperatura, el pasillo está a casi congelar, camino hacia las escaleras.
-Buenos días joven- escucho a mi izquierda.
-¡Maldición!- digo sorprendido. -Alfredo, me has asustado, ¿También trabajas lo sábados?- pregunto aún con el corazón acelerado. -Discúlpeme si lo asusté, no era mi intención- dice en tono burlón. -Su papá me pidió que terminara de instalar lo que falta hoy mismo.
-Está bien, no se preocupe, lo bueno es que a partir de mañana no tendré que bajar para hacer mis necesidades- concluyo bajando las escaleras con prisa. Ocurrirá un accidente sino llego al sanitario a tiempo.
Algo tienen los hombres que se dedican al trabajo pesado que, me atraen, hay algo en ellos que me vuelve vulnerable haciendo a mi corazón palpitar con rapidez. Alfredo es uno de esos hombres que se ganan la vida en el ámbito de la construcción, un hombre joven, de mediana edad, simpático y responsable según mi padre. Por lo que he oído es casado, tiene dos hijos, el mayor un adolescente pero, lo que más me atrae a mi es su masculinidad, en cada respirar despide virilidad, su piel marrón por su exposición al sol me hace derretir, su cuerpo en perfectas condiciones, parece como si del GYM no saliera nunca, pero no es así, el tipo de trabajo que hace se ha encargado de esculpir su casi perfecto cuerpo. Alfredo es engañoso, logra intimidarte a simple vista por su gran tamaño, es un hombre grande y fuerte pero, al charlar con él puedes darte cuenta de su poca capacidad de hacer el mal.
Salgo del sanitario un poco distinto, le he dado un par de dobleces al elástico del pijama para resaltar un poco de mis atributos, amo la manera en la que la franela se introduce justo en medio de mis glúteos definiéndolos a simple vista. Disfruto la sensación del roce en los glúteos mientras subo las escaleras.
Maldigo en la mente mientras disfruto el panorama que el destino me ha regalado. La mitad del cuerpo de Alfredo esta debajo del lavamanos, recostado mirando hacia arriba con las piernas retraídas, logro ver nada pero me gusta ver a los hombre ensuciarse mientras laboran.
-Y… ¿Le falta mucho para terminar?- pregunto mientras me acerco un poco al él.
-No, solo termino de sellar con pegamento esta pieza y el lava manos estará listo-
-Pero… ¿Está seguro que solo le falta eso?- le cuestiono mientras bajo hasta donde él está, me arrodillo tratando de ver lo que hace mientras mi rostro queda en medio de sus piernas flexionadas, justo sobre el botón de su pantalón. Alfredo es predecible, comienza a ponerse nervioso como de costumbre, trata de articular palabra pero los nervios lo vencen, noto como su respiración es rápida y corta, trata de ponerse de pie pero le estorbo, no lo dejo salir.
-Bueno, lo dejo para no distraerlo más- me pongo de pie pero no sin antes lanzarle una sutil mirada, intentado comunicarle lo mucho que me atrae.
Cruzo el corto pasillo y me meto a mi habitación solo para tomar una toalla limpia y bajo rápidamente.
Experimento una fuerte erección el solo recordar al trabajador, la excitación se apodera de mi mientras me ducho y paso el jabón por mis genitales, cierro los ojos recordando la ocasión en que Alfredo trabajaba en el jardín sin camisa el verano pasado, disfrutaba ver como el sudor recorría cada parte de su cuerpo, me deleitaba ver como el sudor de su espalda se perdía al llegar al surco divisorio de sus notables nalgas, disfrutaba verlo sucio por el trabajo, verlo como sus músculos se contraían mientras usaba el pico y la pala. Por un momento pienso en para los eróticos recuerdos pero no puedo, soy débil, la boca la siento seca, el cuerpo cálido, no solo por la ducha sino por la reacción que tengo al tener cerca al dueño de mis fantasías. Salgo de la ducha con solo una toalla blanca colgada desde la cintura, subo al segundo piso mientras la presión sanguínea me aumenta.
-Si se te ofrece algo no dudes en llamarme- le digo mientras camino hacia mi puerta haciendo mover mi trasero más de lo normal. Evito cerrar la puerta completamente con la intención de dejarme ver.
