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Visitas a mi vecino

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Estuvimos follando, hasta que el tío Enrique y sus amigos decidieron irse a cenar a Segovia.

¡Bueno!… un poco más…

… porque, Loren y yo le habíamos cogido el gusto y no terminábamos de desengancharnos.

– Son casi las nueve, chicos, dijo Mario, después de despedirlos.

Pero, nos vio tan vigorosos que nos pidió guerra… y, nos lo follamos a saco durante mas de diez minutos…

Luego, le pedí a Loren que se metiera conmigo en el jacuzzi; pero, Mario empezó a meternos prisa, para que nos fuéramos y… no quisimos estropearle el plan. Así que, terminamos dándonos una ducha rápida…

… y acompañé a Loren hasta la entrada del metro.

– ¿Que tal lo has pasado, tío?

– De auténtico vicio, tío… y nunca mejor dicho. ¡Como me gusta tu rollo!… cuentas conmigo ¿no?

– Para lo que tu quieras,… y te digo lo mismo… cuentas conmigo ¿no?

Chocamos nuestras manos y juntamos nuestros cuerpos para darnos un bocaito en el cuello… y un beso en la mejilla ¡eh!… y nos despedimos.

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Mi abuelo estaba esperándome porque, quería hablar conmigo… y, me preguntó que, porqué me había retrasado tanto.

La verdad, es que solía llegar a casa entre las ocho y media y las nueve de la tarde… para cenar; y, con unas cosas y con otras, ya eran las once menos cuarto.

– Lo siento “abu”. Es que, hoy, hemos conocido a unas chicas… y, claro, las hemos tenido que acompañar a casa.

– ¡Bueno, vale!. Si tampoco corre ninguna prisa, dijo mi abuelo

– ¡De verdad abuelo!… que, ya sabes que yo nunca vengo tarde a cenar. Además, hoy ya no voy a salir mas. Voy a quedarme en casa; así que, podemos hablar tranquilamente.

– ¡Bueno!, no es que sea muy importante, hijo. Solo, es que, me gustaría que estuvieras aquí mañana para comer conmigo. He invitado a un amigo, que me gustaría que conocieras.

Conocía a tu padre… y siempre me pregunta por ti. Dice que te ve pasar casi todos los días cuando vas al cole, desde su farmacia, pero que como no te conoce bien, no sabe si realmente eres tu ó se está confundiendo con otro. Por eso, le he invitado a comer mañana… y así, te conoce. ¿Te parece?

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– Eso está hecho “abu”. Mañana vengo a comer con vosotros. ¡No te preocupes!

Después de cenar, aunque me sentía un poco cansado, me puse con algunas cosas que tenía pendientes. Trabajos del cole.

 

Y, a la mañana siguiente, cuando abrí los ojos, me encontré con que mi abuelo estaba sentado en una silla; mirándome, mientras dormía.

– ¡Buenos días, “abu”!… y alargué la mano para coger la manzana que tenía para mi

– ¡Buenos días, Diego!

Según mi abuelo, una manzana es lo mejor que puedes darle a tu cuerpo en ayunas. Dice, que si te comes una manzana todos los días antes de desayunar, nunca tendrás problemas de estómago; así que, desde que vivo con el, es lo primero que me como todos los días… y luego, desayuno.

– No se te habrá olvidado que mañana es mi cumple ¿no?

– ¡Claro que no, hijo!… ¿que quieres que te regale?

– Es que… es un poco caro ¡eh “abu”!…

– Bueno, tu dí…

– Una PS4

– ¿que es eso?, hijo

– Para videojuegos, “abu”… y para ver pelis, también… y lo que quieras “abu”

– Déjame ver ¿vale?

– ¡Vale!

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Me levanté y fui al armario para buscar unos calzoncillos. Luego tiré del cajón de abajo, y saqué las medias para jugar al fútbol… y, alargué la mano para descolgar el uniforme del equipo del cole. Tenía que vestirme para jugar un partido que teníamos con los de San Nicasio.

– ¿Vas a ir a verme jugar? ”abu”

– Supongo que si… ¿tu quieres que vaya?

