Portada Por qué si vivimos en el futuro nos seguimos formando como en el pasado
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Por qué si vivimos en el futuro nos seguimos formando como en el pasado

  • En el siglo XXI, aún seguimos estudiando como en aquel día que la Universidad de Salamanca quiso revolucionar el conocimiento hace 800.

  • En LinkedIn, tu título emitido por una insitución con autoridad empieza a ser lo de menos, lo que cuentan son esas destrezas, competencias y habilidades que recomiendan o certifican el resto de miembros; y el CV que te enseñaron a hacer es incapaz de describir qué sabes hacer realmente.

  • La educación (hasta la más utilitaria) ya no funciona como la conocieron nuestros padres, pero, ¿por qué seguimos empeñados en que sea así?

La Universidad de Salamanca, una de las instituciones educativas más veteranas del planeta, ha empezado ya los fastos de celebración de su octavo centenario. Su edificio histórico sigue conservando los elementos de hace siglos: asientos para los alumnos y una tribuna para que el profesor dicte su lección magistral.

Algo que a día de hoy podemos ver replicado en casi todas las aulas de todos los colegios del mundo. Como decía hoy en las jornadas sobre innovación y economía colaborativa Sharing Madrid, Miguel Caballero, director ejecutivo de Tutellus (una plataforma para aprender y enseñar de forma digital que cuenta con más de un millón de alumnos en todo el planeta), si tú entras en un quirófano de hace siglos y entras en uno actual, no se parecen en nada. Sin embargo, cualquier alumno puede identificar sin problemas lo que tienen en común las aulas de antaño y las de hoy: casi todo.

Es un problema cuando la educación reglada “ya no es el final de la formación. Es un error pensar que al acabar tu grado o tu master ya tienes todo lo que necesitas en el mundo actual”. Es la opinión de María García Sánchez, coordinadora de proyectos e-learning en Global Campus Nebrija, donde la universidad de antaño intenta adaptarse a las necesidades del presente.

Y no es una opinión gratuita. La entenderás mejor si miras tu LinkedIn: allí tu título emitido por una insitución con autoridad empieza a ser lo de menos, lo que cuentan son esas destrezas, competencias y habilidades que recomiendan o certifican el resto de miembros. Un mundo donde el papelito –el de Licenciado en Periodismo, por ejemplo– ni describe ni engloba tus competencias laborales. Donde el CV que te enseñaron a hacer es incapaz de describir qué sabes hacer realmente.

En un país que duplica la media de fracaso escolar de la Unión Europea, el aprendizaje sigue limitado a un currículo dictado desde el poder político y enfocado a la consecucion de un papel: la lección magistral, el presencialismo, la progresiva “desaparición del pensamiento crítico o el manejo de la información que ya tenemos al alcance con la tecnología”, como nos cuenta Sarai Fernández, manager de formación y educación en Adigital, que describe “la escuela como fábrica” del pasado, chocan de frente con un mundo donde la educación (hasta la más utilitaria) ya no funciona como la conocieron nuestros padres, ni sus abuelos, ni así durante varias generaciones de pupitres.

Ya hemos hablado hace poco de que el gran mérito de Youtube no está en los youtubers, sino en su condicion de plataforma educativa. No nos felicitamos lo bastante de que plataformas como Coursera o Duolingo nos permitan aprender destrezas o idiomas por puro placer (o formación continuada). Porque cuando pensamos en tecnología y educación, seguimos “con la idea equivocada de ese sitio donde hay colgados unos PDF y unas presentaciones”. Y no en el único sitio donde la educación está intentando romper unas cadenas que ningún otro campo (la medicina, el transporte, la economía, tu propia vida) arrastra con tanta longevidad. En el siglo XXI, aún seguimos estudiando como en aquel día que la Universidad de Salamanca quiso revolucionar el conocimiento. Fuera de Internet, mantenemos nuestra herramienta evolutiva más importante, la transmisión cultural, con un entusiasmo propio del Medievo. ¿De verdad pensamos que eso no nos lastra como individuos o como sociedad?

 

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