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Sexualidad

¿Y tú qué rol eres, de canela o glaseado?: Roles sexuales gays

Hablar de roles sexuales entre la comunidad gay siempre será controversial y tan polémico como la “nada común” pederastía entre los clérigos y sacerdotes, pero alguien tiene que sacrificarse y hacerlo en pro de la buena información para la comunidad. Ni modo, así es esto.

Hoy día el argumento más sonado entre la comunidad, es ese que asegura que los hombres gay “activos” están desapareciendo, y que los pocos que existen, no lo son de verdad. Que cada vez hay más pasivos, quienes pareciera que brotan de la nada como margaritas y que aquellos machos pelo en pecho, con enormes miembros y cuerpos cargados de testosterona, han desaparecido o al menos, se han cambiado al bando pasivo, poniendo a los que quedan en peligro de extinción.

Lo anterior es cómico cuando lo vemos desde afuera, separándonos un poco del estereotipo que los mismo homosexuales, tenemos preconcebido sobre lo que debe ser un activo y lo que debe ser un pasivo.

La idea general de los primeros, es que un pasivo es alguien más delicado, tierno, girly y hasta afeminado, mientras que la idea de los segundos, es que el activo debe ser muy macho, dominante y casi un heterosexual pero que guste de pollas y traseros masculinos.

Clicheado ¿no creen?

Siempre he pensado, porque lo he visto, que a veces los homosexuales tratamos de meternos en un rol heteronormativo, en donde forzosamente el rol pasivo debe cumplir un papel femenino y el activo el masculino, y perdón pero pensar así es lo más retrograda que puede hacer alguien, pues ¿en qué año estamos, 1950?.

Para empezar, a mí me gusta dejar muy claro algo cada vez que hablo de este tema que en una relación homosexual masculina, principalmente estamos hablando de dos hombres, que independientemente de su rol sexual, siguen siendo hombres y teniendo características y reacciones masculinas muy a pesar de sus formas de ser, que nada tienen que ver con sus gustos en la cama.

Con lo anterior, quiero decir que los roles no determinan el grado de masculinidad y virilidad de un hombre, porque eso es cuestión de otro tipo de factores hereditarios, socioculturales y demás cosas impuestas por la sociedad que han determinado el comportamiento de los hombres y la mujeres a lo largo de la historia.

En cambio, aquí de lo que hablamos es de sexo y las formas en las que dos hombres intervienen en él a la hora de un encuentro del tercer tipo y que no definen nada más que un gusto muy personal e íntimo que sólo sirve para la cama.

Personalmente siempre he sostenido que la masculinidad en un hombre, aunque sea gay, es algo que no debe perderse, pues creo que es por eso que nos gustan los hombres. Sin embargo, es muy válido que haya diferentes formas de expresar la homosexualidad, mismas que cada individuo va a explorando y encontrando para sentirse cómodo, y eso no se puede juzgar, porque está bien y es parte de la homodiversidad.

Lo que sí no es del todo correcto, es atribuir cierto estigma y tabú al rol sexual, sobre todo al pasivo, haciendo escarnio y mofa, como si fuera “avergonzante” y denigrante. Esta actitud con frecuencia se da entre pasivos, quienes por alguna razón que hasta ahorita desconozco, gustan de utilizar el término para ofender y sobajar a sus semejantes.

Lo anterior ha hecho que se formen fuertes estereotipos del activo y pasivo, mismos que se han compartido en el pensamiento colectivo del homosexual, siendo que la realidad es muy diferente, pues ni todos los pasivos son femeninos, ni todos los femeninos son pasivos. Del mismo modo ocurre con los activos.

Y es que actualmente, hay quienes aún sienten algo de vergüenza al confesar que gustan de recibir en vez de dar, como si eso les quitara hombría ante los demás. Creo que esa mañana que tenemos los homosexuales por seguir basando nuestra masculinidad y hombría en el rol sexual, hace que las relaciones entre nosotros mismos sean cada vez más complicadas, pues las condicionamos a que funcionen o no, dependiendo de eso que sólo debe usarse en la cama, y entonces ocurre que cuando conocemos a alguien, antes siquiera de saber su nombre, lo primero que preguntamos es el poco educado e indiscreto ¿qué rol eres? Como si eso fuera el factor determinante más importante, al cual añadimos una serie de atribuciones que erróneamente creemos, deben ir junto con pegado; si es activo, que sea muy varonil, macho, “grandote”, dominante y rudo.

Por el contrario, si es pasivo, debe ser hasta cierto punto delicado, suave, muy tierno, un poco afeminado y demás cuestiones absurdas que no necesariamente deben cumplirse porque en una relación homosexual, no hay espacio para la “heteronormatividad” a la que a fuerzas queremos pertenecer cuando de sexo se trata.

En conclusión, podemos decir que los roles sexuales sólo sirven para usarse en un lugar, y ese lugar es la cama, nada más. Quitemos todas esas características que erróneamente hemos querido atribuir a cada rol, para crear un estereotipo sobre lo que debe ser, y mejor dediquémonos a disfrutar de nuestro rol sexual con plenitud, orgullo y seguridad, porque la sexualidad humana puede ser todo, menos “avergonzante”.