– ¡claro! “abu”… y, así, me vengo a comer contigo ¡vale?

– Bueno, yo tengo que ir antes a la farmacia, a por algunas cosas… ¿a que hora termina el partido?

– A la una menos cuarto, mas o menos. Y luego si quieres podemos ir a ver la PS4

– La ¿que?

– La consola de videojuegos, abuelo…

– ¡Ah!, vale…

Hoy no había porras, pero me había preparado unas tiras de pan con mantequilla, que también me gustan mucho. Desayuné y me fui al cole.

Íbamos perdiendo por dos goles a uno; y, cuando le entré al delantero del San Nicasio, tan solo conseguí estropearle la jugada, pero terminé tirado sobre el césped y completamente mojado. Hoy, se habían pasado regando.

Cuando levanté la cabeza, para ver que había pasado, vi que mi abuelo estaba sentado en la primera fila de la grada y, también, oí el silbato del arbitro, que daba por terminado el encuentro.

¡Joder, que rabia!… siempre perdemos con estos cabrones….

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Me di la vuelta y me quedé unos segundos tumbado en la hierba… pero, enseguida, oí a mi abuelo

– ¡Bueno, qué!, te levantas o te tengo que coger en brazos ¡nenaza!

– Miré hacia arriba, para contestarle y…

El amigo de mi abuelo estaba junto a él, y era unos de los invitados del cumple del tío Enrique. El mas fuerte; el último con el que estuve follando… el que me folló con las piernas en su cintura y de cara a él,.. ¿os acordáis?

Me puse en pie, sin saber a donde mirar… pero, enseguida percibí, con claridad que, él… estaba en la misma situación… y disimulando, como yo.

– Este es mi amigo Tomás, Dieguito…

… hoy comerá con nosotros, como ya te dije ayer.

– ¡Encantado, señor! Y le di la mano

– ¡Hola muchacho!, tenía ganas de conocerte bien… y si, es él, dijo mirando a mi abuelo. Se parece a su padre ¿verdad?…

Me ha dicho tu abuelo que quieres ir a ver tu regalo de cumpleaños. ¡Todavía es pronto!, ¡si quieres vamos a por el!. Tengo el coche fuera.

– ¡Genial!, dije, un poco alborotado; y se miraron, riéndose por lo bajini

– ¡Pues, venga!, vamos a por el… ¿no?

Me llevaron a Media Markt; y estuvimos viendo las playstations…

… y, después de comprar una para mi, me invitaron a tomar algo.

Estuvieron encantadores conmigo… y, poco a poco, tanto, Tomás, como yo, conseguimos relajarnos lo suficiente. Menuda sorpresita.

 

Cuando llegamos a casa, mi abuelo y él se metieron en la cocina; y, mientras, yo, desempaquetaba la Ps4… y la conectaba a la tele del salón. Luego, subí a mi cuarto, que está en el ático, y me di una buena ducha con agua caliente; la necesitaba, ya que en el cole, no me había dado tiempo a asearme bien. Ahora, ya estaba mas tranquilo. Me quedé en calzoncillos, como solía hacer cuando estaba en casa y me estuve mirando en el espejo un buen rato. Me gusta mirarme en el espejo. Luego, me puse agua de colonia de Thierry Mugler, que me encanta… y bajé al salón.

Ya, eran las dos y diez…

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Me asomé a la cocina; y mi abuelo, al verme así, me miró raro…

– No sé, si puede molestarte, Tomás. Mi nieto está acostumbrado a andar por casa en calzoncillos y no se ha parado a pensar que, a lo mejor, debiera de haberse puesto algo mas discreto ¿no?… dijo, mirándome con cara de pocos amigos.

– Lo siento “abu”… ¡la verdad!, es que, no he caído… ¡disculpe, señor!

– ¡Que barbaridad!… ni que yo fuera una señorita decimonónica. ¡Por favor!, muchacho… ¡estás en tu casa!.

A mi no me molesta, en absoluto, que estés como más cómodo te encuentres, hijo. No le hagas caso a tu abuelo. ¡Que antiguo eres, Fermín!