De espaldas hacia la puerta dejo caer la toalla quedando en total desnudes, camino de un lugar a otro por toda la habitación intentando ser visto por él, no me preocupo por lo que me podré de ropa, camino con tal naturalidad que casi logro olvidar que no estoy vestido, tomo el control de mando y enciendo la radio, la estación toca una de mis canciones preferidas, EDEN de mi grupo favorito, doy un salto a la cama para disfrutar de la canción. Termina la canción y desde el confort de mi suave colchón apago la radio sepultando el rostro contra el colchón. -¡Joven, Joven!- se escucha del otro lado de la puerta.
-Adelante-
-Solo vengo a avisar que ya terminé- dice mientras dirige la mirada hacia la pared. -Discúlpeme, no creí que…
-No se preocupe, no tiene nada de que disculparse- susurro.
-Bueno, me retiro- dice mientras su rostro está contra la pared.
-NO- contesto. -¿No le gustaría descansar un poco antes de irse a casa?- -Estoy bien, gracias- dice titubeándo¬le molestaría contestarme de frente?- -Lo que usted diga- contesta mientras gira en mi dirección.
Creo que estoy a punto de morir, temo por un infarto fulminante, el ritmo cardiaco está alterándose, él creo que está sufriendo por el mismo mal, parece asustado, confuso e incómodo, Alfredo está ahí de pie sin ningún movimiento, estático, no produce ningún gesto, sus ojos son los únicos que parecen que tienen vida, me puedo dar cuenta como me mira, su mirada la siento recorrerme de pies a cabeza, hace pausas al llegar hasta mis nalgas descubiertas, erección la siento al máximo pero la tengo atrapada contra la cama.
-Ven, acércate- murmuro.
Alfredo no dice nada, sigue sin moverse, parece estar conmocionado pero da un corto paso y de inmediato lo retrae. Me doy cuenta que está a punto de huir. Me pongo de pie y con lentitud camino hacia él, Alfredo retrocede un par de pasos hasta quedar su espalda contra la pared.
-No se asuste- digo mientras le doy la espalda, le tomo sus manos envolviendo mi cintura con ellos, me siento insignificante frente a él, sus brazos no son de un simple hombre, esos son de una macho que trabaja duro, sus bellos del antebrazo acarician con sensualidad mi piel que arde como uno de los infiernos, comienzo a dar un par de pasos trayendo conmigo a Alfredo que viene junto a mí. Al caminar levanto un poco las nalgas para alcanzar a rozarle la entrepierna, pero no lo logro, es mucho más alto. Doy media vuelta y lo dirijo a la orilla de la cama para que tome asiento.
-Es hora de tomar un descanso- susurro mientras lo hago deslizarse sobre el colchón y me monto sobre él dejando mis nalgas sobre la cremallera del su pantalón.
Inclino el cuerpo sobre el suyo para poder llegar hasta su cuello, muevo la cintura en círculos tratando de despertar el libido de Alfredo mientras exhalo en su oreja ocasionándole un escalofrío haciéndome saber inconscientemente que le gustaba tener mi respiración cerca. Abro la primera mitad de su camisa a cuadros dejando al descubierto el pecho velludo de un típico hombre mexicano, pequeños risos de color oscuro adornaban unos majestuosos pero naturales pectorales, descubro un poco más para dejar apreciar sus tetillas oscuras, me acerco para dar un lengüetazo dejándola humedecida, desciendo un poco más y me deshago de la segunda mitad de su camisa dejando a la vista el camino de vellos que va desde el ombligo perdiéndose la línea debajo del pantalón. Levanto la mirada hacia los ojos de él, se ve distinto, no es el mismo de siempre, muestra un lado que hasta este momento no había podido conocer, la mirada del deseo le invadía, le reto la mirada mientras me deshago del botón de su pantalón, se da cuenta y reacciona, intenta detenerme pero soy persistente, me deslizo bajándole la cremallera con rapidez, su cuerpo se incorpora y en un momento de desesperación introduzco la mano debajo de sus calzoncillos tomando su glande para introducir en mi boca.
-Me tengo que ir-dice.