De esta forma, quedó resuelta la cosa; y, yo, permanecí en calzoncillos, para deleite de alguno…

Le pregunté a mi abuelo que donde ponía la mesa

– ¿Te parece si comemos en el salón?

La puse en el salón… y saqué el mantel blanco y la vajilla de los días de fiesta…

No tardamos mucho en comernos ese cochinillo y esas manzanas asadas que había preparado para la ocasión…

– Con ayuda de Tomás ¡eh!, dijo mi abuelo, soltando una carcajada.

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Dejamos que pasara un buen rato hasta que mi abuelo le ofreciera un café a su amigo. Mientras, yo trasteaba, simulando preparar la consola; más que nada, para que Tomás disfrutara un poco.

– Yo me tomaré una manzanilla, para acompañarte ¿te parece?, le comentó

– ¡Por supuesto!, Fermín… y muy agradecido ¡eh!, que no sabía yo que te defendías tan bien en la cocina…

Fue a por el café… y, yo, mientras tanto, puse un video juego en la playstation, con la excusa, de ver, si, todo funcionaba correctamente.

Sentí los ojos de Tomás clavados en mi culo, mientras manipulaba la play; y, hasta creo que, casi se le escapa la mano…

Pero entró mi abuelo con el café y la manzanilla en una bandeja y me senté entre los dos, con el mando en mis manos.

– He puesto la peli que nos han regalado. Creo que es de acción.

– Pon lo que quieras, hijo; así vemos que tal se ve…

Pero, al rato, mi abuelo, que acostumbraba a echarse la siesta, empezó a quedarse dormido en el sofá… y, decidió disculparse con nosotros e irse a la cama. Un ratito, como el decía.

Nada mas salir del salón, le seguí para comprobar si se acostaba ya, o, se entretenía con algo… pero, le vi entrar en su habitación… y, me quedé observando si se dormía, tras la puerta de su habitación, que estaba entornada…

En seguida, oí como roncaba. Era increíble lo poco que tardaba en dormirse mi abuelo.

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Lo sentí detrás mi. Me acariciaba las nalgas, por encima de los calzoncillos… y, se había acercado, lo suficiente, como para empezar a besarme en el cuello.

Sentí un escalofrío… y, me abandoné a sus manos. Me manoseaba intensamente… y, buscaba entre mis piernas; metiéndome los dedos bajo la tela para mojarme el ojete… sin dejar de morderme las orejas.

¡Ah!…¡que placer!…sigue ¡por favor!… le dije susurrándole al oído…

… y, poco a poco, fuimos abandonando nuestra posición, hasta llegar al salón…

Me senté a la izquierda del sofá y me pidió que subiera las piernas y me pusiera frente a él.

– Colocate frente a mi y dejame disfrutar de ese agujerito…

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Como buen chico, puse las piernas sobre el sofá, y retrepado en el brazo me situé frente a él…

Luego, tiró de mis pies, lo suficiente, como para dejarme casi tumbado; y, así, tener mi culo, mas a mano.

Avanzó con sus manos, y me separó las piernas, para empezar a jugar con las perneras de mis calzoncillos; tirando de ellas, para poder verme la raja del culo; en una lucha constante, por ver, que dejaba al descubierto, o, por cuál de ellas introducía la mano, para tocarme. Unas manos, ávidas y nerviosas… que buscaban bajo la tela, mis nalgas… y, ese ojete, palpitante, que tanto deseaba.

Luego, descubrió mis huevos y liberó mi rabo; para poder chuparlo, a sus anchas, durante un buen rato. Mientras yo, me retorcía de gusto, estirando mi cuerpo, y situando mis piernas a la altura de su cara para facilitarle la labor.

Pero, de repente, se incorporó y me pidió que le trajera espuma de afeitar y un par de cuchillas

– Quiero dejarte, ese culo, precioso, me dijo en voz baja.

Anda… ¡ve y tráeme eso!. No es que tengas mucho bello, pero quiero dejarlo perfecto.

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– Me levanté, excitadísimo y entré en el servicio de mi abuelo.

En su bolsa de aseo encontré un peine de cuchillas y, en el estante, estaba la crema de afeitar y la crema hidratante; me giré y cogí una toalla para las manos y unan esponja nueva del mueblecito, luego me fui a la cocina a por un bol, y lo puse, medio, de agua.

Cuando me di la vuelta para ir al salón, me lo encontré detrás de mi.

– He venido a ayudarte

La verdad es que me vino muy bien porque, iba un poco cargado. Le pase el bol con agua y la crema hidratante y volvimos al salón.

Me quitó los calzoncillos y me sentó sobre sus rodillas de espaldas a él… e, hizo que me inclinara hacia delante, de modo que quedé con las piernas abiertas y el culo su disposición, para trabajarlo, a gusto. Enseguida note sus manos extendiendo la crema de afeitar entre mis nalgas y una ligera presión sobre el esfínter.

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Me afeitó, todo lo que quiso…

… y, después de limpiarme con la esponja, humedecida, me secó con la toalla y empezó a pasarme un dedo, suavemente, por el ojete. Me estaba calentando…

No contento con eso, también me dio lengua a fondo durante un buen rato; después, me embadurnó toda la zona con crema hidratante y me puso de pie. Se levantó y se sacó el rabo. Y se lo untó de crema hidratante. Me cogió por la cintura e hizo que me inclinara hacía delante, se arrimó a mí y me la puso en el ojete; y, cogiéndome por las piernas, a la altura de las ingles, me la enchufó lentamente…

¡Que pedazo de rabo!…

… sentí que me abría en canal; pero, me moría de gusto… ¡SIGUE CABRÓN!, le gritaba en mi cabeza…¡FOLLAME FUERTE!….

… ¡fffffffffff!… ¡Que placer!… ¡me encanta!…

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Follamos como perros durante un buen rato, con cuidado de no hacer mucho ruido; y, con la tensión de saber que mi abuelo estaba durmiendo en su habitación…

Pero yo estaba en la gloria y, supongo, que, Tomás, también…

Aumentó el ritmo del bombeo, hasta llegar a hacerlo de una forma frenética y, yo, me derretía; las piernas estaban empezando a fallarme… ¡que flojera!. Por eso, me cogió en brazos, y, tal y como estábamos, siguió pegando zambombazos. Lo sentía en mis entrañas… y me volvía loco.

¡FOLLAME! ¡FOLLAME!, le gritaba mentalmente…

 

… Poco a poco, fui sintiendo su respiración, agitada, mas cerca de mis orejas; hasta que, oí sus palabras susurrantes, que me invitaban a ir a la farmacia a recoger el “Omeprazol” de mi abuelo, que por lo visto se lo había dejado allí, por la mañana. También, me dijo, que su ayudante estaba muy bueno… y, que tambiénse lo follaba muy a menudo…

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– Se llama Gustavo, y es mayor que tu; pero, esta muy bueno, ¡ya verás!… seguro que te gusta.

En esto, sentí un calor húmedo dentro de mi… y, supe que, se había corrido.

Me descolgó… y, me dijo que, si quería, me la chupaba hasta que me corriese. Pero, le dije que no. Me gustaba sentirme así.

Miramos la hora y solo eran las cinco y media, así que…

– Arreglate bien. Tranquilamente. Mi abuelo suele despertarse a las seis, ó, seis y cuarto…

Me puse el pantalón del chándal que vi colgado el la terraza, y que ya estaba seco, y lo acompañe a Tomás a la puerta.

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– Ya te despido yo de él ¿vale?

– ¡Gracias, Dieguito!… No se te olvide ir a la farmacia a por el “Omeprazol” de tu abuelo.

– No se me olvida… ¡hasta luego!… y le miré como diciendo, ¡me encanta que me folles, cabrón!

Luego cerró la puerta del ascensor y yo la de la calle.

Subí a mi cuarto y volví a meterme en la ducha…

No quería masturbarme, pero se me ocurrió que, quizás convenciera a Chencho y a Loren, para que vinieran a casa a terminar ese trabajo que teníamos que entregar mañana…

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