Entre mis labios aprisiono el erecto glande de Alfredo, retraigo por completo el prepucio mientras le succiono la punta del pene causándole gemir mientras su cuerpo cae desplomado, la manera en que el sonido sale de garganta es alentador, invita a seguir succionando con más fuerza, lo hago y su cuerpo se retrae, no sé si le gusta la manera en que lo hago, no sé si lo lastimo pero, sé que tiene la necesidad de gemir y lo hace. Tiro su pantalón con fuerza dejándolo desnudo sobre la cama, llama la atención su majestuosa erección, como mástil sobresale a apuntando al techo, húmedo en su totalidad por mi saliva parece modelar para mí, pequeñas contracciones lo hacen moverse, Alfredo no hace nada, el protagonista ahora es ese TROZO DE CARNE. No puedo evitar ser atraído por esa parte de Alfredo que me ha cautivado, negra como la noche, gruesa como un roble, potentes venas la atraviesan dejando una huella. Me abalanzo sobre él de nuevo, lamo, lengüeteo, succiono, lo hago repetidas veces hasta que logro sentir sus testículos ascender, succiono una vez más y Alfredo lanza un ronco gemido.
-¡Para, para!- murmura con desesperación mientras su cuerpo casi experimenta una convulsión.
Me detengo.
Tomo su pene con mis manos retrayendo una vez más el prepucio, lubrico un poco mientras le hago fricción, comienzo despacio, tanto que parece desesperado, con la otra mano le tomo de los testículos, los masajeo un poco, tiro del escroto y parece que le gusta, le masturbo con un poco más de velocidad mientras masajeo ahora el periné. Se retuerce del placer. Me deslizo y tomo la posición inicial, estoy sobre Alfredo, sentado con las piernas abiertas sobre su abdomen, tomo un poco de saliva entre mis dedos y la unto desde la punta hasta la base del glande de él, me levanto lo suficiente como para sentir la punta de su pene justo en medio de mis nalgas, desciendo un poco hasta sentirlo cerca, Alfredo se percata de lo que trato de hacer e intenta levantarse, me toma de las piernas para intentar quitarme de encima, no se lo permití ni se lo voy a permitir ahora. Me introduzco toda la longitud de esa negra verga no circuncisa de un solo sentón, el dolor me invadió al instante sentía morir, la peor decisión que he tomado, parecía que me partía en dos, sin ninguna estimulación me he penetrado con un gran tronco de carne, fue espantoso sentir todo ese pedazo eréctil dentro, gemí, grité, intenté levantarme pero Alfredo flexionó su cuerpo, estaba atrapado entre sus muslos y su pecho, el esfínter trataba de cerrarse causándome aún más dolor. Alfredo cambia de pronto, la mirada no es la misma, no le veo el temor del inicio, parece un hombre completamente distinto.
-¿Entonces esto es lo que querías desde hace mucho?- susurra mientras sus manos me envuelven la cintura, sus dedos presionan con fuerza haciéndome daño, sigo sobre él pero en un abrir y cerrar de ojos Alfredo está sobre mi envistiéndome con furia, trata de introducirse lo más posible en mí, sus testículos me golpean las nalgas con cada vaivén, se ha convertido en un animal, las penetraciones son puñaladas que entran y salen, el dolor es poco comparado a lo que siento en este momento. Sus ojos en blanco hacen parecer lo mucho que lo goza, ahora es él quien tiene el mando, ahora es él el que me castiga, el que me folla como un salvaje. Toma mis tetillas jalándolas, grito, me hace daño pera a la vez me hace sentir la puta más cogida del tugurio.
-Para por un momento- digo suplicante, este hombre me ha castigado pero, soy yo quien tiene la culpa, no importa lo gozo, hasta el dolor se disfruta.
-Querías verga, verga te voy a dar- susurra mientras presiona mis tetillas con fuerza al introducirme sin cuidado su oscura verga.
Como si fuera un muñeco de trapo me da vuelta y me pone como una perra, me toma de la cadera y sin avisar entierra su falo entre mis nalgas, gimo, vuelvo a gemir, jadeo de dolor y gozo.
-Sí, así, dame más, no pares por favor-
-Cállate putita, solo gime, gime- susurra mientras me toma de los cabellos tirando de ellos. Yo solo gimo.
El cuerpo de Alfredo cae desplomado contra el mío envistiéndome dos veces más mientras me deja inundado de semen, dentro de mi siento las contracciones de su verga que escupe toda esa acumulación de fluidos masculinos.
Gimo.
Poco a poco Alfredo me abandona, logro sentir como el pene de él sale poco a poco rozando con mi esfínter.
-Esto te dejara sin hambre por un buen tiempo, puta- dice mientras con su dedo limpia los restos de semen que yacen en su verga dejándolo en mi espalda.
No pierde tiempo en vestirse, no dice ninguna palabra, parece que ha
regresado a ser el mismo hombre serio de siempre.
-Joven, me tengo que ir, que pase buen día- dice mientras abandona la
habitación.
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